El heredero. Cap 1
La familia.
Era una tarde fría de finales de otoño. El sol bañaba de suave luz dorada la bella y solitaria ciudad de Lunargenta.
El joven paladín respiró hondo. Hacía muchísimo tiempo que Yuhe no pisaba su patria. Su hipogrifo caminaba despacio, no tenía prisa por llegar. Quería disfrutar de los recuerdos de niñez vividos en aquellas calles.
Desmontó al llegar a la mansión familiar. Alguien le esperaba sentado en la escalera de entrada: Su primo Dhante. Llevaba la larga melena roja como el fuego recogida en una cola y con su habitual desparpajo fumaba en pipa; una fea costumbre de los habitantes de bahía del botín.
Dhante le recibió con los brazos abiertos y una amplia sonrisa.
-¡Vaya, vaya! Pero si es el pequeño Yuhe.- Se dieron un fraternal abrazo.- ¡Mírate. Estás hecho todo un señor de la guerra!
Yuhe iba ataviado con una capa de piel y una armadura ligera de viaje. Se llevó la mano al cinto tras separarse del abrazo - y tú sigues siendo el mismo pícaro de siempre. - Extendió la mano - Devuélveme la espada.
Dhante chasqueó la lengua - Estoy perdiendo facultades.
-Me has hecho demasiadas faenas de niño como para fiarme de ti.
La escandalosa risa de Dhante hizo que otros miembros de la familia Runaplata salieran a recibirle. Todos habían sido convocados en la mansión a requerimiento de su tío Zerth el cabeza de familia y tutor de Yuhe.
La primera en echársele al cuello fue Eray, la mayor de todos los primos e hija de Zerth. Una segunda madre para el paladín. Se había ocupado de él tras la muerte de su madre en extrañas circunstancias.
Le abrazó tan fuerte que de no ser por la armadura que llevaba le habría sacado el aire de los pulmones. Yuhe reprimió un gesto de dolor, aún no se había recuperado de las heridas sufridas en el asedio a Orgrimar
-¡Por todos los dioses Yu!-Le cogió las manos y le contempló visiblemente emocionada-¡estás guapísimo! Eres la viva imagen de tu padre.
Yuhe sonrió incomodo sin saber que decir. Luego vino la tía Vhez, madre de Dhante, que también le recordó el parecido paterno y el orgullo que esto suponía. Dentro le esperaba la familia al completo: Otra hija de Vhez, Ynera. Los hijos de Eray, cuatro en total. El esposo de esta; un sensato humano que prefería mantenerse al margen de asuntos familiares sabedor de la escasa simpatía que despertaba en su suegro.
Solo faltaba el gemelo de Dhante. Su hermano era un entusiasta explorador, un espíritu errante; o en palabras de su propio hermano “un culo inquieto incapaz de permanecer más de una temporada en el mismo lugar”
-o-
A la hora de la cena, el patriarca de los Runaplata aún no había hecho acto de presencia. Nadie se extrañó, Zerth no solía participar en los actos familiares y también era un alivio pues era un hombre bastante autoritario y a menudo inquietante.
En el postre todos hablaban animada mente, poniéndose al día de sus vidas. El centro de atención era Yuhe y su participación en los recientes acontecimientos. Al paladín no le gustaba alardear de lo que consideraba su deber pero ante la insistencia de los presentes accedió a relatar el asedio y como le habían dejado fuera de combate.
Como siempre la tía Vhez derivaba la conversación a las hazañas de su querido y difunto hermano, el padre de Yuhe. Hablaba con devoción del coraje demostrado al escapar de su cautiverio en Corona de Hielo y de su valentía al regresar a liberar a los demás prisioneros entre los que se encontraba su hermano mayor Zerth.
En realidad la tía Vhez y el resto de la familia sabía lo mismo que se contaba en todas partes. Una heroica historia de honor y sacrificio debidamente adornada. Yuhe estaba cansado de oír aquella historia. Cansado de las comparaciones, cansado de tener que estar siempre a la altura de aquel cuento para niños. Cansado de la vida militar que había seguido solo porque era lo que se esperaba de él. Le dolía el costado y el agotamiento físico por la larga campaña hacía mella en su estado de ánimo. Se separó de la reunión y entro en una sala de lecturas contigua. De niño solía refugiarse allí cuando se sentía así.
La sala estaba en penumbras, solo un pequeño candil arcano flotaba encima del solitario lienzo que adornaba la pared. Yuhe la había contemplado cientos de veces. En la imagen aparecía la fachada de las prestigiosas bodegas Runaplata, el negocio familiar; y delante los tres hermanos: Zerth el mayor, sonreía. La única ocasión en la que le había visto sonreír. Ya por aquel entonces tenía el pelo blanco. A su lado la pequeña y pecosa tía Vhez. Rodeándola con el brazo el hermano mediano: Koga, un joven de expresión risueña con el pelo del color del otoño recogido en una coleta alta de mechones rebeldes y flequillo despeinado. Era cierto que se parecían muchísimo, debían tener la misma edad en aquella foto.
Un leve chasquido y un destello le sacó de sus pensamientos. Se volvió instintivamente echando mano a la inexistente espada de su cinto.
- Tranquilo soldado. - Dhante había encendido su pipa en un rincón de la sala en sombras. Se incorporó del sillón en el que había estado cómoda mente sentado con sus desgastadas botas encima de la mesita del té.
- A mi también me resulta inquietante esa foto - se puso junto a Yuhe a contemplar el cuadro mientras fumaba.
- ¿A que te refieres?
Dhante señaló la figura de Zerth, Yuhe la miró sin comprender.
- Esa foto fué tomada mucho antes de que nosotros naciéramos. ¿No te resulta extraño que nuestro "amado" tío tenga el mismo aspecto que ahora?
Yuhe se fijó atentamente. Su primo tenía razón, ni el más mínimo signo del paso de los años diferenciaban aquella vieja foto del aspecto actual de su tutor.
- La verdad es que nunca me había fijado.
- ¿Te has criado en esta mansión y nunca te has fijado?
- El tío Zerth siempre se ha limitado a lo referente a mi educación y poco más.
Los dos hombres se quedaron en silencio mirando el lienzo.
- No sé si lo que cuentan las viejas sobre tu padre es verdad o no - Dhante exhaló el humo - Solo te puedo decir lo que yo recuerdo. Era un buen hombre que amaba a su familia. - le dio unas suaves palmadas en la espalda y alzó su pipa hacía el cuadro- Quédate con esta imagen Yuhe, porque esta es la única verdad.
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