La joven orco cayó de rodillas al suelo, con la lluvia
golpeando con fuerza sobre su piel llena de heridas aún humeantes. Hizo un
esfuerzo para tratar de ponerse en pie, sin éxito, y volvió a caer sobre el
barro.
-Deja que te ayude, bajaremos a la fortaleza y… - Comenzó a
decir su hermano Gromil, antes de verse súbitamente interrumpido.
-¡No! – Shan´Nah interrumpió al orco regordete. – Bajaremos de
aquí como orcos de pleno derecho y por nuestro propio pie, o no bajaremos. - La
respiración acelerada de la orco hacía ver que para ella la segunda opción era
la más probable, aunque también era cierto que siempre había ido en contra de
las probabilidades y había prevalecido.
-Vamos Shani, sé razonable. – El joven chamán suspiró,
sabedor de que, muy a su pesar, su hermana era muchas cosas: fuerte, valiente,
temeraria, honorable… pero desde luego razonable no estaba en la lista. – Puedo
volver otro día y hacerlo yo también.
La joven guerrera rugió y se acercó ayudada por su hacha,
que usaba como muleta, a su hermano. Le miro a los ojos llena de ira y enseñó
los dientes. – Ponte ahí y levanta esa maldita hacha de juguete que llamas arma.
Gromil tragó saliva y comenzó a avanzar hacia el lugar que
le correspondía. A decir verdad, aunque confiaba plenamente en ella, su hermana
también le daba algo de miedo. Maldijo refunfuñando a sus ancestros, a las
tradiciones barbáricas de su clan y a su familia, por no escuchar sus objeciones
cuando su padre hizo esto por primera vez, cuando lo repitió su madre, su tío,
o hacía unos instantes cuando su hermana había hecho la misma estupidez. Ahora
esperaban que fuese él quien lo hiciera, y a pesar de que no veía el modo en el
que ser alcanzado por tres rayos podría beneficiarle, prefería arriesgarse con
la electricidad que enfadar a su melliza.
El joven orco, dubitativo, alzó su hacha hacia las terribles
nubes de tormenta que rugían sobre ellos como bestias furiosas, lanzó un ruego
a los elementos para que cuidasen de él y aspiró hondo, justo antes de que el
rayo impactase sobre su arma, y la crepitante electricidad recorriese todo su
cuerpo, abrasando su carne. Curiosamente, Gromil ni tan siquiera gruñó.
Sacudió la cabeza y miró a su alrededor. Estaba en El Cruce,
pero era un niño de nuevo. Otros cachorros de la Horda le habían tirado su
libro al suelo y se burlaban de él llamándole elfito verde. Él no entendía muy
bien a qué venía ese insulto. A fin de cuentas, su tío era realmente un elfo,
uno muy honorable y fuerte, tanto que incluso se había ganado el sobrenombre de
“Rosadito” porque según su padre, el elfo era en realidad un orco rosadito.
Se levantó, y sin cortarse un pelo, les dijo a los abusones
que eso no era un insulto, que su tío era un elfo y era mil veces más honorable
que todos sus padres juntos. En cuestión de segundos se vio alzado del cuello
por un muchacho tauren, mientras otro joven orco, unos años mayor que él y
bastante más corpulento, se crujía los nudillos. Gromil era demasiado listo y
bocazas para su propio bien, y ahora se hallaba en una situación que tenía una
frecuencia sorprendentemente habitual.
Entonces un borrón verde impactó de pleno contra la cara del
orco que se disponía a arrearle, derribándolo. El tauren soltó instantáneamente
a Gromil cuando sintió la rodilla de Shan´Nah clavarse en su estómago, justo
antes de irse al suelo inconsciente de un cabezazo de la orco.
Su hermana se giró hacia Gromil, que estaba en el suelo
junto a su libro. Sangraba profusamente por la frente, y los goterones
resbalaban por su cara hasta una sonrisa de autosuficiencia, mientras le tendía
la mano para levantarse.
Gromil parpadeó y contempló de nuevo ante sí el escarpado
paisaje de Filospada ante sus pies. Echó un vistazo a su hermana maltrecha, por
el rabillo del ojo, y sonrió. Por fin comenzaba a comprender la insistencia de
su padre en aquella tradición que le había parecido tan estúpida al principio.
Idnaar podía no ser muy listo, desde luego no tanto como él, pero a pesar de
todo aún tenía lecciones que enseñarle. El primer rayo le había recordado su
necesidad de humildad, y que aunque muchas veces las tuviera, no tenía todas
las respuestas. El segundo rayo impactó sobre el arma, pero de algún modo esta
vez no sintió el dolor lacerante del primer impacto, aunque sí el suficiente
como para cerrar los ojos en una mueca de sufrimiento.
Cuando los abrió, vio ante él a un orco que no conocía,
malherido. Un hueso partido asomaba entre la carne de su pierna. Gromil, sin
pensarlo dos veces, lo recolocó mientras el orco aullaba de dolor, y canalizó
la fuerza de los espíritus de vida a través de sí para sanar la herida. Sólo
entonces miró a su alrededor y se dio cuenta de lo que sucedía: un enorme gronn,
mucho más de lo que había imaginado incluso en las leyendas sobre Gruul, estaba
atacando la Fortaleza del Clan. Su madre yacía tirada en el suelo mientras Silver,
protector, gruñía amenazando a la bestia, y su padre hacía retroceder al
gigantesco monstruo con diestros golpes.
Cada vez que Idnaar golpeaba con las espadas del clan, era
como si estallase un trueno, y allí donde hacía mella, la electricidad
chisporroteaba con fuerza. El monstruo no estaba preparado para el gigantesco
orco ni sus excepcionales armas. Gromil estaba seguro de que si lograba
distraer a la bestia, su padre podría darle muerte, así que se concentró en
canalizar la crepitante energía del aire en un potente rayo, que salió directo
al único ojo de la bestia.
El monstruo rugió irritado, lleno de furia y dolor, se giró
con una velocidad inesperada para una criatura de su tamaño, y lanzó un
poderoso manotazo en dirección al chamán. Vio la mano descender hacia él,
incapaz de reaccionar a tiempo, y se preparó para enfrentar su muerte con la
cabeza alta. Esperaba que su padre le diera su merecido a ese engendro. De repente
sintió un fuerte tirón que le sacó volando hacia atrás, seguido de un grito de
dolor. Él estaba bien, pero su hermana había sido atrapada por el golpetazo.
Una nueva amenaza desde su costado llamo la atención del
gronn: era Eidorian, su tío, que le ordenaba a gritos que sacase de ahí a su
hermana. Claro que eso era más fácil decirlo que hacerlo. El cuerpo de Shan´Nah
estaba destrozado, aplastado por la titánica fuerza del gronn, aunque ella
milagrosamente aún seguía consciente y le sonreía entre tosidos sanguinolentos.
Su hermana había muerto para salvarle. Gromil se sacudió las lágrimas de los
ojos; su hermana estaba a las puertas de la muerte, pero aún no había muerto. Él
era un chamán y podía traerla de vuelta.
Resoluto, enfocó toda su energía en reunir el poder
suficiente para devolverle la vitalidad y sanar las heridas de Shan’Nah. Sentía
el cansancio y la fatiga abrirse paso, mientras él acumulaba el poder necesario
que envolvía a su hermana moribunda y la restauraba. Finalmente no pudo más y
se desplomó, exhausto.
Shan´Nah se levantó y lo ayudó a ponerse en pie. Estaba
completamente restablecida y llena de vigor. Le dio una palmada en el hombro y
echó a correr desarmada y con la armadura destrozada hacia su padre y su tío,
que combatían a la bestia. Idnaar lanzó una de las espadas a la joven, que la
cogió en el aire y con una gran agilidad se encaramó a la espalda del gronn,
por la que ascendió hasta la base del cuello, donde hundió la espada. La luz
les cegó, y un trueno ensordecedor resonó por los estrechos cañones de
Filospada, ahogando los vítores de los muchos orcos que habían participado en
la batalla.
Su familia se acercaba a él: su tío, ahora sin un ojo,
ayudaba a su madre herida a caminar, mientras que su enorme padre, al que la
cresta ya se le comenzaba a volver gris, bromeaba con su hermana, aún joven
pero ya adulta. Él siempre había envidiado aquella camaradería, aunque ahora se
alegraba de poder presenciarla una vez más. Entonces su padre se acercó, y
cogiéndolo de la muñeca, alzó su brazo en alto. Los orcos, que portaban el
tabardo azul del clan, estallaron nuevamente en vítores, mientras su hermana posaba
su mano sobre el otro hombro.
La fría lluvia fue lo que le trajo de vuelta a Filospada una
vez más. Había visto un futuro no muy lejano, uno con un clan fuerte y unido,
con el sueño de su padre hecho realidad, luchando juntos como verdaderos orcos.
No pudo evitar sentirse orgulloso de sí mismo y de su
familia. Esperó con tranquilidad el tercer y último de los rayos que debían
impactarle, cerrando los ojos, listo para el dolor, pero en su lugar simplemente
se sintió bien, en comunión con los elementos; el rayo, el viento, la lluvia y
la montaña bajo sus pies, eran uno.
Abrió los ojos frente a una gran pira funeraria. Notando el
peso de los años a sus espaldas, miró a su alrededor. Unos enormes monumentos
funerarios presidían la ceremonia; pertenecían a sus padres. Observó la pira y vio
el cuerpo de su hermana, marcado por los años y la guerra. A su lado se
encontraba Rosadito, viejo, pero aun así más joven que él, con las enormes
espadas de Idnaar a la espalda, y cogiendo por el hombro a un entristecido adolescente
orco de facciones extrañamente familiares. Un elfo custodiando las espadas de
un clan orco; la imagen no pudo evitar recordarle a cuando los niños del Cruce
se burlaban de él, y sonrió.
Avanzó con confianza ante los cientos de orcos allí reunidos
para despedir a su hermana. A juzgar por la multitud, debía de haber sido una
guerrera excepcional y una gran líder. Ahora él se encargaría de que su
espíritu se reuniera con el de sus padres y otros ancestros, que la recibirían,
complacidos con su legado y el honor y la gloria que había traído al clan en
vida. Ese era su último regalo para su hermana: una despedida digna de los más
grandes héroes de su clan.
La calidez del sol trajo de vuelta al mundo real a Gromil.
La tormenta había pasado, y su hermana le esperaba con el hacha por muleta.
Caminó hacia ella, con la piel crepitante aún por la energía, y los ojos
brillantes.
-Has hecho trampa con tus cosas de chamán. –Shan´Nah torció
el gesto. – No sé si eso es honorable.
El chamán simplemente rió y abrazó a su hermana, cuyas
heridas comenzaron a sanar.
Muy chula. Gromil es muy tierno para ser orco y Shana una cafre, orca de pura cepa. XD. Me ha gustado mucho.
ResponderEliminarEs majete y eso, pero no por ello es menos orco. Los orcos del WoW por suerte no son imbéciles tipo Garrosh.
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