Shan´Nah terminó de subir las escaleras y se detuvo frente al Portal Oscuro.
Los vientos de magia que emanaban del mismo movían con suavidad las pequeñas
trenzas que venían desde la base de su cresta. Un olor familiar en el aire hizo
que agriase el gesto: Brujería.
Jadeando con fuerza tras ella, su hermano por fin le había dado alcance.
Shan´Nah era una orca de acción, se ejercitaba a diario y hacía todo lo posible
por ser siempre más fuerte y resistente, tratando en vano de algún día, tal
vez, lograr igualar a su padre. Él, por el contrario, tenía una filosofía de
vida más contemplativa, y eso se notaba en su panza. Con tan solo 14 años ya
era mucho más sabio y culto que la mayoría de los orcos. Siempre había sido el
inteligente de la familia: fue el primero de los dos en aprender a leer y
escribir; al poco tiempo ya era mejor que sus padres en ello. Había aprendido
de su "tito Rosadito" las peculiaridades de la conducta y el lenguaje
de los elfos de Sangre, e incluso a pesar de la ausencia de ningún mentor, fue
capaz de lograr comunicarse con los espíritus. Gromil era un chamán, o lo sería
si se esforzaba lo suficiente y estudiaba. Su responsabilidad era infinita: era
el primero de su estirpe bendecido con esos poderes, y si bien todo lo relativo
a los espíritus resultaba algo alienígena para sus padres y su hermana, sabía
que contaban con él para que el día de mañana se ocupase de los asuntos
espirituales del clan.
-Odio la brujería. - Declaró la adolescente ante su hermano mellizo, que
se encogió de hombros.
-Es lo que hay. Pero si te sirve de consuelo, sin ella no tendríamos
esta oportunidad.- Al escucharle, Shan´Nah gruñó levemente.
- ¿Nos va a doler? - La guerrera trataba de hacerse a la idea de lo que
sería su viaje a través del Portal Oscuro.
-No, será como el que atravesamos con papá y mamá. – Respondió él, con
más seguridad de la que realmente tenía.
-Pero este no es igual: es rojo y da al pasado. - Shan´Nah sentía una
profunda desconfianza por cualquier tipo de magia.
- Será exactamente igual. - Gromil sonrió con malicia. - ¿No tendrás
miedo, verdad?
La joven orca no respondió y se limitó a avanzar hacha en mano hacia el
brillo rojizo de la imponente construcción. Tenía miedo; no comprendía la magia,
y si algo iba mal, no podría salir de los problemas con su hacha, pero el tacto
familiar del arma le reconfortaba igualmente, aunque jamás iba a admitirlo
frente a su hermano. Ella era la mayor, aunque solo fuese por segundos: ella
debía protegerle.
Gromil la siguió, satisfecho de sí mismo. Su hermana resultaba
extremadamente fácil de manipular.
En lo que para ellos apenas fueron un par de pasos, recorrieron una
distancia imposible de medir, e incluso retrocedieron más de 30 años en el
tiempo. Ahora se hallaban de pie frente a una enorme selva, que en la época de
donde ellos procedían no era más que un árido páramo destrozado y corrupto por
la energía vil.
Ninguno de los dos pudo reprimir una sonrisa al ver su mundo natal aún
rebosante de vida. La mayor de los hermanos se giró hacia su mellizo, justo a
tiempo para ver como éste se desplomaba.
-¿Es cosa de la magia, verdad? – Preguntó, ayudándole a levantarse.
-No exactamente. Es que los elementos aquí son diferentes, fuertes,
chillan. - Gromil se separó de su hermana, haciendo ver que podía valerse por
sí mismo. - Estaré bien, debo acostumbrarme y esforzarme por comprenderlos.
Pero ya tendré tiempo para eso cuando acampemos. En marcha.
Shan´Nah, aunque no estaba muy conforme con la respuesta, no discutió, y
comenzó a bajar las escaleras. Debían adentrarse en la selva dirección al oeste
para llegar al embarcadero que les llevaría a zona segura.
Llevaban varias horas de viaje cuando se encontraron con un grupo de
orcos diferentes a ellos, pues en lugar de tener la piel verde, la tenían
marrón, tal y como la habrían tenido ellos de no haberse contaminado su sangre
generaciones atrás con la magia vil de la Legión Ardiente.
-¡Vaya, chica, menudo hacha llevas ahí! - Exclamo uno de los orcos
marrones, calvo y con barba trenzada.
-Es un arma fiable y nunca se sabe cuándo hará falta. – Respondió,
cortante y en guardia.
- Jaja. - Otro más joven y levemente más atractivo al estilo de los
orcos se rió del comentario. - Son buenas palabras, muchacha. ¿Tú y tu novio
viajáis solos?
-No somos novios, es mi hermana. - Aclaró Gromil. - Nos dirigimos al
Puerto de Hierro.
Shan´Nah reprimió una mueca ante la ingenuidad de su hermano.
- ¿Y quiénes sois vosotros que preguntáis tanto? - Desconfió la orca.
-Perdón, que modales. - Respondió nuevamente el atractivo. - Soy Gaz, y
él es Trok.- Señalando al barbudo.- Ellos dos son Thrakka y Dakka. - Añadió en
referencia a un orco bajito y obeso, y otro que parecía no comer lo suficiente.
-Eso aún no responde a quienes sois. - Señaló Shan´Nah.
-Somos simples comerciantes que llevamos mercancías a tierras de nuestro
Clan, los Lobo Gélido. Si os apetece, podemos compartir el camino; las selvas
son peligrosas y nunca vienen mal un par de hachas extra en caso de ataque.
-No lleváis el emblema de los Lobo Gélido. - Puntualizó Shan´Nah,
extrañada de que todo fuese tan conveniente.
-¿Cómo que no? - Interrumpió el gordo. - Lo tenemos aquí mismo.- Se
señaló a un medallón en el pecho y que traía un logotipo desconocido para
ellos.
La joven miró a su hermano en busca de confirmación de la veracidad de
las palabras de Thrakka. Gromil se encogió de hombros, incapaz de recordar dónde
había visto ese símbolo antes. Lo más probable es que lo hubiese visto de
pasada con Gromgard en la sede de los Lobo Gélido de su mundo. Podría ser una
versión antigua del emblema; a fin de cuentas estaban muchos años en el pasado,
y el colgante de hierro seguía mostrando un lobo.
- Os agradecemos la oferta, generosos comerciantes. Viajaremos con
vosotros.- Decretó el muchacho.
El viaje transcurrió sin más sorpresas. Los comerciantes eran
charlatanes y animados. A Gromil le caían especialmente bien los hermanos, que
se pasaban el día contando chistes subidos de tono y haciendo bromas. Por su
parte, Shan´Nah charlaba de vez en cuando con Gaz, el guaperas, que parecía
tener cierto interés en ella. Sonrió ante la idea de ver a Shani con un
pretendiente: el pobre no sabía lo que le esperaba. Trok, por su parte, se
dedicaba a conducir el carro de mercancías, atento al camino.
Acamparon en un claro amplio, un lugar en apariencia seguro desde el
cual verían venir cualquier amenaza con tiempo suficiente. Cenaron copiosamente
e incluso bebieron algo del licor que los gemelos les ofrecieron. Tenía un
sabor extraño, aunque reconfortaba el estómago. Shan´Nah se ofreció para hacer
la primera guardia.
Era una noche tranquila, dentro de todo lo tranquilo que puede ser un
lugar desbordado por los sonidos de las bestias nocturnas y el crujir continuo
de los árboles. La joven orca removía distraídamente las brasas, valiéndose de
un palo para evitar que el fuego se apagase, mientras mantenía la vista fija en
la espesura para no quedar deslumbrada.
El viejo Trok se acercó y se sentó cerca de ella.
-Tu hermano y tú sois muy valientes al haber hecho este viaje tan largo
solos. - Hizo una pausa. - Es admirable, ¿pero qué esperáis encontrar?
-Buscamos a las Furias. Él es un chamán y desea aprender de los
espíritus de Draenor. - Bajó la mirada. - En el lugar de donde provenimos el
mundo está destrozado y los espíritus son débiles. Explorando este mundo y
aprendiendo de la Furias, traeremos gloria y honor al Clan.
Trok sonrió y de repente Shan´Nah sintió unos fuertes brazos que la
sujetaban desde su espalda. Era Gaz, flanqueado por los hermanos, quien la
había atrapado en una presa férrea de la que muy pocos orcos podrían escapar.
Sin embargo Shan´Nah no era una orca cualquiera: era la digna hija de su
padre Idnaar, y heredera de sus increíbles testarudez y fuerza. Juntó su
barbilla contra su pecho y descargó un fortísimo golpe hacia atrás con la
cabeza. El ruido del hueso al partirse y el alarido de Gaz le hicieron sonreír
levemente, pero lejos de detenerse a disfrutar de su triunfo, aprovechó los breves
instantes en los que Gaz había aflojado su presa para liberarse y derribar al
joven con una fuerte patada.
Rodeada como se encontraba, sus opciones eran escasas. De hecho, se
resumían en elegir oponente. Tras valorar sus opciones, cargó contra Thrakka,
el que parecía más fornido de los hermanos. Un brutal derechazo dio con el orco
inconsciente en el suelo, a tiempo para girarse y ver como Dakka cargaba contra
ella.
Recordó sus enseñanzas esquivando jabalíes en el Cruce y esperó hasta el
último segundo para apartarse. Dakka tropezó con su hermano y rodó por el suelo,
al igual que Shan´Nah al recibir la brutal carga del viejo, que logró
inmovilizarla en el suelo.
-Padre, mira lo que me ha hecho esa ramera. - Gaz retiró la mano de su
nariz rota, que sangraba profusamente. - ¡Me ha destrozado la cara!
-Tranquilo, cachorro, la venderemos como esclava de placer al peor
tugurio que encontremos.- Sonrió malévolamente. - Deseará no haber nacido. Tal
vez antes incluso puedas probarla tú mismo.
Shan´Nah forcejeó en vano al escuchar sobre su nuevo destino.
Gromil dormía plácidamente. Había bebido abundantemente del licor, que
le había dado somnolencia sospechosamente rápido. Roncaba sereno, cuando una
voz en su cabeza le llamó: "Despierta". Gromil se encontraba tan
sumido en el sueño que aún resultaba inalcanzable para la voz. La lluvia
comenzó a tocar con suavidad la piel del orco dormido, en cuyos sueños se
estaba colando una voz apenas audible: "Despierta". El viento arreció
y la hoguera ardió con más fuerza, a la par que el monzón se intensificaba y
esta vez escuchó con claridad varias voces al unísono: "¡DESPIERTA!".
Gaz se desabrochó el pantalón de cuero, mientras sus compinches
sujetaban a la joven, ahora desprovista de armadura de ninguna clase. El
acuerdo al que habían llegado para el castigo a la orca es que él sería el
primero, al ser el más perjudicado; a continuación sería el turno de Thrakka,
que había sido golpeado por la hembra, y finalmente le tocaría a Dakka, que
aunque había salido bien parado, no planeaba quedarse sin su parte de la
diversión. Trok, por su parte, se contentaba con la expectativa de dinero. La
mercancía demasiado usada valía menos, y aunque no podía evitar que los chicos
fuesen chicos, él era un viejo con suficiente autocontrol. Ya se gastaría la
recompensa en alcohol y en putas, que aunque menos atractivas, seguro que
sobrepasaban a la joven en experiencia.
-Ten cuidado, Gaz, las cachorrillas gélidas muerden. - Dakka se rió.
-Soy una Lightningblade. – Gruñó, forcejeando con renovadas fuerzas, aunque
insuficientes. Tras haberle obligado a beber aquel licor mientras la
inmovilizaban, permanecer consciente era una batalla que requería de casi todas
sus fuerzas. Tal vez sería mejor dejarse ir, no sentir nada, rendirse, pensó. Pero
ella era Shan´Nah, hija de Idnaar; ella no se rendía. Podría estar derrotada y
humillada, pero eso sólo alimentaría su furia, sus fuerzas. En algún momento
iban a descuidarse, y en ese instante se tomaría su venganza.
-Hace años que el Lobo de Hierro exterminó a esos debiluchos.- Thrakka
se rió, y una chispa de odio ardió con intensidad en los ojos violetas de
Shan´Nah.
-Si tienes suerte, tal vez des a luz a un Thunderlord. Sería un honor
para tu lamentable linaje.- Gaz escondía tras su fachada a un ser
verdaderamente horrible.
-¿Sabéis cuál es el problema de los Thunderlord? - Preguntó una voz a
las espaldas del retorcido guaperas.- ¡Que el trueno arma mucho jaleo, pero el
rayo golpea!
Gaz se giró al escucharlo, y un mazazo crepitante de electricidad
impactó sobre su pecho, haciéndole volar varios metros hacia atrás en una
explosión cegadora. Shan´Nah, viendo su oportunidad, reunió todas sus fuerzas
para dar un tirón al brazo que sujetaba Dakka y acercarlo lo suficiente como
para alcanzar su cuello de un mordisco y desgarrarlo sin piedad.
-Her... mano… - Alcanzó a decir lastimeramente y entre gorgoteos.
Thrakka, sin perder un solo instante ni soltar a la orca, sacó un puñal
y trató de clavárselo a su enemiga. Un rodillazo bien dirigido a la entrepierna
terminó con el ataque. Una serie de puñetazos furiosos acabaron con la cara del
pobre desgraciado, hasta que su cráneo se convirtió en una masa rojiza e
irreconocible.
Con su obra terminada y la ira levemente apaciguada, por fin el licor
sedante se impuso y regresaron los mareos. Trok, atraído por el estruendo
apareció en escena y pudo ver a su cachorro con el pecho hundido varios metros más
allá del charco de sangre que conformaban los hermanos, y sobre el que se
encontraba Shan´Nah de rodillas.
-¡Perra lobo gélido! - El viejo cargó, hacha en mano.
-Soy una Lightningblade y golpeo como el rayo.- Aunque mareada, hizo
acopio de todas sus fuerzas y se lanzó hacia adelante contra el orco armado.
Trató de esquivar la acometida, pero recibió un hachazo. Le daba igual, eso no
la mataría. Cargó contra las rodillas del orco a la carrera, y se valió del
impulso de su enemigo para lanzarlo por los aires; frenó en seco y se abalanzó
sobre su rival derribado, donde apretó el cuello hasta escuchar el inequívoco
sonido de éste al romperse.
Gromil posó la mano sobre el hombro de su hermana, y ésta pudo sentir
como los restos del veneno iban desapareciendo, mientras que su herida se
cerraba con rapidez.
- ¿Estás bien? – Preguntó, no muy seguro de querer conocer la respuesta.
Shan´Nah asintió.
- Ese fue un golpe de mil demonios. Papá se enorgullecería de ti.
Gromil la miró, confuso. La habilidad de Shan´Nah para recomponerse era
asombrosa. Si él hubiera estado en la misma situación que ella, con tres orcas,
estaba casi seguro de que habría abrazado a su hermana y se habría echado a
llorar.
-Vamos, tenemos que recuperar mi hacha y mi armadura.- La orca marchó en
dirección al carro, totalmente ajena a lo que acababa de suceder.
El chamán echó un último vistazo al tórax reventado de Gaz. Los
espíritus le habían ayudado esa noche, y en Draenor eran mucho más poderosos de
lo que él jamás habría soñado. Sin embargo, y a pesar de no haber deseado lo
contrario de ninguna de las maneras, no podía evitar la sensación de que esa
ayuda iba a tener un precio que no tardaría en descubrir.
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