Cap. 4
Elección.
Dhante contaba las monedas de oro mientras pasaba por la galería ajardinada. Al otro extremo se encontraba Yuhe sentado en un banco y cabizbajo.
- El titulo de heredero parece que no te ha sentado muy bien muchacho- Dhante se sentó a su lado y encendió su pipa.
El joven paladín se echó hacia atrás y se pasó las manos por el pelo, resopló. No dejaba de darle vueltas a la cabeza.
- Esto es absurdo. No sé en qué piensa el tío. Toda la vida insistiendo en que me labrara una carrera militar y ahora quiere que lo deje para ocuparme de toda la familia. -protestó - Empiezo a cansarme de que haga lo que haga, nunca estoy a la altura.
Dhante soltó una bocanada de humo
- Entiendo. Imagino que no es fácil ser el hijo de un héroe de Rasganorte pero no creo que sea por eso Yu. No olvides que las leyendas son solo eso: leyendas. Y como dijo el poeta: “De lo que ves créete la mitad. Lo que no ves no te creas nada" No te empeñes en ser alguien quien no eres solo para contentar a los demás.-Dio una calada a la pipa - Quizás sea hora de dejar de ser "el hijo de" y empezar a ser egoísta.
- No quisiera verme obligado a dejar la orden de los caballeros de sangre - se cruzó de brazos. Miro al suelo.
- Acabas de decir que estar harto de ser la sombra de tu padre y que yo sepa, nunca fuiste muy entusiasta de actos bélicos.
- No es eso, es que....
Dhante miró a su primo, enarcó una ceja - ¿Es por una mujer? ¿Otra compañera de armas?
- Bueno, también pero no exactamente…- El joven paladín empezó a sonrojarse.
La sonrisa de Dhante se fue ensanchando hasta estallar en una carcajada- ¡Te has vuelto a enamorar!
- Bueno, en verdad no hay nada entre nosotros- Yuhe desvió la mirada - solo es la sanadora de mi grupo.
-¡Ay hermano! - Dhante suspiró divertido - Te tengo dicho que donde tengas la saca no metas la...
- ¡Ya lo sé! - Yuhe levanto la mano para interrumpirle - Ya conozco ese dicho gobling.
- Pues no quiero escuchar llantos cuando te de la patada como las otras... ¿Cuántas? ¿Tres? ¿Cuatro?
- Tres - dijo Yuhe mirando a su primo con antipatía - Gracias.
-¡En fin! Yo me vuelvo a Bahía- apagó su pipa en el banco - Te daré un consejo muchacho: Ten bien abiertos los ojos - le dio una enérgica palmada en la espalda y se levantó- Si alguna vez necesitas a tu "hermanito mayor" solo tienes que preguntar a algún comerciante gobling.
-o-
Yuhe entró sin llamar en el despacho de Zerth. Estaba decidido a desafiar de nuevo la autoridad de su tutor. Esta vez no se iba a dejar pisar.
La estancia estaba en penumbras. Zerth descansaba en un amplio sillón.
-¿podemos hablar sin que me silencies?
Zerth hizo un gesto indicándole que hablara.
- Tu decisión es un error. Ni me pertenece ni soy el más indicado.
- Mañana será oficial. No voy a cambiar mi dictamen.- La voz del patriarca sonaba cansada.
Yuhe tomó aire, se preparó para iniciar una nueva discusión.
– Sinceramente tío Zerth; si hasta hoy he cedido a todos tus designios ha sido por respeto pero eso se ha terminado. Cuando ingresé en la orden de paladines hice un juramento: “servir y proteger” y eso es lo que pienso seguir haciendo.
- No lo entiendes. Cuando yo no esté no podré protegerte.
- Pusiste una espada en mi mano siendo un crio. Te puedo asegurar que he aprendido a defenderme solo.- A Yuhe le irritaba cada vez más que siguiera tratándole como a un niño.
- No, no puedes. Tu padre te condenó. Nos condenó a los dos. Yuhe, tienes que saber la verdad…-Le costaba mucho hablar. No pudo seguir. Cada vez que intentaba contar la verdad aquel maldito demonio se lo impedía. Estaba exhausto de luchar durante tantos años contra aquel ente que invadía su ser anulando su pensamiento y sus palabras. Ya no le quedaban fuerzas y se rindió.
El brujo juntó los dedos frente a su mentón y sonriendo susurró para sí –Un obstáculo menos.-subió el tono de voz para que fuera audible- ¡Muy bien paladín! Si quieres renunciar al título de heredero tendrás que renunciar al nombre de tu casa.
¿¡Renunciar al nombre Runaplata?! Yuhe se mordió la lengua para no soltar una barbaridad. ¿A qué venía semejante estupidez?
Llamaron a la puerta. Yuhe no esperó a que su tutor diera permiso y abrió. No quería seguir conversando porque terminaría perdiendo la calma. El ama de llaves le entregó un comunicado oficial para su tío del consejo arcano y otro para él. Era un llamamiento a la tropa para su reincorporación inmediata. El muchacho se sintió alarmado. Aquello no era buena señal.
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