- ¡Por los cuatro vientos! - Saltaba Xingani.
- Encima los del Shado-Pan nos retienen aquí. - Sacaba el tema la señora. - Se acabó nuestro viajecito al Templo del Dragón de Jade...
- Pues yo pienso ir a ver lo que pasa. A mí no me retienen aquí por las buenas. - Sacaba pecho Lliffy.
- ¿En serio tenemos que investi...? - Preguntaba Xingani perezosamente antes de que Musi le cortase.
- ¡Ya sé! ¡Subamos la Escalera Velada! -
- Cortada. - El marido niega la propuesta rotundamente.
- Te equivocas, Alfre, están cortando los caminos hacia el bosque y la espesura. -
- Digo yo que no: cortarían también la escalera para que no hubiera ninguna forma para llegar al bosque, tía. - Xin la corregía.
- Bueno, por probar que no falte. - Decía Musi.
- Pues nosotros escuchamos en la taberna algo de barcos voladores... - Recordaba Lliffy rascándose la barbilla mientras miraba a su sobrino, quien le respondía asintiendo con la cabeza.
- ¡Y por qué no me lo habéis dicho antes! - Respondía a los pandarens con collejas con un estilo que era inevitable recibirlas.
A partir de aquí, la trama se vuelve algo irrealista aunque fue así como pasó.
Entre dolores y algún quejido del menor de los dos, Lliffy dijo - No tenemos ningún vehículo para subir la escalera. Mogueh no será capaz de llev... - Se cortó de repente al notar que su sobrino le retorcía el brazo para recordarle el camino por el que iba sus palabras (no será capaz de llevarte). Entonces carraspeó. - Preguntemos al grumel del establo para ver si nos ofrece una montura. - Ambos miraba a la mujer con una sonrisa fingida y Xin con temblores sospechosos.
Musi, con una ceja levantada y la otra arrugada, miraba a ambos pero lo dejó pasar. - Vayamos tirando para la Escalera.
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Tras una pequeña caminata desde El Alcor hasta la entrada de la Escalera Velada, los pandarens encontraron a un par de grumels: uno de ellos era el encargado del establo y el otro era el maestro de cometas de vuelo. El segundo estaba sentado en un rincón. Debido al revuelo en el Este, no era posible recurrir a este servicio.
- Mira Alfre, allí está los grumels. Pregunta~ - Le da un empujoncito a su marido para que haga el recado.
Lliffry cede ante el empujón y se presenta ante el grumel del establo. - Disculpe...-
- ¡Hola, camarada de los grumels! - Le respondía. Se apellidaba Altocamino.
- Ho-hola. Me preguntaba si pudiéramos acceder hacia la cima con algún medio para los tres. -
- Con un yak... - Se retiró para traer a un yak de viaje con 3 plazas. - como este llegaréis muy lejos. -
El enorme yak sorprendió a los tres pandarens. Era inmenso y robusto. Se quedaron con la boca abierta al ver tal cantidad de carne bien compuesta con sus lujosos harapos.
- ¡Anda, qué majestuoso! - Sorprendido comenta el hombre de la casa. - ¿Por cuánto nos lo alquilas?
El grumel negaba con la cabeza. - Tan solo devolvérselo a mi primo en la cima. -
- A este le daba pereza devolvérselo que nos ha pasado el marrón, tssk. - Musitaba Xin aunque, sin quererlo, la señora le escuchó con sus tonificadas orejas le hizo callar con una colleja por tal bordería.
- Ah... Vale. Muchísimas gracias. - Agradecía Lliffy al maestro de establo. - Chicos, en marcha.
El grumel arreó unas palmadas suaves sobre el pelaje del animal para que éste se agachase y los pandarens se pudieran subir con mayor facilidad mientras Musi dejaba a Mogueh cerca de las escaleras para que le esperase, con la correa enlazada en lo primero que vio para amarrar. Cuando los tres procedieron a subirse, en el rostro del animal se mostraban gestos de fatiga por el peso de cada uno de ellos... Cada esos gestos se hacían más significativos, sobre todo cuando la parienta subió la última de ellos.
- Mi madre, qué de lujo tiene el bicho este... - Pronunciaba Musi sintiéndose una reina encima del animal. - Esto sí que es clase.
- Y tanta.- Respondía Xingani.
Por otro lado, Lliffy sacó un gorro de explorador. ¿Qué quieres que os diga? Le hacía mucha ilusión al hombre.
Los pandarens procedieron a dialogar mientras el yak subía por las dichosas escaleras:
- X: Pues se está cómodo y todo. *:D*
- M: Ahora que lo pienso, yo debería sentarme delante. Aquí detrás me siento mercancía, Alfre.
- Ll: Pues me extraña que hayas subido tu sola, si necesitas ayuda para subirte encima de Mogueh. Con ese culo que tiene...
- M: Al menos no soy como tú, que te tocas el higo cada vez que encuentras la situación. *¬¬*
- X: *Risa descarada*
- Ll: [...]
- ¡Anda, qué majestuoso! - Sorprendido comenta el hombre de la casa. - ¿Por cuánto nos lo alquilas?
El grumel negaba con la cabeza. - Tan solo devolvérselo a mi primo en la cima. -
- A este le daba pereza devolvérselo que nos ha pasado el marrón, tssk. - Musitaba Xin aunque, sin quererlo, la señora le escuchó con sus tonificadas orejas le hizo callar con una colleja por tal bordería.
- Ah... Vale. Muchísimas gracias. - Agradecía Lliffy al maestro de establo. - Chicos, en marcha.
El grumel arreó unas palmadas suaves sobre el pelaje del animal para que éste se agachase y los pandarens se pudieran subir con mayor facilidad mientras Musi dejaba a Mogueh cerca de las escaleras para que le esperase, con la correa enlazada en lo primero que vio para amarrar. Cuando los tres procedieron a subirse, en el rostro del animal se mostraban gestos de fatiga por el peso de cada uno de ellos... Cada esos gestos se hacían más significativos, sobre todo cuando la parienta subió la última de ellos.
- Mi madre, qué de lujo tiene el bicho este... - Pronunciaba Musi sintiéndose una reina encima del animal. - Esto sí que es clase.
- Y tanta.- Respondía Xingani.
Por otro lado, Lliffy sacó un gorro de explorador. ¿Qué quieres que os diga? Le hacía mucha ilusión al hombre.
Los pandarens procedieron a dialogar mientras el yak subía por las dichosas escaleras:
- X: Pues se está cómodo y todo. *:D*
- M: Ahora que lo pienso, yo debería sentarme delante. Aquí detrás me siento mercancía, Alfre.
- Ll: Pues me extraña que hayas subido tu sola, si necesitas ayuda para subirte encima de Mogueh. Con ese culo que tiene...
- M: Al menos no soy como tú, que te tocas el higo cada vez que encuentras la situación. *¬¬*
- X: *Risa descarada*
- Ll: [...]
Después de un rato subiendo...
- Ll: Yo quiero uno de estos en casa. En serio, qué porte...
- M: Pues curra.
- X: O róbalo, también es una opción.
- Ll: A ver si puedo hacer mis pinitos...
- M: Xin, cuando bajemos, prepara el cuello para la mayor colleja del siglo.
- X: *glubs*
Acercándose al final de la escalera:
- Ll: Cada vez me cuesta más respirar...
- M: A mí también... T eso que vamos sentados...
- X: Me duelen los oídos... *Se coge de la cabeza*
- Ll: Veo algo... *Achina los ojos* Es la taberna de la Goya esa...
Sin embargo, el camino se empezó a derrumbar por el peso de los cuatro. Mientras el yak intentaba estabilizarse, los pandarens temían lo peor:
- X: ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAH!
- M: ¡ALFREEEEEEEEE!
- X: ¡QUE ME CAIGOOO!
- M: ¡ESO TE PASA POR GORDO! *Sufriendo los tambaleos*
- X: *Agarrándose lo máximo que podía*
- Ll: *Intentando controlar al animal* ¡Ayuda!
- M: *Se baja del yak en cuanto pudo*
- X: *No pudo resistír más y se cae al suelo* ¡Aaaaaaaah! Duele...
- Ll: *Pega un brinco desde su sitio y aterriza firmemente*
Por otro lado, el yak sufrió la peor parte. Sufrió el desprendimiento cayendo al anterior nivel de escaleras, lo que le provocó una huida pavorosa hacia el inicio.
- M: Pobre animalito...
- X: *Se sentía ignorado por culpa del yak*
- Ll: *Viendo al animal* Poh se va...
- X: *Se recompone* Nadie ha visto nada...
- Ll: En fin, espero que no lo echen de menos.
- X: No creo.
- M: Si alguien pregunta, no sabeís nada. ¿De acuerdo? Sigamos.
Tras este acontecimiento inesperado, los tres pandarens continuaron su subida a la cima. ¿Cuáles fueron las respuestas que encontraron?¿Cuáles fueron sus reacciones?
Por otro lado, el yak sufrió la peor parte. Sufrió el desprendimiento cayendo al anterior nivel de escaleras, lo que le provocó una huida pavorosa hacia el inicio.
- M: Pobre animalito...
- X: *Se sentía ignorado por culpa del yak*
- Ll: *Viendo al animal* Poh se va...
- X: *Se recompone* Nadie ha visto nada...
- Ll: En fin, espero que no lo echen de menos.
- X: No creo.
- M: Si alguien pregunta, no sabeís nada. ¿De acuerdo? Sigamos.
Tras este acontecimiento inesperado, los tres pandarens continuaron su subida a la cima. ¿Cuáles fueron las respuestas que encontraron?¿Cuáles fueron sus reacciones?

Voy a tener que releer lo anterior, que ya no me acuerdo de la historia. XP
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