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jueves, 5 de enero de 2017

El descubrimiento de Pandaria: Olor a pólvora y manada de cabras. (Parte 4)

Tras la noticia impactante que la mujer pandaren cuenta a sus relativos, un silencio se apoderó de los tres por un breve momento. No daban crédito... ¡Extranjeros en Pandaria! Lo primero que pensaron los tres fueron los pandarens provenientes de la Isla Errantes. Sin embargo, les sonaba extraño dado que Shen-zin Su solía llegar al continente por la Espesura Krasarang, su lugar de nacimiento.

- ¡Por los cuatro vientos! - Saltaba Xingani.

- Encima los del Shado-Pan nos retienen aquí. - Sacaba el tema la señora. - Se acabó nuestro viajecito al Templo del Dragón de Jade...

- Pues yo pienso ir a ver lo que pasa. A mí no me retienen aquí por las buenas. - Sacaba pecho Lliffy.

- ¿En serio tenemos que investi...? - Preguntaba Xingani perezosamente antes de que Musi le cortase.

- ¡Ya sé! ¡Subamos la Escalera Velada! -

- Cortada. - El marido niega la propuesta rotundamente.

- Te equivocas, Alfre, están cortando los caminos hacia el bosque y la espesura. -

- Digo yo que no: cortarían también la escalera para que no hubiera ninguna forma para llegar al bosque, tía. - Xin la corregía.

- Bueno, por probar que no falte. - Decía Musi.

- Pues nosotros escuchamos en la taberna algo de barcos voladores... - Recordaba Lliffy rascándose la barbilla mientras miraba a su sobrino, quien le respondía asintiendo con la cabeza.

- ¡Y por qué no me lo habéis dicho antes! - Respondía a los pandarens con collejas con un estilo que era inevitable recibirlas.

A partir de aquí, la trama se vuelve algo irrealista aunque fue así como pasó.

Entre dolores y algún quejido del menor de los dos, Lliffy dijo - No tenemos ningún vehículo para subir la escalera. Mogueh no será capaz de llev... - Se cortó de repente al notar que su sobrino le retorcía el brazo para recordarle el camino por el que iba sus palabras (no será capaz de llevarte). Entonces carraspeó. - Preguntemos al grumel del establo para ver si nos ofrece una montura. - Ambos miraba a la mujer con una sonrisa fingida y Xin con temblores sospechosos.

Musi, con una ceja levantada y la otra arrugada, miraba a ambos pero lo dejó pasar. - Vayamos tirando para la Escalera.

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Tras una pequeña caminata desde El Alcor hasta la entrada de la Escalera Velada, los pandarens encontraron a un par de grumels: uno de ellos era el encargado del establo y el otro era el maestro de cometas de vuelo. El segundo estaba sentado en un rincón. Debido al revuelo en el Este, no era posible recurrir a este servicio.

- Mira Alfre, allí está los grumels. Pregunta~ - Le da un empujoncito a su marido para que haga el recado.

Lliffry cede ante el empujón y se presenta ante el grumel del establo. - Disculpe...- 

- ¡Hola, camarada de los grumels! - Le respondía. Se apellidaba Altocamino.

- Ho-hola. Me preguntaba si pudiéramos acceder hacia la cima con algún medio para los tres. -

- Con un yak... - Se retiró para traer a un yak de viaje con 3 plazas. - como este llegaréis muy lejos. -

El enorme yak sorprendió a los tres pandarens. Era inmenso y robusto. Se quedaron con la boca abierta al ver tal cantidad de carne bien compuesta con sus lujosos harapos.

- ¡Anda, qué majestuoso! - Sorprendido comenta el hombre de la casa. - ¿Por cuánto nos lo alquilas?

El grumel negaba con la cabeza. - Tan solo devolvérselo a mi primo en la cima. -

- A este le daba pereza devolvérselo que nos ha pasado el marrón, tssk. - Musitaba Xin aunque, sin quererlo, la señora le escuchó con sus tonificadas orejas le hizo callar con una colleja por tal bordería.

- Ah... Vale. Muchísimas gracias. - Agradecía Lliffy al maestro de establo. - Chicos, en marcha.

El grumel arreó unas palmadas suaves sobre el pelaje del animal para que éste se agachase y los pandarens se pudieran subir con mayor facilidad mientras Musi dejaba a Mogueh cerca de las escaleras para que le esperase, con la correa enlazada en lo primero que vio para amarrar. Cuando los tres procedieron a subirse, en el rostro del animal se mostraban gestos de fatiga por el peso de cada uno de ellos... Cada esos gestos se hacían más significativos, sobre todo cuando la parienta subió la última de ellos.

- Mi madre, qué de lujo tiene el bicho este... - Pronunciaba Musi sintiéndose una reina encima del animal. - Esto sí que es clase.

- Y tanta.- Respondía Xingani.

Por otro lado, Lliffy sacó un gorro de explorador. ¿Qué quieres que os diga? Le hacía mucha ilusión al hombre.


Los pandarens procedieron a dialogar mientras el yak subía por las dichosas escaleras:

- X: Pues se está cómodo y todo. *:D*

- M: Ahora que lo pienso, yo debería sentarme delante. Aquí detrás me siento mercancía, Alfre.

- Ll: Pues me extraña que hayas subido tu sola, si necesitas ayuda para subirte encima de Mogueh. Con ese culo que tiene...

- M: Al menos no soy como tú, que te tocas el higo cada vez que encuentras la situación. *¬¬*

- X: *Risa descarada*

- Ll: [...]

Después de un rato subiendo...

- Ll: Yo quiero uno de estos en casa. En serio, qué porte...

- M: Pues curra.

- X: O róbalo, también es una opción.

- Ll: A ver si puedo hacer mis pinitos...

- M: Xin, cuando bajemos, prepara el cuello para la mayor colleja del siglo.

- X: *glubs*

Acercándose al final de la escalera:

- Ll: Cada vez me cuesta más respirar...

- M: A mí también... T eso que vamos sentados...

- X: Me duelen los oídos... *Se coge de la cabeza*

- Ll: Veo algo... *Achina los ojos* Es la taberna de la Goya esa...

Sin embargo, el camino se empezó a derrumbar por el peso de los cuatro. Mientras el yak intentaba estabilizarse, los pandarens temían lo peor:

- X: ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAH!

- M: ¡ALFREEEEEEEEE!

- X: ¡QUE ME CAIGOOO!

- M: ¡ESO TE PASA POR GORDO! *Sufriendo los tambaleos*

- X: *Agarrándose lo máximo que podía*

- Ll: *Intentando controlar al animal* ¡Ayuda!

- M: *Se baja del yak en cuanto pudo*

- X: *No pudo resistír más y se cae al suelo* ¡Aaaaaaaah! Duele...

- Ll: *Pega un brinco desde su sitio y aterriza firmemente*

Por otro lado, el yak sufrió la peor parte. Sufrió el desprendimiento cayendo al anterior nivel de escaleras, lo que le provocó una huida pavorosa hacia el inicio.

- M: Pobre animalito...

- X: *Se sentía ignorado por culpa del yak*

- Ll: *Viendo al animal* Poh se va...

- X: *Se recompone* Nadie ha visto nada...

- Ll: En fin, espero que no lo echen de menos.

- X: No creo.

- M: Si alguien pregunta, no sabeís nada. ¿De acuerdo? Sigamos.

Tras este acontecimiento inesperado, los tres pandarens continuaron su subida a la cima. ¿Cuáles fueron las respuestas que encontraron?¿Cuáles fueron sus reacciones?





jueves, 24 de marzo de 2016

El descubrimiento de Pandaria: Olor a pólvora y manada de cabras. (Parte 3)

Tras la tormenta que la señora de la casa desató en esa humilde granja, la calma llegó. Musi bajó a la planta de abajo, intentando relajarse lo más que pudiese, mientras, los otros dos no se podían creer que habían sobrevivido a tal fiera. Exhalaron un suspiro al unísono y luego se miraron mutuamente.

- Ufff, bueno...- Se relajaba Xingani.

- Cómo que "bueno". La próxima vez te las apañas. ¡Mi comida, mi tesoro! - Le regañaba Lliffy al joven pandaren.

- ¡Pero si hace un momento me pedías a mí! -

- ¡Niño, que comes de mi sueldo! -

En mitad de la discusión doméstica, la parienta irrumpió con un mandato escandaloso.- ¡BAJAD LOS DOS! ¡YA! -

Un nuevo escalofrío recorrieron por los cuerpos de Xin y Lliffy y obedecieron velozmente al reclamo de Musi. Ella les estaba esperando en las puertas y, al llegar estos, se mantuvieron en una posición militar a la espera de la orden de la sargento. Sin embargo, la cara de Musi no era como se la esperaban: una sonrisa de convenida aparecía en su rostro.

- Vamos a El Alcor de inmediato. ¡Quiero noticias, NO-TI-CIAS FRES-CAS! - La sangre de maruja empezaba a bullir por sus vasos sanguíneos.

- ¿Tan pronto? ¿Por qué? - Reprochaban los dos.

De nuevo, se le marcaron las venas de la frente de la mujer y patadea el suelo impacientemente. - ¿Es necesario dar explicaciones? -

Los dos hombres tragaron saliva y asintieron la cabeza como buen calzonazos que eran.

- Iré a por Mogueh...- Lliffy tiró al recinto donde tienen las cabras durante los momentos de no pastoreo y saca una con un cencerro destacado. Era la única de las cabras que se dejaban montar.

Babas, al que su dueña se preparaba para irse de casa, empezó a seguirla. Sin embargo, ésta le ordenó aguardar en casa.



Mientras, Xin se encontraba con ella. Cuando Lliffy estuvo lo suficiente cerca, Musi empezó a... Interrogar al joven pandaren.

- Y ahora tú...- Le miraba de forma fría.

Al escucharla, Xin se giraba lentamente hasta estar en frente de ésta.- ¿S-sí?

- Dime dónde guarda sus provisiones el inútil de mi marido.- Le presionaba en una postura de brazos cruzados.

- C-creo que de-detrás de la cama...- Le decía mirando al cielo por falta de valentía, aunque desvía sus ojos a ellas por temor a su reacción.

Y era de esperar, Musi le empezaba a mirar con una mirada entrecerrada con un significado de escepticismo que inquietaba incluso a cualquier rey o jefe de guerra.

Acorbadado, le respondía.- ¡Y-ya le vi comiendo cuando llegué allí, lo ju-juro! -

Musi le seguía presionando con aquella mirada, pero se percató de que Lliffy llegaba con Mogueh desde el corral, por lo que se relajó e hizo un voto de confianza a su sobrino.- De acuerdo...-

Cuando llegó, Lliffy se desmontó de Mogueh y, tras él, Musi se puso su gorro de paja y se subió a Mogueh. El animal no le parecía molestar el peso de cada uno de ellos, por lo que siguió con sus cosas.

Tras preparar la casa para la salida y dejar a Babas en la puerta de ésta, los tres pandarens se dirigieron a la capital del valle como una imagen de la Natividad, solo que en vez de José tirando de la mula y María apunto de parir, era Musi con impaciencia por llegar, su marido tirando de la cabra y preguntándose al mismo tiempo si esto era vida, y Xin detrás de su tía relajado y sin parar de observar aquel mundo que le rodeaba.

- CORTINILLA DE ESTRELLAS -

Un poco antes de entrar en El Alcor, Lliffy pudo observar más revuelo que en el día anterior. El bullicio de la vida local se escuchaba bastante desde aquella distancia, por lo que por momentos Musi irradiaba mayor interés. En cambio, Xin seguía con su rollo de inocente, aunque le empezó a rugir el estómago de repente.

- ¡A la aventura! - Decía Musi con una pose de descubridor mientras su marido se avergonzaba cada vez más.

A cada paso que daban, el gentío era cada vez más apreciable. El olor de los manjares que se cocinaban allí les entraban en las fosas de los hombres como agua bendita, haciendo más decadente el desayuno que tomaron.

Una vez que llegaron, Musi bajó de Mogueh y, remangándose, cogió carrerilla y entró de lleno en el gentío, dispuesta a arrasar con todos. Por otro lado, Lliffy y Xin se propusieron tomar el brunch en la taberna de la ciudad.

El panorama era el siguiente: los transportistas, una vez asumidos el tema de quedarse estancados en El Alcor durante un tiempo, empezaron desde muy temprano a vender sus mercancías a precios que provocaban una gran competitividad con los mercaderes del pueblo, los peregrinos no les quedaron otra que asentarse hasta próximo aviso hasta el punto de pedir alojamiento a los vecinos, etc.

Tras un par de horas cosechando información, la señora pandaren entró en la taberna, donde se encontraban los dos hombres teniendo un percance con el propietario hozen. La conversación era la siguiente:

- Unos menudillos de mushan y dos cervezas de Trueno, por favor. - Pedía amablemente Lliffy a Den Den, el camarero-propietario.

- Sí, por favor.- Reafirmaba Xingani.

- ¡Uh, uh, Dingue dar a panda carne mustia! -

- [...] - Ambos pandas se quedaron en blanco y el hozen sirve el plato.



- Mejor que la comida de la tía es. - Bromeaba Xingani con su tío. Ambos se dispusieron a probar los platos que el tabernero les sirvió.

- Diós, cómo echo de menos la sopa de esta mañana. - Al parecer, no era de su agrado ese plato de carne al mayor de los dos. - Menos mal que los Cerveza de Trueno no defraudan. - Empezó a beber seguidamente.

- ¡Nunca! - Alzó la voz Xingani.

- Aunque... Parece un poco aguado... - Lliffy se paró un momento para estudiar esa cerveza...

- ¡Ahora pandas pagar a Dingue! - Se impacientaba el hozen.

- ¿Pagar? ¿Crees que esto es calidad? - Se indignaba el viejo pandaren con el propietario.

Ese comentario no le sentó muy bien al tabernero. Es más, su instinto salvaje cada vez se hacía más presentable en establecimiento. Para no buscarse ninguna bronca en el lugar, tanto con el propietario como con la parienta, los dos pandarens tuvieron que ceder:

- ¡Esos modales, macaco! - Decía Lliffy mientras buscaba en sus bolsillos y, seguidamente, aflojaba la pasta. - Dios, mucha geta tiene algunos.

Tras la regañina, los gritos de Musi eran cada vez más nítidos, más fuertes. Cada vez estaba más cerca de la taberna.

- ¿Dónde estáis? - Gritaba la mujer de Lliffy a los cuatro vientos.

Al escuchar los gritos, Lliffy cerró la boca de Xin de inmediato, el cuál estaba algo acobardado. - No-di-gas-na-da.-

Entonces, esta se presenta en el local algo cansada y resoplando. Cuando los dos hombres escucharon aquellos pasos notorios que Musi hizo al entrar, se dispusieron firmes instantáneamente y se dieron la vuelta para saludarla de una forma antinatural.

- ¡Ho-hola! - Saludaba Xingani.

- ¡Por fin que os encuentro! -

- ¿Qué tal te fue? - Preguntaba Lliffy a su esposa.

- Finiquitao'.-

- Me alegro.-

- ¿Y por qué hay tanta gente? ¿Y los agentes del Shado-Pan? - Preguntaba Xingani.

- ¡Es verdad, no lo vais a creer! ¡Extranjeros en el bosque! - Emocionada respondía Musi.

- ¿Extranjeros? ¿En el bosque? - Preguntaban los dos impactados.

- ¡Y UNA BATALLA CERCA DEL TEMPLO! ¡LA ESTÁN ARMANDO PERO BIEN! - Respondía Musi.

- ¡¿BATALLA?! -




domingo, 21 de febrero de 2016

El descubrimiento de Pandaria: Olor a pólvora y manada de cabras. (Parte 2)

Ya era de esperar que los acontecimientos entre ambas facciones evolucionasen a un ritmo alarmante para la población pandaren en todo el continente. La Alianza consiguió el apoyo de los jinyus, los cuales se mostraban escépticos al principio con estos, y la Horda se ganó el apoyo de los hozens del bosque, derrocando a su antiguo líder y defendiéndolos de las amenazas que se presentaban, tales como el hambre, las rivalidades jinyu y hozen, y la Alianza como nuevo problema. Gracias a estos avances en el norte y sur del Bosque de Jade, la tensión aumentaba por momentos...

Sin embargo, en la humilde casa de nuestros granjeros, las noticias de la inminente batalla seguían sin venir. Los esfuerzos del Shado-Pan por mantener la calma en el valle se volvían cada vez más fastidiosas... El olor a pólvora llegaba cada vez más al centro del continente, por lo que los rumores ya corrían desde muy temprano. El poder de la información era demasiado poderoso como para que los guardianes del muro lo manteniesen a raya.

Pero no vayamos tanto al grano. Empecemos narrando esa mañana:

La vida en villa Zarpa Ventosa continuaba sin ningún traspié. Tras el sonido del gallo, Musi comenzó a trastear con el desayuno, Lliffy se levantó después de su esposa a contemplar el paisaje por la ventana de su habitación. Xin, en cambio, ha tenido un momento de retraso, lo cual escuchó al gallo 15 minutos tarde. Tras su despertar, se dirigió al piso de arriba a hacerle compañía a Lliffy. Babas se mantenía dormido en su lecho de trapos sucios.

Mientras Musi tarareaba una canción de pueblo mientras cortaba las verduras, los dos hombres discutían sobre sus labores para ese día.

- Te dije ayer, Y TE RECORDÉ ANOCHE, que necesitaba ayuda en el cobertizo.- Lliffy le enunciaba a Xin su labor un poco molesto.

- Oh, mierda. Es verdad... Se me olvidó por completo.- Decía Xin mientras se rascaba la cabeza un poco avergonzado.

- Pues nada, tú sigue durmiendo, como lo hacemos los demás.- Las broncas de Lliffy eran un tanto sarcásticas.

Mientras tanto, Musi estaba acabando con el desayuno. Para esa mañana, ella había preparado una sopa de verduras.

- En fin...- Suspiraba Lliffy negando la cabeza de decepción ante Xin.

- Entonces, ¿qué quieres que haga?-

- Pues darme una alegría, de vez en cuando.-

- A saber cómo...-

- ¡BAJAD, PAZGUATOS! - Musi, aporreando una cacerola y un rodillo de cocina, gritaba al piso de arriba avisando del desayuno. Del grito, Babas empezó a despertarse, un poco molesto, y, seguidamente, bostezaba tendido en su lecho.

- Anda, ve a desayunar.- Ordenaba Lliffy a Xin de forma más sosegada.

- ¡A desayunar! - Continuaba Musi gritando.

- Sí, que ya mi estómago empieza a rugir.- Xin obedeció a su tío y corrió al piso de abajo. Saludó a su tía y se sentó rápido en la mesa.

Tras Xin, Lliffy bajó seguidamente de una forma más perezosa, rascándose la barriga de forma varonil. Musi le observaba negando la cabeza. Era una de las cosas que odiaba de su marido, entre muchas otras...

Ya abajo, el hombre de la casa le besó en la mejilla. - Buenos días, cariño.- Le deseó a ésta seguidamente.

- Venga, coge sitio que voy a repartir.- Mirándole un poco cabizbaja.

- ¿Qué hay de comer? - Preguntó Xin a su tía.

Musi se giró hacia la cocina para ir repartiendo los cuencos. - Sopa.-

Los dos pandarens se vieron decepcionados ante tal desayuno, guardando un pequeño tiempo de silencio, hasta que Xin lo rompió. - ¿Sopa para desayunar? -

Viendo que a los hombres no les sentaron bien ese menú para desayunar, la señora empezó a crujir los nudillos como forma de aviso. La respuesta de Lliffy y Xin fue un trago amargo de saliva y tomar la sopa a sorbos, sin rechistar. Al mismo tiempo, Musi cogió su propio cuenco y se sentó a degustarlo al lado de su marido tomando pequeños sorbos. Sin embargo, los dos hombres empezaron a mantener una conversación entre susurros.

- ¿No te parece algo insípido? - Le susurraba Lliffy a Xin.

- Bastante, la verdad. - Le respondió a éste.

- ¡Shhhhhh, que te puede escuchar con esas orejas super tonificadas! - Le advertía susurrando.

Como era de esperar, subestimaron el poder del correveydile de Musi, la cual respondió ante esos susurros mientras se le marcaba la vena de la frente. - ¿Perdón...? -

Los hombres, asustados, empezaron a responder de cualquier manera para apaciguar a la señora.

- Digo que nadie supera tus sopas, tía. Son muy buenas, bastante buenas.- Respondía Xin con una sonrisa temblorosa.

- Muy buena, cariño...- Respondió Lliffy de manera casi antinatural. - Todo un desayuno continental.-


Musi se emociona a escucharlos, de manera un tanto teatral, respondiéndoles... - Pues ha sobrado, así que preparad los cuencos que hay que acabársela.-

Los hombres empezaron a arrepentirse de sus actos por dentro. Por fuera eran más sonrisas forzadas o un "¡Qué bien!". Por otra parte, Musi no iba a repetir, sino se dirigió a lavar su cuenco mientras seguía tarareando aquella canción de pueblo.

- Pssssss. - Le chistaba Lliffy a Xingani. - Dime que tienes algo guardado en los bolsillos para comer.-

- Qué va.- Le respondió de con voz baja. - Ayer me acabé la cena de media noche.-

- Dios... Esto no se lo daba yo ni a los peces de acá.-

- Ya te digo...-

Durante la conversación secreta que Lliffy y Xin mantenían, Babas se espabiló de una vez, con lo que Musi respondió. - ¡Ayyy, mi Babas! - Seguidamente, le sirvió un cuenco de comida que a los dos hombres le parecía mejor que aquella sopa.

- ¡Ya he terminado! - Decía Lliffy a Musi de forma conveniente. - Voy a por las herramientas al piso de arriba...- Se marchó de ese piso, dejando a Xin tirado en la mesa.

- ¿Y ahora qué hago yo? - Pensaba Xingani en voz alta.

- Anda, ve a ayudar a tu tío...- Le respondió Musi mientras se volvía a la mesa y la recogía para lavar los cuencos.

- Está bieeeeeeen...- Xingani empezó a subir las escaleras de forma perezosa.

- ¡Luego tenemos que volver a El Alcor, que quiero enterarme de más cotilleos! - Grita la parienta, pero sin respuesta.

Dentro del piso se arriba, se encontraba a Lliffy rebuscando entre sus cosas algún resto de la comida de ayer. El muy gañán ocultaba sus cosas debajo de su almohada, cubierto con una tela para proteger. Desenvolvió los restos de ayer y empezó a comer en secreto. Xin, nada más pisar el suelo de ese piso, vio a su tío sentado de espaldas al mundo. Sabía lo que hacía...

- ¿TE QUEDA ALGO? - Preguntó de forma desesperada.

Lliffy, al escuchar a Xin, tragó una buena parte de lo que tenía guardado, tanto que sonó por el piso ese trago.

- ¡Pasa! - Pedía Xin.

- ¡Calla! -

- No diré nada si me das un poquito.-

- Toma, pero solo un poco.- Le cedió un mendrugo de pan y un poco de la cena de ayer.

- ¡Gracias! -

- ¡Shhhhhh! - Le chistó Lliffy a Xingani.

Lo que ellos no sabía, es que Musi le olía a sospecha. Tanto tiempo para coger su cinturón de herramientas la obligó a subir las escaleras de forma sigilosa hasta encontrarles con las manos en la masa.


 Musi empezó a patadear el suelo de forma impaciente y lo combinó con una tos fuerte y falsa. - ¡Ejem! -

Cuando se percataron de que la parienta les había pillado, empezaron a secretar sudores fríos por sus cuerpos y, titubeantes, se giraron para verla mejor. Musi entró en un estado de furia (Modo Sombras) y desenfundó su sartén para repartir lecciones de humildad a estos dos, los cuales suplicaron por sus vidas. Lógicamente, nadie escuchó sus súplicas...


Los granjeros que entraban a trabajar en sus respectivos huertos pudieron escuchar la bíblica bronca que Musi soltó esa "tranquila" mañana.

- ¡HASTA LOS OVARIOS ME TENÉIS! - Furiosa, se arregló las mangas y, después, bajó las escaleras de forma frustada.

En esa mañana... Los dos hombres lloraron de tal manera que incluso los vecinos temieron por sus vidas al escuchar esos gritos de ira infinita.

lunes, 2 de marzo de 2015

El descubrimiento de Pandaria: Olor a pólvora y manada de cabras. (Parte 1)

Antes de previa lectura, por si acaso, aquí dejo las fichas de cada personaje:
- http://es.wiki-errantes.wikia.com/wiki/Musimalapagu_Zarpa_Ventosa
- http://es.wiki-errantes.wikia.com/wiki/Lliffy

- ¡Alfreeee! ¡Xin! - Musi llamaba a los hombres desde la ventana del cuarto superior- ¡Volved ya a casa que hace rasca!

El viento corría cada vez más helado debido al intercambio de temperatura con el suelo y el lago, provocando que el rebaño de cabras montesas de la familia volviesen perezosamente al cercado guiados por Babas, la mascota de la pareja de granjeros. Lliffy y Xin se hallaban realizando la labor del pastoreo, mientras que Musi realizaba sus labores de ama de casa. En ese momento, Xin se ruborizó por el frío mientras y su tío se percataba de la llamada de Musi.

- Xin, la parienta nos llama. Volvamos. - Decía Lliffy mientras veía asentir a Xin.

Ambos seguían el camino de vuelta al hogar, guiados por la luz que desprendía y el olor cálido y acogedor de los guisos caseros de la esposa. Una vez allí, veía la mesa puesta por ella. Se sentaron velozmente y empezaron a engullir como patos los platos servidos. Musi les acompañó en la cena y comía con un poco de dignidad, aunque no se avergonzaba de limpiar el plato al final. Babas perseguía también el aroma del guiso de costillas de mushan, conseguidos a buen precio en el mercado de El Alcor. Mientras este ladraba y pedía una porción del sabroso plato, los tres se centraban en acabar de cenar.

Tras la cena, Musi se acordó de la mascota, le sirvió dos cuencos del guiso, separando lo sólido del lo líquido. Los hombres de la casa ensayaban sus gases orales en la puerta de la casa, debajo del cielo estrellado. A estas horas de la noche, las bandadas de aves del valle dejaron el vuelo para reposar en sus nidos y alimentar a sus crías. A lo lejos, se veía el farolero asegurando los caminos, asustando a las bestias de la noche con su luz candente.

- Alfre, ¿comprobastes el gallinero? Como vuelvan los zorros de nuevo mañana nos quedamos sin los calabacines que nos prometieron los "pijitos" de al lado. -

- Será posible... - Refunfuñaba Lliffy -  Ahora vooooooy... - Se levantaba perezosamente de la puerta y se acercaba al gallinero con una vela encerrada en un farolillo. Xin, al parecer, se quedó sin gases para expulsarlos de forma grotesca y se dispuso a acariciar a Babas mientras veía a su tío alejarse del hogar.

Después de que el marido regresase a casa, la señora y su sobrino se encontraban con sus ropajes de cama, esperando a que Lliffy se vistiese de la misma forma. La pareja duermen arriba, juntos en el piso de arriba, mientras que Xin duerme en una cama improvisada que, al paso del tiempo que llevaba este viviendo allí, mejoraba en su aspecto y comodidad. Babas dormía al lado de la puerta, rodeado de trapos viejos que los pandarens le cedían. Fue una noche tranquila, como todos los días en Pandaria.

Sin embargo, todo cambió al día siguiente...

Hace pocos días que la niebla que cubría Pandaria para ocultar el continente se había disipado, dejando tal inmensidad expuesta a cualquier extranjero, y, como se veía venir, las noticias de una nueva tierra inexplorada se difundieron por los continentes de Azeroth. Tanto Horda como Alianza, envueltos en su codicia y odio mutuo, embarcaron para conquistar la nueva zona misteriosa.

A ojos de la familia granjera, el día empezó como uno cualquiera. Mañana de tareas del hogar, del ganado, revisar los cultivos... Hasta el momento de ir al mercado. Musi, a lomos de Mogueh, una de las cabras que usan como montura, Lliffy, tirando de las riendas y yendo a pie, y Xin, cubriendo la espalda despreocupado, se dirigieron a El Alcor sin noticias algunas. Se veía, desde la lejanía, una multitud reunida en la zona baja del lugar: vecinos, vendedores, personas mayores, niños... Todos formaban una piña casi redonda, evento que casi nunca pasaba.

Lliffy y Musi lo vieron desde una distancia considerable, preguntándose mentalmente qué pasaba. Xin seguía con sus cosas de chico feliz. Sin embargo, a la hembra le picó su curiosidad de correveydile, alzó el brazo como descubridor y gritó "¡Corred, que quiero cotilleo fresco!". Lliffy, viéndola venir, se cubrió la cara de la vergüenza, y Xin, sorprendido, corrió, se adelantó al mercado e intentaba documentarse.

Al llegar a la multitud, se veía claramente como los comerciantes, con sus carros repleto de provisiones, estaban estancados en el lugar protestando, junto con unos peregrinos, en mitad de trayecto, que no podían seguir su ruta. Algunos se dirigían al Bosque de Jade, otros a Espesura Krasarang, pero no podían completar la ruta... El Shadopan se interponía en cada acceso. ¿Motivo? No hubo respuesta, por lo que la preocupación aumentaba por segundo.

Entre tanto barullo, Musi se colaba como culebra entre los lugareños para conseguir información acerca de lo ocurrido. Para ella, esa actitud es inevitable... Por poner un ejemplo, sería la antigua Fuente del Sol para los sin'dorei. Mientras, los dos hombres la esperaban, espectantes, a que la señora consiga su jugosa información, se dedicaban a olfatear los puestos de comida que habían por alrededor y a babear de forma discreta. El resumen que ésta les dijo a ellos fueron acerca los accesos cortados y la frustación de estos.

Sin más respuestas a lo ocurrido, la incertidumbre llegaba a todo el valle, dejando una nube de preocupación en toda la población. Era la primera vez que un acontecimiento irrumpía la tranquilidad después de tanto tiempo, excepto los avances en los territorios yaungol y mogu. Todo parecía pacífico tras la caída de Lei Shen y el sacrificio del último emperador... Tras tanto tiempo, el aire traía olores nuevos, los animales notaban los cambios bruscos que se avecinaban, incluso los jinyus cada vez notaban las tensiones que sufría el agua. La naturaleza sufría por un motivo desconocido. Sin embargo, todos confiaban en la única línea de defensa que contaban, aunque estos les ocultasen la verdadera historia.

El trío de pandarens, al ver que tenían que esperar la respuesta, continuaron con su rutina diaria.  Tras los recados, volvieron al hogar con sus despensas... Bueno... Semillenas de provisiones... Y dedicaron el resto del día a labrar la tierra y criar el ganado, esperando a que un agente del Shadopan les garantizase seguridad y paz.

Obviamente, esto no sucedió.