Nota del autor: Iba a escribir otros capítulos más para aclarar ciertos puntos pero suponía explicar las motivaciones y conclusiones de otros personajes enredando y alargando demasiado la cosa. Así que cedo ya el turno a mi compi de aventuras para que siga la trama. Si alguien está leyendo la historia y le interesa saber algo que se le escape se agradece el comentario.
Cap. 5: Koga.
El pequeño destacamento se preparaba minuciosamente para el asalto. Aunque eran los mejores del torneo Argenta sabían que la misión que tenían por delante era peligrosa y no todos volverían.
Koga se recogió la larga melena rojiza en una coleta alta. Comenzó a vestirse con su pesada armadura mientras rezaba en la soledad de su tienda de campaña. Rezaba a la luz, a los ancestros, a los dioses antiguos y a cualquier ente celestial que quisiera escuchar su ruego.
Todos decían que era un valiente, un héroe, pero la cruda realidad era que le aterraba volver a Corona de hielo y lo que allí le esperaba. El corazón le iba a cien y le templaban las manos. No había vuelta atrás se repetía una y otra vez.
Abandonó la tienda y fue en busca de su sobrina Eray. La joven sacerdotisa deambulaba visiblemente nerviosa, era la primera vez que iba a ejercer de sanadora en un combate.
-¿Estas lista?- Le preguntó el paladín cuando se reunieron. La cogió por los hombros y la miró directa a los ojos. - Prométeme que harás lo que te dije. Júrame por lo más sagrado que pase lo que pase lo harás.
- No te fallaré. Lo juro- a la joven sacerdotisa le falló la voz.
-o-
Los sonidos de la batalla lejana se extendían por los amplios pasillos de la ciudadela helada. El grupo de Koga se había separado del resto del destacamento con la misión de liberar a los prisioneros de las mazmorras. A pesar de sufrir importantes bajas el maltrecho grupo escoltaba a los liberados a lugar seguro.
Koga hizo una señal a Eray. Se fue quedando rezagado separándose del grupo. Se desvió por un largo pasillo. Miró varias veces hacia atrás. No había indicios de que la sacerdotisa le estuviese siguiendo. Maldijo.
Deambuló por las estancias vacías. Tarde o temprano el demonio saldría a su encuentro, sabía que él estaba allí. Lo que no esperaba es que llevase a la joven sacerdotisa como rehén.
- Suéltala. Esto es entre tú y yo.
Koga sostenía la espada en alto amenazando a su adversario. El demonio se rascó la perilla en un gesto despreocupado.
-No voy a perder el tiempo luchando contigo. La cuestión es mucho más simple paladín y lo sabes. Me sellaste en el cuerpo de tu hermano. Tu alma es la llave para liberarme de este débil cuerpo mortal y recuperar mi poder. Dame lo que quiero o mato a esta preciosa niña.- Le apretó con fuerza el cuello por donde la sujetaba- Puedo ser más persuasivo con tu mujer. Cuando acabe con ella su alma no tendrá un cuerpo al que volver, también mataré tu hermana y sus adorables gemelos.
El paladín cerró los ojos por un instante rogando a la luz sagrada que le diese fuerzas.
- Si me entrego… ¿Qué me garantiza que liberaras el alma de mi hermano y no harás daño a ninguna de ellas?
El demonio ladeó la cabeza y sonrió- Nada.
Koga bajó la espada. Miró a Eray, vio la suplica en sus ojos.
- Hagamos un trato. Júrame que jamás harás daño a mi familia, Un juramento arcano y yo haré un juramento sagrado.
- ¡Está bien paladín testarudo!- Exclamó el demonio exasperado-Primero tú.
Koga hincó una rodilla se apoyó en su espada- Juro por la luz, lo más sagrado y por mi honor que después de que pronuncies el juramento arcano podrás hacer conmigo lo que quieras.
El demonio trazó unos símbolos en el aire. La atmosfera vibró – Que las fuerzas arcanas impidan que dañe a nadie que lleve el nombre de la casa Runaplata. Excepto al paladín aquí presente.-liberó a la muchacha del hechizo de inmovilidad que cayó de rodillas al suelo jadeando.
El paladín apretó la empuñadura de su espada para que no le temblara el pulso. Una vez más suplico en silencio el perdón. Bajo la mirada y tomó aire. Con un giro rápido de muñeca apoyo el filo de su hoja en el cuello y dio un enérgico tirón.
Sintió el agudo dolor y la calidez que brotaba de su cuello, luego las voces los sollozos quedaban muy lejos. Se le nubló la vista. Le fallaron las rodillas y cayó al suelo. La oscuridad le envolvió.
-¡¡Venga hombre!! ¡¡No fastidies!!- el demonio levantó los brazos desconcertado e irritado. Era algo impensable que un protector de lo más sagrado como era la vida rompiera su juramento y cometiera tal sacrilegio contra la suya propia. Estaba furioso, el maldito paladín se la había jugado.
Koga se encontró mirando al suelo donde yacía su cuerpo en un charco de sangre. A su lado estaba Eray, una luz blanca y pura. Lagrimas de luz se desprendían de ella. Intentaba resucitarle. No podía saber que a las almas de los suicidas no se les permitía volver.
Tras ella había una extraña nebulosa de luz con infinidad de formas y colores. Supo lo que aquel demonio era en realidad. De súbito la nube se abalanzó sobre él. No pudo tocarle, ahora era un alma desterrada. La extraña niebla vibraba y se retorcía rabiosa. No había sonidos en aquel mundo difuso. Los labios de la sacerdotisa se movían entonaban el salmo que él le había enseñado. Encerraría para siempre a aquel ente devorador de almas a lo más profundo del subconsciente de Zerth.
La nube se condensó y su forma se definió en la conocida silueta de su hermano. Los colores se arremolinaron en su interior. Este extendió la mano hacia el cuerpo inerte de Koga y una luz mortecina se desprendió cubriendo su cadáver. El cuerpo se movió, al poco rato se incorporó.
¿Para qué animar aquella cascara vacía carente de alma? Koga no se sorprendió. Ya no sentía temor, ni alegría, ni desesperación ni nada. Solo sentía que había llegado el momento de marcharse.
-o-
Fanficcion, fanarts y otros desvaríos de unos jugones del WoW
martes, 14 de julio de 2015
martes, 7 de julio de 2015
El heredero Cap.4
Cap. 4
Elección.
Dhante contaba las monedas de oro mientras pasaba por la galería ajardinada. Al otro extremo se encontraba Yuhe sentado en un banco y cabizbajo.
- El titulo de heredero parece que no te ha sentado muy bien muchacho- Dhante se sentó a su lado y encendió su pipa.
El joven paladín se echó hacia atrás y se pasó las manos por el pelo, resopló. No dejaba de darle vueltas a la cabeza.
- Esto es absurdo. No sé en qué piensa el tío. Toda la vida insistiendo en que me labrara una carrera militar y ahora quiere que lo deje para ocuparme de toda la familia. -protestó - Empiezo a cansarme de que haga lo que haga, nunca estoy a la altura.
Dhante soltó una bocanada de humo
- Entiendo. Imagino que no es fácil ser el hijo de un héroe de Rasganorte pero no creo que sea por eso Yu. No olvides que las leyendas son solo eso: leyendas. Y como dijo el poeta: “De lo que ves créete la mitad. Lo que no ves no te creas nada" No te empeñes en ser alguien quien no eres solo para contentar a los demás.-Dio una calada a la pipa - Quizás sea hora de dejar de ser "el hijo de" y empezar a ser egoísta.
- No quisiera verme obligado a dejar la orden de los caballeros de sangre - se cruzó de brazos. Miro al suelo.
- Acabas de decir que estar harto de ser la sombra de tu padre y que yo sepa, nunca fuiste muy entusiasta de actos bélicos.
- No es eso, es que....
Dhante miró a su primo, enarcó una ceja - ¿Es por una mujer? ¿Otra compañera de armas?
- Bueno, también pero no exactamente…- El joven paladín empezó a sonrojarse.
La sonrisa de Dhante se fue ensanchando hasta estallar en una carcajada- ¡Te has vuelto a enamorar!
- Bueno, en verdad no hay nada entre nosotros- Yuhe desvió la mirada - solo es la sanadora de mi grupo.
-¡Ay hermano! - Dhante suspiró divertido - Te tengo dicho que donde tengas la saca no metas la...
- ¡Ya lo sé! - Yuhe levanto la mano para interrumpirle - Ya conozco ese dicho gobling.
- Pues no quiero escuchar llantos cuando te de la patada como las otras... ¿Cuántas? ¿Tres? ¿Cuatro?
- Tres - dijo Yuhe mirando a su primo con antipatía - Gracias.
-¡En fin! Yo me vuelvo a Bahía- apagó su pipa en el banco - Te daré un consejo muchacho: Ten bien abiertos los ojos - le dio una enérgica palmada en la espalda y se levantó- Si alguna vez necesitas a tu "hermanito mayor" solo tienes que preguntar a algún comerciante gobling.
-o-
Yuhe entró sin llamar en el despacho de Zerth. Estaba decidido a desafiar de nuevo la autoridad de su tutor. Esta vez no se iba a dejar pisar.
La estancia estaba en penumbras. Zerth descansaba en un amplio sillón.
-¿podemos hablar sin que me silencies?
Zerth hizo un gesto indicándole que hablara.
- Tu decisión es un error. Ni me pertenece ni soy el más indicado.
- Mañana será oficial. No voy a cambiar mi dictamen.- La voz del patriarca sonaba cansada.
Yuhe tomó aire, se preparó para iniciar una nueva discusión.
– Sinceramente tío Zerth; si hasta hoy he cedido a todos tus designios ha sido por respeto pero eso se ha terminado. Cuando ingresé en la orden de paladines hice un juramento: “servir y proteger” y eso es lo que pienso seguir haciendo.
- No lo entiendes. Cuando yo no esté no podré protegerte.
- Pusiste una espada en mi mano siendo un crio. Te puedo asegurar que he aprendido a defenderme solo.- A Yuhe le irritaba cada vez más que siguiera tratándole como a un niño.
- No, no puedes. Tu padre te condenó. Nos condenó a los dos. Yuhe, tienes que saber la verdad…-Le costaba mucho hablar. No pudo seguir. Cada vez que intentaba contar la verdad aquel maldito demonio se lo impedía. Estaba exhausto de luchar durante tantos años contra aquel ente que invadía su ser anulando su pensamiento y sus palabras. Ya no le quedaban fuerzas y se rindió.
El brujo juntó los dedos frente a su mentón y sonriendo susurró para sí –Un obstáculo menos.-subió el tono de voz para que fuera audible- ¡Muy bien paladín! Si quieres renunciar al título de heredero tendrás que renunciar al nombre de tu casa.
¿¡Renunciar al nombre Runaplata?! Yuhe se mordió la lengua para no soltar una barbaridad. ¿A qué venía semejante estupidez?
Llamaron a la puerta. Yuhe no esperó a que su tutor diera permiso y abrió. No quería seguir conversando porque terminaría perdiendo la calma. El ama de llaves le entregó un comunicado oficial para su tío del consejo arcano y otro para él. Era un llamamiento a la tropa para su reincorporación inmediata. El muchacho se sintió alarmado. Aquello no era buena señal.
Elección.
Dhante contaba las monedas de oro mientras pasaba por la galería ajardinada. Al otro extremo se encontraba Yuhe sentado en un banco y cabizbajo.
- El titulo de heredero parece que no te ha sentado muy bien muchacho- Dhante se sentó a su lado y encendió su pipa.
El joven paladín se echó hacia atrás y se pasó las manos por el pelo, resopló. No dejaba de darle vueltas a la cabeza.
- Esto es absurdo. No sé en qué piensa el tío. Toda la vida insistiendo en que me labrara una carrera militar y ahora quiere que lo deje para ocuparme de toda la familia. -protestó - Empiezo a cansarme de que haga lo que haga, nunca estoy a la altura.
Dhante soltó una bocanada de humo
- Entiendo. Imagino que no es fácil ser el hijo de un héroe de Rasganorte pero no creo que sea por eso Yu. No olvides que las leyendas son solo eso: leyendas. Y como dijo el poeta: “De lo que ves créete la mitad. Lo que no ves no te creas nada" No te empeñes en ser alguien quien no eres solo para contentar a los demás.-Dio una calada a la pipa - Quizás sea hora de dejar de ser "el hijo de" y empezar a ser egoísta.
- No quisiera verme obligado a dejar la orden de los caballeros de sangre - se cruzó de brazos. Miro al suelo.
- Acabas de decir que estar harto de ser la sombra de tu padre y que yo sepa, nunca fuiste muy entusiasta de actos bélicos.
- No es eso, es que....
Dhante miró a su primo, enarcó una ceja - ¿Es por una mujer? ¿Otra compañera de armas?
- Bueno, también pero no exactamente…- El joven paladín empezó a sonrojarse.
La sonrisa de Dhante se fue ensanchando hasta estallar en una carcajada- ¡Te has vuelto a enamorar!
- Bueno, en verdad no hay nada entre nosotros- Yuhe desvió la mirada - solo es la sanadora de mi grupo.
-¡Ay hermano! - Dhante suspiró divertido - Te tengo dicho que donde tengas la saca no metas la...
- ¡Ya lo sé! - Yuhe levanto la mano para interrumpirle - Ya conozco ese dicho gobling.
- Pues no quiero escuchar llantos cuando te de la patada como las otras... ¿Cuántas? ¿Tres? ¿Cuatro?
- Tres - dijo Yuhe mirando a su primo con antipatía - Gracias.
-¡En fin! Yo me vuelvo a Bahía- apagó su pipa en el banco - Te daré un consejo muchacho: Ten bien abiertos los ojos - le dio una enérgica palmada en la espalda y se levantó- Si alguna vez necesitas a tu "hermanito mayor" solo tienes que preguntar a algún comerciante gobling.
-o-
Yuhe entró sin llamar en el despacho de Zerth. Estaba decidido a desafiar de nuevo la autoridad de su tutor. Esta vez no se iba a dejar pisar.
La estancia estaba en penumbras. Zerth descansaba en un amplio sillón.
-¿podemos hablar sin que me silencies?
Zerth hizo un gesto indicándole que hablara.
- Tu decisión es un error. Ni me pertenece ni soy el más indicado.
- Mañana será oficial. No voy a cambiar mi dictamen.- La voz del patriarca sonaba cansada.
Yuhe tomó aire, se preparó para iniciar una nueva discusión.
– Sinceramente tío Zerth; si hasta hoy he cedido a todos tus designios ha sido por respeto pero eso se ha terminado. Cuando ingresé en la orden de paladines hice un juramento: “servir y proteger” y eso es lo que pienso seguir haciendo.
- No lo entiendes. Cuando yo no esté no podré protegerte.
- Pusiste una espada en mi mano siendo un crio. Te puedo asegurar que he aprendido a defenderme solo.- A Yuhe le irritaba cada vez más que siguiera tratándole como a un niño.
- No, no puedes. Tu padre te condenó. Nos condenó a los dos. Yuhe, tienes que saber la verdad…-Le costaba mucho hablar. No pudo seguir. Cada vez que intentaba contar la verdad aquel maldito demonio se lo impedía. Estaba exhausto de luchar durante tantos años contra aquel ente que invadía su ser anulando su pensamiento y sus palabras. Ya no le quedaban fuerzas y se rindió.
El brujo juntó los dedos frente a su mentón y sonriendo susurró para sí –Un obstáculo menos.-subió el tono de voz para que fuera audible- ¡Muy bien paladín! Si quieres renunciar al título de heredero tendrás que renunciar al nombre de tu casa.
¿¡Renunciar al nombre Runaplata?! Yuhe se mordió la lengua para no soltar una barbaridad. ¿A qué venía semejante estupidez?
Llamaron a la puerta. Yuhe no esperó a que su tutor diera permiso y abrió. No quería seguir conversando porque terminaría perdiendo la calma. El ama de llaves le entregó un comunicado oficial para su tío del consejo arcano y otro para él. Era un llamamiento a la tropa para su reincorporación inmediata. El muchacho se sintió alarmado. Aquello no era buena señal.
lunes, 1 de junio de 2015
El heredero Cap.3
Notas de
autor: Aclarar que nunca he tenido muy claro la cronología de acontecimientos
según blizzard y estaba convencida de que entre la apertura del portal oscuro
(BC) y el Cataclismo habían pasado varias generaciones. El relato lo construí según mi percepción del paso del tiempo. En
base a este; entre el asalto a Corona de hielo y el asedio a Orgrimar ha pasado
el suficiente tiempo para que Yuhe (Elfo de sangre de longevidad más extensa
que la humana que tampoco tengo muy
claro cuánto más) Nazca y se haga adulto.
Cap. 3
Demonio.
Zerth cerró
los ojos y por un instante quedó petrificado. Al abrirlos de nuevo, sus ojos
habían cambiado. Eray era incapaz de mirarle directamente, era como si otro ser
la observara desde el infinito. La postura señorial de su padre cambió a una
más relajada. Se apoyo en la mesa y tamborileó con los dedos.
- ¿Si? Ama-
el demonio sonrió divertido.
- Se que sigues manipulando la voluntad de mi
padre y que mi vinculo contigo no es lo
suficiente mente fuerte para mantenerte sometido por completo. ¿Qué tramas
Razíd?
- Terminar
lo que empecé.- Respondió en tono despreocupado.
- Ya tienes
un nombre*- Los temores de Eray se hacían cada vez más certeros.
- Débil, incompleto. Aunque sólo es una ínfima
parte del todo. Corregible - El demonio avanzó unos pasos con aire distraído -
El paladín Koga solo consiguió retrasarme. Tenía que haberse cerciorado de que
no dejaba descendencia antes de...-hizo un gesto con el pulgar alrededor de su
cuello y sonrió.- Una lástima. ¿No crees?
Eray no se
movió. No iba a permitir que notase la punzada de miedo que le invadía. El plan
de Koga no había funcionado.
- No puedes
dañar a ningún Runaplata, hiciste un juramento arcano. Ninguna criatura ligada
a la magia puede romperlo.
- He superado
obstáculos mayores, me las puedo apañar - Razíd ladeó la cabeza y su sonrisa se hizo más amplia - El universo
tiene infinitos caminos paralelos.
Las conversaciones con Razíd siempre estaban
llenas de metáforas, acertijos y respuestas esquivas. Siempre que le
interrogaba sobre sus orígenes e intenciones respondía en su extraña lengua
bajo el pretexto de que la verdad solo podía decirse con las verdaderas
palabras. Esto sacaba de quicio a Eray pero se mantuvo firme.
-No voy a
permitir que utilices a Yuhe ni a nadie.
- El joven
paladín no hará nada que no quiera hacer - Se acercó más a la sacerdotisa - Mi
querida niña - Estaba delante de ella. Se inclinó para susurrarle al oído - El
juego sigue. Tendrás que darte prisa - Acarició el rostro de la mujer - Se te
acaba el tiempo.
-Retírate y
no vuelvas hasta que seas llamado- Eray se aparto de su contacto asqueada.
- Si, ama-
Razíd hizo una leve reverencia y el cuerpo del brujo volvió a quedar congelado
un breve instante.
Eray giró
en redondo, sin mediar palabra se dirigió hacia una mesita. Cogió papel y
garabateó un par de notas. Se miró las manos. La edad empezaba a cubrirlas de
manchas resultado de su herencia humana. El maldito demonio tenía razón, su
tiempo se esfumaba.
Ya en el
pasillo pidió a un sirviente que entregase las notas a los destinatarios.
-o-
Yrena subió
a toda prisa la escalera que conducía a la segunda planta. Miró hacia atrás asegurándose
que nadie la veía. Era fácil escabullirse por los pasillos de aquella enorme
mansión vestigio de los días de gloria del pueblo Sindorei.
Se
introdujo con sigilo por una pequeña puerta en el extremo más alejado de la
planta. Eray la esperaba.
- ¡Increíble!
Tu padre ha pateado los derechos patrimoniales de su hermana, mi madre, que
lleva ocupándose de las bodegas toda la vida- Dijo Yrena cuando estuvo junto a
Eray.
- Si, si
pero baja la voz y centrémonos en lo que importa.- la chistó- ¿Conseguiste
traducir las palabras del demonio?
- No. Según
los expertos que he consultado no parece lengua conocida. Solo los eremitas
pandaren distinguieron cierto dialecto de la era de los Sha pero nada en
concreto, sin embargo...- Yrena le tendió un rollo de pergamino - Encontré un
escrito que me llamó la atención. Habla de un ser aparecido durante el reinado
del emperador Shaohao
llamado Daijitsu, el devora ánimas o Demonio de las mil dimensiones. Se apodera
de la forma física de las almas que adsorbe.
Las dos
mujeres estudiaban el manuscrito con atención en la pequeña sala. Una voz se
elevó tras el hombro de Eray.
-Nunca vi a
una sacerdotisa que se interesase tanto por los demonios.
Eray dio
tal respingo que tiró la silla en la que estaba sentada.
- Y te
aseguro que conozco gente muuuy rara- Dhante sonrió.
- ¡Por
todos los dioses Dhante! No vuelvas a acercarte así.
Yrena
comenzó a recoger los escritos que se habían desperdigado con el susto. Dhante
intentó echarles un ojo, Eray se interpuso.
- ¿Tienes
lo que te encargué?
- ¿Lo
dudabas?- Dhante sacó de su chaquetilla de cuero un grueso cuaderno bastante
manoseado. Leyó en voz alta- "Diarios de campo. Terrallende" escrito
por un tal... Zerth Runaplata. Un libro muy interesante. -Dhante enarco una
ceja con curiosidad-¿Le vas a regalar al viejo su extraviado diario después de
que te ha desheredado? Eso es amor de hija.
- Así es.
Dame el libro - Eray extendió la mano impaciente.
- Me temo
que su precio a subido- Dhante levantó el brazo poniendo el diario fuera del
alcance - He tenido que seducir a una bruja enana para conseguirlo y eso es una
dificultad añadida lo que encarece el precio.
- ¡Puag!
¡Hermano, eres capaz de tirarte a una naga!-
Yrena hizo una mueca de repugnancia.
- Si me
paga.- Dhante se encogió de hombros si darle importancia al comentario- Y
hablando de pagar; me he cruzado con un par de tipos con interés en libros
exóticos. Me pregunto...
-¡Está bien!
¡Está bien! - Eray comenzó a maldecir para sí- Maldito traficante. No respetas
ni a tu sangre.
-o-
* Hace referencia a los viejos tiempos en que
los brujos se ganaban a sus demonios en misiones, creo que ya no es así.
miércoles, 20 de mayo de 2015
El heredero. Cap. 2
Cap.2 Reunión.
A la mañana siguiente todos se reunieron en el despacho principal. Al rato entró tío Zerth, dio la bienvenida y agradeció la presencia de los familiares mientras tomaba asiento tras su mesa.
Yuhe le observaba atentamente. Los comentarios de su primo el día anterior le habían intrigado. Su tutor era un hombre bastante alto, caminaba erguido y sus pasos eran enérgicos. Nada que ver con los apolillados eruditos de su misma edad y condición. Siempre llevaba las manos enguantadas y una capucha que dejaba en sombras su rostro debido a una extraña dolencia que le hacía muy sensible a la luz. ¿Sería eso cierto? ¿Y cómo sabía Dhante que aspecto tenía su tío si siempre iba ataviado de igual modo? El paladín miró a su primo. Dhante le miraba, guiñó un ojo con picardía a Yuhe y luego continuó mordisqueando su pipa apagada fingiendo prestar atención al discurso del cabeza de familia .
Zerth hablaba sobre la designación del nuevo heredero de la casa Runaplata. Yuhe intentaba recordar la última vez que le había visto sin guantes ni capucha. La vez más reciente en que había visto sus manos. Aquella en que su tío se había quitado un guante para abofetearle por haber desobedecido. Su mano era firme y fuerte. La bofetada dolorosa. Pero más que el dolor de su mejilla lo que más recordaba era la humillación.
-…mi hija Eray renunció a su derecho al casarse con un humano-seguía hablando Zerth
- Se llama Verem, padre. Y tampoco me diste otras opciones.
- Tampoco me opuse a tu matrimonio pero no estamos aquí para volver a discutir esa cuestión. – Levantó la mano para acallar la posible protesta de su hija.- Como ya he dicho: quiero comunicaros mi decisión sobre quien será mi sucesor y siguiente regente de nuestra casa. No nombraré a mi hermana menor Vhez por temor a que su amor de madre delegue en los gemelos Dharem, del cual no se tiene noticias desde hace tiempo y Dhante aquí presente, cuyos negocios de dudosa legalidad en Bahía de botín me hacen cuestionar la integridad del legado familiar. - Zerth enarcó una ceja al oír la risa de Dhante- ¿Me equivoco querido sobrino?
- Quizás te refieras a mis servicios como buscador extremadamente eficiente…-Dhante hizo una reverencia tan exagerada que el extremo de su coleta tocó el suelo-…querido “tío”
- Considero que no son los más adecuados para manejar el patrimonio de los Runaplata.- Entrelazó las manos sin prestar atención al tono sarcástico de su sobrino.
- Yrena será perfectamente capaz de llevar los asuntos de familia- Vhez estaba visiblemente molesta.
- No nombraré a Yrena- afirmó tajante - nombraré a Yuhe.
Los murmullos y las protestas subieron de tono. El patriarca se había saltado toda la linea sucesoria para nombrar al benjamín de la familia.
- ¡Pero tío!- Yuhe era el más desconcertado de todos - Me educaste para ser militar. Mi deber hacia el ejercito de la horda no me...
-¡Silencio!- Zerth hizo un gesto con la mano, no era una simple palabra. Les había silenciado a todos.- Tu deber es para esta familia y mientras yo sea el patriarca harás lo que yo diga. - suavizó el tono- luego podrás hacer lo que te de la gana.
El paladín apretó los dientes incapaz de hablar. No era la primera vez que usaba ese hechizo con él, lo hacía siempre que intentaba oponerse a los designios de su tutor.
- Esa es mi decisión - Zerth se levantó dando por finalizada la reunión - Quien no esté de acuerdo es libre de abandonar mi casa.
Todos salieron en silencio excepto Eray que se quedó allí plantada.
- Ya te dejé bien claro que no permitiría que mi legado acabase en manos de la Alianza. - dijo Zerth cuando se cerró la puerta y quedaron solos.
- Sabes de sobra que mi marido renunció a ella. Tu racismo me sigue resultando incomprensible teniendo en cuenta que mi madre era humana.- Eray respiró hondo procurando apaciguar su enfado.- Pero no es de eso de lo que quiero hablar padre. -Se dirigió a ambas puertas de la sala y echó los cerrojos- De hecho, no es contigo con quien quiero hablar.
Zerth se quitó la capucha.
La vejez de los elfos no era comparable a la humana pero aun así aquel Sindorei no había envejecido lo más mínimo desde que le tomaran aquella foto a las puertas de la bodega. Eray retrocedió unos pasos, no le gustaba la proximidad del ente al que estaba apunto de invocar. Tomó aire.
- Acude a mi llamada Razíd.
-o-
A la mañana siguiente todos se reunieron en el despacho principal. Al rato entró tío Zerth, dio la bienvenida y agradeció la presencia de los familiares mientras tomaba asiento tras su mesa.
Yuhe le observaba atentamente. Los comentarios de su primo el día anterior le habían intrigado. Su tutor era un hombre bastante alto, caminaba erguido y sus pasos eran enérgicos. Nada que ver con los apolillados eruditos de su misma edad y condición. Siempre llevaba las manos enguantadas y una capucha que dejaba en sombras su rostro debido a una extraña dolencia que le hacía muy sensible a la luz. ¿Sería eso cierto? ¿Y cómo sabía Dhante que aspecto tenía su tío si siempre iba ataviado de igual modo? El paladín miró a su primo. Dhante le miraba, guiñó un ojo con picardía a Yuhe y luego continuó mordisqueando su pipa apagada fingiendo prestar atención al discurso del cabeza de familia .
Zerth hablaba sobre la designación del nuevo heredero de la casa Runaplata. Yuhe intentaba recordar la última vez que le había visto sin guantes ni capucha. La vez más reciente en que había visto sus manos. Aquella en que su tío se había quitado un guante para abofetearle por haber desobedecido. Su mano era firme y fuerte. La bofetada dolorosa. Pero más que el dolor de su mejilla lo que más recordaba era la humillación.
-…mi hija Eray renunció a su derecho al casarse con un humano-seguía hablando Zerth
- Se llama Verem, padre. Y tampoco me diste otras opciones.
- Tampoco me opuse a tu matrimonio pero no estamos aquí para volver a discutir esa cuestión. – Levantó la mano para acallar la posible protesta de su hija.- Como ya he dicho: quiero comunicaros mi decisión sobre quien será mi sucesor y siguiente regente de nuestra casa. No nombraré a mi hermana menor Vhez por temor a que su amor de madre delegue en los gemelos Dharem, del cual no se tiene noticias desde hace tiempo y Dhante aquí presente, cuyos negocios de dudosa legalidad en Bahía de botín me hacen cuestionar la integridad del legado familiar. - Zerth enarcó una ceja al oír la risa de Dhante- ¿Me equivoco querido sobrino?
- Quizás te refieras a mis servicios como buscador extremadamente eficiente…-Dhante hizo una reverencia tan exagerada que el extremo de su coleta tocó el suelo-…querido “tío”
- Considero que no son los más adecuados para manejar el patrimonio de los Runaplata.- Entrelazó las manos sin prestar atención al tono sarcástico de su sobrino.
- Yrena será perfectamente capaz de llevar los asuntos de familia- Vhez estaba visiblemente molesta.
- No nombraré a Yrena- afirmó tajante - nombraré a Yuhe.
Los murmullos y las protestas subieron de tono. El patriarca se había saltado toda la linea sucesoria para nombrar al benjamín de la familia.
- ¡Pero tío!- Yuhe era el más desconcertado de todos - Me educaste para ser militar. Mi deber hacia el ejercito de la horda no me...
-¡Silencio!- Zerth hizo un gesto con la mano, no era una simple palabra. Les había silenciado a todos.- Tu deber es para esta familia y mientras yo sea el patriarca harás lo que yo diga. - suavizó el tono- luego podrás hacer lo que te de la gana.
El paladín apretó los dientes incapaz de hablar. No era la primera vez que usaba ese hechizo con él, lo hacía siempre que intentaba oponerse a los designios de su tutor.
- Esa es mi decisión - Zerth se levantó dando por finalizada la reunión - Quien no esté de acuerdo es libre de abandonar mi casa.
Todos salieron en silencio excepto Eray que se quedó allí plantada.
- Ya te dejé bien claro que no permitiría que mi legado acabase en manos de la Alianza. - dijo Zerth cuando se cerró la puerta y quedaron solos.
- Sabes de sobra que mi marido renunció a ella. Tu racismo me sigue resultando incomprensible teniendo en cuenta que mi madre era humana.- Eray respiró hondo procurando apaciguar su enfado.- Pero no es de eso de lo que quiero hablar padre. -Se dirigió a ambas puertas de la sala y echó los cerrojos- De hecho, no es contigo con quien quiero hablar.
Zerth se quitó la capucha.
La vejez de los elfos no era comparable a la humana pero aun así aquel Sindorei no había envejecido lo más mínimo desde que le tomaran aquella foto a las puertas de la bodega. Eray retrocedió unos pasos, no le gustaba la proximidad del ente al que estaba apunto de invocar. Tomó aire.
- Acude a mi llamada Razíd.
-o-
viernes, 15 de mayo de 2015
El heredero. Cap 1
El heredero. Cap 1
La familia.
Era una tarde fría de finales de otoño. El sol bañaba de suave luz dorada la bella y solitaria ciudad de Lunargenta.
El joven paladín respiró hondo. Hacía muchísimo tiempo que Yuhe no pisaba su patria. Su hipogrifo caminaba despacio, no tenía prisa por llegar. Quería disfrutar de los recuerdos de niñez vividos en aquellas calles.
Desmontó al llegar a la mansión familiar. Alguien le esperaba sentado en la escalera de entrada: Su primo Dhante. Llevaba la larga melena roja como el fuego recogida en una cola y con su habitual desparpajo fumaba en pipa; una fea costumbre de los habitantes de bahía del botín.
Dhante le recibió con los brazos abiertos y una amplia sonrisa.
-¡Vaya, vaya! Pero si es el pequeño Yuhe.- Se dieron un fraternal abrazo.- ¡Mírate. Estás hecho todo un señor de la guerra!
Yuhe iba ataviado con una capa de piel y una armadura ligera de viaje. Se llevó la mano al cinto tras separarse del abrazo - y tú sigues siendo el mismo pícaro de siempre. - Extendió la mano - Devuélveme la espada.
Dhante chasqueó la lengua - Estoy perdiendo facultades.
-Me has hecho demasiadas faenas de niño como para fiarme de ti.
La escandalosa risa de Dhante hizo que otros miembros de la familia Runaplata salieran a recibirle. Todos habían sido convocados en la mansión a requerimiento de su tío Zerth el cabeza de familia y tutor de Yuhe.
La primera en echársele al cuello fue Eray, la mayor de todos los primos e hija de Zerth. Una segunda madre para el paladín. Se había ocupado de él tras la muerte de su madre en extrañas circunstancias.
Le abrazó tan fuerte que de no ser por la armadura que llevaba le habría sacado el aire de los pulmones. Yuhe reprimió un gesto de dolor, aún no se había recuperado de las heridas sufridas en el asedio a Orgrimar
-¡Por todos los dioses Yu!-Le cogió las manos y le contempló visiblemente emocionada-¡estás guapísimo! Eres la viva imagen de tu padre.
Yuhe sonrió incomodo sin saber que decir. Luego vino la tía Vhez, madre de Dhante, que también le recordó el parecido paterno y el orgullo que esto suponía. Dentro le esperaba la familia al completo: Otra hija de Vhez, Ynera. Los hijos de Eray, cuatro en total. El esposo de esta; un sensato humano que prefería mantenerse al margen de asuntos familiares sabedor de la escasa simpatía que despertaba en su suegro.
Solo faltaba el gemelo de Dhante. Su hermano era un entusiasta explorador, un espíritu errante; o en palabras de su propio hermano “un culo inquieto incapaz de permanecer más de una temporada en el mismo lugar”
-o-
A la hora de la cena, el patriarca de los Runaplata aún no había hecho acto de presencia. Nadie se extrañó, Zerth no solía participar en los actos familiares y también era un alivio pues era un hombre bastante autoritario y a menudo inquietante.
En el postre todos hablaban animada mente, poniéndose al día de sus vidas. El centro de atención era Yuhe y su participación en los recientes acontecimientos. Al paladín no le gustaba alardear de lo que consideraba su deber pero ante la insistencia de los presentes accedió a relatar el asedio y como le habían dejado fuera de combate.
Como siempre la tía Vhez derivaba la conversación a las hazañas de su querido y difunto hermano, el padre de Yuhe. Hablaba con devoción del coraje demostrado al escapar de su cautiverio en Corona de Hielo y de su valentía al regresar a liberar a los demás prisioneros entre los que se encontraba su hermano mayor Zerth.
En realidad la tía Vhez y el resto de la familia sabía lo mismo que se contaba en todas partes. Una heroica historia de honor y sacrificio debidamente adornada. Yuhe estaba cansado de oír aquella historia. Cansado de las comparaciones, cansado de tener que estar siempre a la altura de aquel cuento para niños. Cansado de la vida militar que había seguido solo porque era lo que se esperaba de él. Le dolía el costado y el agotamiento físico por la larga campaña hacía mella en su estado de ánimo. Se separó de la reunión y entro en una sala de lecturas contigua. De niño solía refugiarse allí cuando se sentía así.
La sala estaba en penumbras, solo un pequeño candil arcano flotaba encima del solitario lienzo que adornaba la pared. Yuhe la había contemplado cientos de veces. En la imagen aparecía la fachada de las prestigiosas bodegas Runaplata, el negocio familiar; y delante los tres hermanos: Zerth el mayor, sonreía. La única ocasión en la que le había visto sonreír. Ya por aquel entonces tenía el pelo blanco. A su lado la pequeña y pecosa tía Vhez. Rodeándola con el brazo el hermano mediano: Koga, un joven de expresión risueña con el pelo del color del otoño recogido en una coleta alta de mechones rebeldes y flequillo despeinado. Era cierto que se parecían muchísimo, debían tener la misma edad en aquella foto.
Un leve chasquido y un destello le sacó de sus pensamientos. Se volvió instintivamente echando mano a la inexistente espada de su cinto.
- Tranquilo soldado. - Dhante había encendido su pipa en un rincón de la sala en sombras. Se incorporó del sillón en el que había estado cómoda mente sentado con sus desgastadas botas encima de la mesita del té.
- A mi también me resulta inquietante esa foto - se puso junto a Yuhe a contemplar el cuadro mientras fumaba.
- ¿A que te refieres?
Dhante señaló la figura de Zerth, Yuhe la miró sin comprender.
- Esa foto fué tomada mucho antes de que nosotros naciéramos. ¿No te resulta extraño que nuestro "amado" tío tenga el mismo aspecto que ahora?
Yuhe se fijó atentamente. Su primo tenía razón, ni el más mínimo signo del paso de los años diferenciaban aquella vieja foto del aspecto actual de su tutor.
- La verdad es que nunca me había fijado.
- ¿Te has criado en esta mansión y nunca te has fijado?
- El tío Zerth siempre se ha limitado a lo referente a mi educación y poco más.
Los dos hombres se quedaron en silencio mirando el lienzo.
- No sé si lo que cuentan las viejas sobre tu padre es verdad o no - Dhante exhaló el humo - Solo te puedo decir lo que yo recuerdo. Era un buen hombre que amaba a su familia. - le dio unas suaves palmadas en la espalda y alzó su pipa hacía el cuadro- Quédate con esta imagen Yuhe, porque esta es la única verdad.
-o-
La familia.
Era una tarde fría de finales de otoño. El sol bañaba de suave luz dorada la bella y solitaria ciudad de Lunargenta.
El joven paladín respiró hondo. Hacía muchísimo tiempo que Yuhe no pisaba su patria. Su hipogrifo caminaba despacio, no tenía prisa por llegar. Quería disfrutar de los recuerdos de niñez vividos en aquellas calles.
Desmontó al llegar a la mansión familiar. Alguien le esperaba sentado en la escalera de entrada: Su primo Dhante. Llevaba la larga melena roja como el fuego recogida en una cola y con su habitual desparpajo fumaba en pipa; una fea costumbre de los habitantes de bahía del botín.
Dhante le recibió con los brazos abiertos y una amplia sonrisa.
-¡Vaya, vaya! Pero si es el pequeño Yuhe.- Se dieron un fraternal abrazo.- ¡Mírate. Estás hecho todo un señor de la guerra!
Yuhe iba ataviado con una capa de piel y una armadura ligera de viaje. Se llevó la mano al cinto tras separarse del abrazo - y tú sigues siendo el mismo pícaro de siempre. - Extendió la mano - Devuélveme la espada.
Dhante chasqueó la lengua - Estoy perdiendo facultades.
-Me has hecho demasiadas faenas de niño como para fiarme de ti.
La escandalosa risa de Dhante hizo que otros miembros de la familia Runaplata salieran a recibirle. Todos habían sido convocados en la mansión a requerimiento de su tío Zerth el cabeza de familia y tutor de Yuhe.
La primera en echársele al cuello fue Eray, la mayor de todos los primos e hija de Zerth. Una segunda madre para el paladín. Se había ocupado de él tras la muerte de su madre en extrañas circunstancias.
Le abrazó tan fuerte que de no ser por la armadura que llevaba le habría sacado el aire de los pulmones. Yuhe reprimió un gesto de dolor, aún no se había recuperado de las heridas sufridas en el asedio a Orgrimar
-¡Por todos los dioses Yu!-Le cogió las manos y le contempló visiblemente emocionada-¡estás guapísimo! Eres la viva imagen de tu padre.
Yuhe sonrió incomodo sin saber que decir. Luego vino la tía Vhez, madre de Dhante, que también le recordó el parecido paterno y el orgullo que esto suponía. Dentro le esperaba la familia al completo: Otra hija de Vhez, Ynera. Los hijos de Eray, cuatro en total. El esposo de esta; un sensato humano que prefería mantenerse al margen de asuntos familiares sabedor de la escasa simpatía que despertaba en su suegro.
Solo faltaba el gemelo de Dhante. Su hermano era un entusiasta explorador, un espíritu errante; o en palabras de su propio hermano “un culo inquieto incapaz de permanecer más de una temporada en el mismo lugar”
-o-
A la hora de la cena, el patriarca de los Runaplata aún no había hecho acto de presencia. Nadie se extrañó, Zerth no solía participar en los actos familiares y también era un alivio pues era un hombre bastante autoritario y a menudo inquietante.
En el postre todos hablaban animada mente, poniéndose al día de sus vidas. El centro de atención era Yuhe y su participación en los recientes acontecimientos. Al paladín no le gustaba alardear de lo que consideraba su deber pero ante la insistencia de los presentes accedió a relatar el asedio y como le habían dejado fuera de combate.
Como siempre la tía Vhez derivaba la conversación a las hazañas de su querido y difunto hermano, el padre de Yuhe. Hablaba con devoción del coraje demostrado al escapar de su cautiverio en Corona de Hielo y de su valentía al regresar a liberar a los demás prisioneros entre los que se encontraba su hermano mayor Zerth.
En realidad la tía Vhez y el resto de la familia sabía lo mismo que se contaba en todas partes. Una heroica historia de honor y sacrificio debidamente adornada. Yuhe estaba cansado de oír aquella historia. Cansado de las comparaciones, cansado de tener que estar siempre a la altura de aquel cuento para niños. Cansado de la vida militar que había seguido solo porque era lo que se esperaba de él. Le dolía el costado y el agotamiento físico por la larga campaña hacía mella en su estado de ánimo. Se separó de la reunión y entro en una sala de lecturas contigua. De niño solía refugiarse allí cuando se sentía así.
La sala estaba en penumbras, solo un pequeño candil arcano flotaba encima del solitario lienzo que adornaba la pared. Yuhe la había contemplado cientos de veces. En la imagen aparecía la fachada de las prestigiosas bodegas Runaplata, el negocio familiar; y delante los tres hermanos: Zerth el mayor, sonreía. La única ocasión en la que le había visto sonreír. Ya por aquel entonces tenía el pelo blanco. A su lado la pequeña y pecosa tía Vhez. Rodeándola con el brazo el hermano mediano: Koga, un joven de expresión risueña con el pelo del color del otoño recogido en una coleta alta de mechones rebeldes y flequillo despeinado. Era cierto que se parecían muchísimo, debían tener la misma edad en aquella foto.
Un leve chasquido y un destello le sacó de sus pensamientos. Se volvió instintivamente echando mano a la inexistente espada de su cinto.
- Tranquilo soldado. - Dhante había encendido su pipa en un rincón de la sala en sombras. Se incorporó del sillón en el que había estado cómoda mente sentado con sus desgastadas botas encima de la mesita del té.
- A mi también me resulta inquietante esa foto - se puso junto a Yuhe a contemplar el cuadro mientras fumaba.
- ¿A que te refieres?
Dhante señaló la figura de Zerth, Yuhe la miró sin comprender.
- Esa foto fué tomada mucho antes de que nosotros naciéramos. ¿No te resulta extraño que nuestro "amado" tío tenga el mismo aspecto que ahora?
Yuhe se fijó atentamente. Su primo tenía razón, ni el más mínimo signo del paso de los años diferenciaban aquella vieja foto del aspecto actual de su tutor.
- La verdad es que nunca me había fijado.
- ¿Te has criado en esta mansión y nunca te has fijado?
- El tío Zerth siempre se ha limitado a lo referente a mi educación y poco más.
Los dos hombres se quedaron en silencio mirando el lienzo.
- No sé si lo que cuentan las viejas sobre tu padre es verdad o no - Dhante exhaló el humo - Solo te puedo decir lo que yo recuerdo. Era un buen hombre que amaba a su familia. - le dio unas suaves palmadas en la espalda y alzó su pipa hacía el cuadro- Quédate con esta imagen Yuhe, porque esta es la única verdad.
-o-
lunes, 2 de marzo de 2015
El descubrimiento de Pandaria: Olor a pólvora y manada de cabras. (Parte 1)
Antes de previa lectura, por si acaso, aquí dejo las fichas de cada personaje:
- http://es.wiki-errantes.wikia.com/wiki/Musimalapagu_Zarpa_Ventosa
- http://es.wiki-errantes.wikia.com/wiki/Lliffy
- http://es.wiki-errantes.wikia.com/wiki/Musimalapagu_Zarpa_Ventosa
- http://es.wiki-errantes.wikia.com/wiki/Lliffy
- ¡Alfreeee! ¡Xin! - Musi llamaba a los hombres desde la ventana del cuarto superior- ¡Volved ya a casa que hace rasca!
El viento corría cada vez más helado debido al intercambio de temperatura con el suelo y el lago, provocando que el rebaño de cabras montesas de la familia volviesen perezosamente al cercado guiados por Babas, la mascota de la pareja de granjeros. Lliffy y Xin se hallaban realizando la labor del pastoreo, mientras que Musi realizaba sus labores de ama de casa. En ese momento, Xin se ruborizó por el frío mientras y su tío se percataba de la llamada de Musi.
- Xin, la parienta nos llama. Volvamos. - Decía Lliffy mientras veía asentir a Xin.
Ambos seguían el camino de vuelta al hogar, guiados por la luz que desprendía y el olor cálido y acogedor de los guisos caseros de la esposa. Una vez allí, veía la mesa puesta por ella. Se sentaron velozmente y empezaron a engullir como patos los platos servidos. Musi les acompañó en la cena y comía con un poco de dignidad, aunque no se avergonzaba de limpiar el plato al final. Babas perseguía también el aroma del guiso de costillas de mushan, conseguidos a buen precio en el mercado de El Alcor. Mientras este ladraba y pedía una porción del sabroso plato, los tres se centraban en acabar de cenar.
Tras la cena, Musi se acordó de la mascota, le sirvió dos cuencos del guiso, separando lo sólido del lo líquido. Los hombres de la casa ensayaban sus gases orales en la puerta de la casa, debajo del cielo estrellado. A estas horas de la noche, las bandadas de aves del valle dejaron el vuelo para reposar en sus nidos y alimentar a sus crías. A lo lejos, se veía el farolero asegurando los caminos, asustando a las bestias de la noche con su luz candente.
- Alfre, ¿comprobastes el gallinero? Como vuelvan los zorros de nuevo mañana nos quedamos sin los calabacines que nos prometieron los "pijitos" de al lado. -
- Será posible... - Refunfuñaba Lliffy - Ahora vooooooy... - Se levantaba perezosamente de la puerta y se acercaba al gallinero con una vela encerrada en un farolillo. Xin, al parecer, se quedó sin gases para expulsarlos de forma grotesca y se dispuso a acariciar a Babas mientras veía a su tío alejarse del hogar.
Después de que el marido regresase a casa, la señora y su sobrino se encontraban con sus ropajes de cama, esperando a que Lliffy se vistiese de la misma forma. La pareja duermen arriba, juntos en el piso de arriba, mientras que Xin duerme en una cama improvisada que, al paso del tiempo que llevaba este viviendo allí, mejoraba en su aspecto y comodidad. Babas dormía al lado de la puerta, rodeado de trapos viejos que los pandarens le cedían. Fue una noche tranquila, como todos los días en Pandaria.
Sin embargo, todo cambió al día siguiente...
Hace pocos días que la niebla que cubría Pandaria para ocultar el continente se había disipado, dejando tal inmensidad expuesta a cualquier extranjero, y, como se veía venir, las noticias de una nueva tierra inexplorada se difundieron por los continentes de Azeroth. Tanto Horda como Alianza, envueltos en su codicia y odio mutuo, embarcaron para conquistar la nueva zona misteriosa.
A ojos de la familia granjera, el día empezó como uno cualquiera. Mañana de tareas del hogar, del ganado, revisar los cultivos... Hasta el momento de ir al mercado. Musi, a lomos de Mogueh, una de las cabras que usan como montura, Lliffy, tirando de las riendas y yendo a pie, y Xin, cubriendo la espalda despreocupado, se dirigieron a El Alcor sin noticias algunas. Se veía, desde la lejanía, una multitud reunida en la zona baja del lugar: vecinos, vendedores, personas mayores, niños... Todos formaban una piña casi redonda, evento que casi nunca pasaba.
Lliffy y Musi lo vieron desde una distancia considerable, preguntándose mentalmente qué pasaba. Xin seguía con sus cosas de chico feliz. Sin embargo, a la hembra le picó su curiosidad de correveydile, alzó el brazo como descubridor y gritó "¡Corred, que quiero cotilleo fresco!". Lliffy, viéndola venir, se cubrió la cara de la vergüenza, y Xin, sorprendido, corrió, se adelantó al mercado e intentaba documentarse.
Al llegar a la multitud, se veía claramente como los comerciantes, con sus carros repleto de provisiones, estaban estancados en el lugar protestando, junto con unos peregrinos, en mitad de trayecto, que no podían seguir su ruta. Algunos se dirigían al Bosque de Jade, otros a Espesura Krasarang, pero no podían completar la ruta... El Shadopan se interponía en cada acceso. ¿Motivo? No hubo respuesta, por lo que la preocupación aumentaba por segundo.
Entre tanto barullo, Musi se colaba como culebra entre los lugareños para conseguir información acerca de lo ocurrido. Para ella, esa actitud es inevitable... Por poner un ejemplo, sería la antigua Fuente del Sol para los sin'dorei. Mientras, los dos hombres la esperaban, espectantes, a que la señora consiga su jugosa información, se dedicaban a olfatear los puestos de comida que habían por alrededor y a babear de forma discreta. El resumen que ésta les dijo a ellos fueron acerca los accesos cortados y la frustación de estos.
Sin más respuestas a lo ocurrido, la incertidumbre llegaba a todo el valle, dejando una nube de preocupación en toda la población. Era la primera vez que un acontecimiento irrumpía la tranquilidad después de tanto tiempo, excepto los avances en los territorios yaungol y mogu. Todo parecía pacífico tras la caída de Lei Shen y el sacrificio del último emperador... Tras tanto tiempo, el aire traía olores nuevos, los animales notaban los cambios bruscos que se avecinaban, incluso los jinyus cada vez notaban las tensiones que sufría el agua. La naturaleza sufría por un motivo desconocido. Sin embargo, todos confiaban en la única línea de defensa que contaban, aunque estos les ocultasen la verdadera historia.
Sin más respuestas a lo ocurrido, la incertidumbre llegaba a todo el valle, dejando una nube de preocupación en toda la población. Era la primera vez que un acontecimiento irrumpía la tranquilidad después de tanto tiempo, excepto los avances en los territorios yaungol y mogu. Todo parecía pacífico tras la caída de Lei Shen y el sacrificio del último emperador... Tras tanto tiempo, el aire traía olores nuevos, los animales notaban los cambios bruscos que se avecinaban, incluso los jinyus cada vez notaban las tensiones que sufría el agua. La naturaleza sufría por un motivo desconocido. Sin embargo, todos confiaban en la única línea de defensa que contaban, aunque estos les ocultasen la verdadera historia.
El trío de pandarens, al ver que tenían que esperar la respuesta, continuaron con su rutina diaria. Tras los recados, volvieron al hogar con sus despensas... Bueno... Semillenas de provisiones... Y dedicaron el resto del día a labrar la tierra y criar el ganado, esperando a que un agente del Shadopan les garantizase seguridad y paz.
Obviamente, esto no sucedió.
domingo, 1 de marzo de 2015
Chamán
La joven orco cayó de rodillas al suelo, con la lluvia
golpeando con fuerza sobre su piel llena de heridas aún humeantes. Hizo un
esfuerzo para tratar de ponerse en pie, sin éxito, y volvió a caer sobre el
barro.
-Deja que te ayude, bajaremos a la fortaleza y… - Comenzó a
decir su hermano Gromil, antes de verse súbitamente interrumpido.
-¡No! – Shan´Nah interrumpió al orco regordete. – Bajaremos de
aquí como orcos de pleno derecho y por nuestro propio pie, o no bajaremos. - La
respiración acelerada de la orco hacía ver que para ella la segunda opción era
la más probable, aunque también era cierto que siempre había ido en contra de
las probabilidades y había prevalecido.
-Vamos Shani, sé razonable. – El joven chamán suspiró,
sabedor de que, muy a su pesar, su hermana era muchas cosas: fuerte, valiente,
temeraria, honorable… pero desde luego razonable no estaba en la lista. – Puedo
volver otro día y hacerlo yo también.
La joven guerrera rugió y se acercó ayudada por su hacha,
que usaba como muleta, a su hermano. Le miro a los ojos llena de ira y enseñó
los dientes. – Ponte ahí y levanta esa maldita hacha de juguete que llamas arma.
Gromil tragó saliva y comenzó a avanzar hacia el lugar que
le correspondía. A decir verdad, aunque confiaba plenamente en ella, su hermana
también le daba algo de miedo. Maldijo refunfuñando a sus ancestros, a las
tradiciones barbáricas de su clan y a su familia, por no escuchar sus objeciones
cuando su padre hizo esto por primera vez, cuando lo repitió su madre, su tío,
o hacía unos instantes cuando su hermana había hecho la misma estupidez. Ahora
esperaban que fuese él quien lo hiciera, y a pesar de que no veía el modo en el
que ser alcanzado por tres rayos podría beneficiarle, prefería arriesgarse con
la electricidad que enfadar a su melliza.
El joven orco, dubitativo, alzó su hacha hacia las terribles
nubes de tormenta que rugían sobre ellos como bestias furiosas, lanzó un ruego
a los elementos para que cuidasen de él y aspiró hondo, justo antes de que el
rayo impactase sobre su arma, y la crepitante electricidad recorriese todo su
cuerpo, abrasando su carne. Curiosamente, Gromil ni tan siquiera gruñó.
Sacudió la cabeza y miró a su alrededor. Estaba en El Cruce,
pero era un niño de nuevo. Otros cachorros de la Horda le habían tirado su
libro al suelo y se burlaban de él llamándole elfito verde. Él no entendía muy
bien a qué venía ese insulto. A fin de cuentas, su tío era realmente un elfo,
uno muy honorable y fuerte, tanto que incluso se había ganado el sobrenombre de
“Rosadito” porque según su padre, el elfo era en realidad un orco rosadito.
Se levantó, y sin cortarse un pelo, les dijo a los abusones
que eso no era un insulto, que su tío era un elfo y era mil veces más honorable
que todos sus padres juntos. En cuestión de segundos se vio alzado del cuello
por un muchacho tauren, mientras otro joven orco, unos años mayor que él y
bastante más corpulento, se crujía los nudillos. Gromil era demasiado listo y
bocazas para su propio bien, y ahora se hallaba en una situación que tenía una
frecuencia sorprendentemente habitual.
Entonces un borrón verde impactó de pleno contra la cara del
orco que se disponía a arrearle, derribándolo. El tauren soltó instantáneamente
a Gromil cuando sintió la rodilla de Shan´Nah clavarse en su estómago, justo
antes de irse al suelo inconsciente de un cabezazo de la orco.
Su hermana se giró hacia Gromil, que estaba en el suelo
junto a su libro. Sangraba profusamente por la frente, y los goterones
resbalaban por su cara hasta una sonrisa de autosuficiencia, mientras le tendía
la mano para levantarse.
Gromil parpadeó y contempló de nuevo ante sí el escarpado
paisaje de Filospada ante sus pies. Echó un vistazo a su hermana maltrecha, por
el rabillo del ojo, y sonrió. Por fin comenzaba a comprender la insistencia de
su padre en aquella tradición que le había parecido tan estúpida al principio.
Idnaar podía no ser muy listo, desde luego no tanto como él, pero a pesar de
todo aún tenía lecciones que enseñarle. El primer rayo le había recordado su
necesidad de humildad, y que aunque muchas veces las tuviera, no tenía todas
las respuestas. El segundo rayo impactó sobre el arma, pero de algún modo esta
vez no sintió el dolor lacerante del primer impacto, aunque sí el suficiente
como para cerrar los ojos en una mueca de sufrimiento.
Cuando los abrió, vio ante él a un orco que no conocía,
malherido. Un hueso partido asomaba entre la carne de su pierna. Gromil, sin
pensarlo dos veces, lo recolocó mientras el orco aullaba de dolor, y canalizó
la fuerza de los espíritus de vida a través de sí para sanar la herida. Sólo
entonces miró a su alrededor y se dio cuenta de lo que sucedía: un enorme gronn,
mucho más de lo que había imaginado incluso en las leyendas sobre Gruul, estaba
atacando la Fortaleza del Clan. Su madre yacía tirada en el suelo mientras Silver,
protector, gruñía amenazando a la bestia, y su padre hacía retroceder al
gigantesco monstruo con diestros golpes.
Cada vez que Idnaar golpeaba con las espadas del clan, era
como si estallase un trueno, y allí donde hacía mella, la electricidad
chisporroteaba con fuerza. El monstruo no estaba preparado para el gigantesco
orco ni sus excepcionales armas. Gromil estaba seguro de que si lograba
distraer a la bestia, su padre podría darle muerte, así que se concentró en
canalizar la crepitante energía del aire en un potente rayo, que salió directo
al único ojo de la bestia.
El monstruo rugió irritado, lleno de furia y dolor, se giró
con una velocidad inesperada para una criatura de su tamaño, y lanzó un
poderoso manotazo en dirección al chamán. Vio la mano descender hacia él,
incapaz de reaccionar a tiempo, y se preparó para enfrentar su muerte con la
cabeza alta. Esperaba que su padre le diera su merecido a ese engendro. De repente
sintió un fuerte tirón que le sacó volando hacia atrás, seguido de un grito de
dolor. Él estaba bien, pero su hermana había sido atrapada por el golpetazo.
Una nueva amenaza desde su costado llamo la atención del
gronn: era Eidorian, su tío, que le ordenaba a gritos que sacase de ahí a su
hermana. Claro que eso era más fácil decirlo que hacerlo. El cuerpo de Shan´Nah
estaba destrozado, aplastado por la titánica fuerza del gronn, aunque ella
milagrosamente aún seguía consciente y le sonreía entre tosidos sanguinolentos.
Su hermana había muerto para salvarle. Gromil se sacudió las lágrimas de los
ojos; su hermana estaba a las puertas de la muerte, pero aún no había muerto. Él
era un chamán y podía traerla de vuelta.
Resoluto, enfocó toda su energía en reunir el poder
suficiente para devolverle la vitalidad y sanar las heridas de Shan’Nah. Sentía
el cansancio y la fatiga abrirse paso, mientras él acumulaba el poder necesario
que envolvía a su hermana moribunda y la restauraba. Finalmente no pudo más y
se desplomó, exhausto.
Shan´Nah se levantó y lo ayudó a ponerse en pie. Estaba
completamente restablecida y llena de vigor. Le dio una palmada en el hombro y
echó a correr desarmada y con la armadura destrozada hacia su padre y su tío,
que combatían a la bestia. Idnaar lanzó una de las espadas a la joven, que la
cogió en el aire y con una gran agilidad se encaramó a la espalda del gronn,
por la que ascendió hasta la base del cuello, donde hundió la espada. La luz
les cegó, y un trueno ensordecedor resonó por los estrechos cañones de
Filospada, ahogando los vítores de los muchos orcos que habían participado en
la batalla.
Su familia se acercaba a él: su tío, ahora sin un ojo,
ayudaba a su madre herida a caminar, mientras que su enorme padre, al que la
cresta ya se le comenzaba a volver gris, bromeaba con su hermana, aún joven
pero ya adulta. Él siempre había envidiado aquella camaradería, aunque ahora se
alegraba de poder presenciarla una vez más. Entonces su padre se acercó, y
cogiéndolo de la muñeca, alzó su brazo en alto. Los orcos, que portaban el
tabardo azul del clan, estallaron nuevamente en vítores, mientras su hermana posaba
su mano sobre el otro hombro.
La fría lluvia fue lo que le trajo de vuelta a Filospada una
vez más. Había visto un futuro no muy lejano, uno con un clan fuerte y unido,
con el sueño de su padre hecho realidad, luchando juntos como verdaderos orcos.
No pudo evitar sentirse orgulloso de sí mismo y de su
familia. Esperó con tranquilidad el tercer y último de los rayos que debían
impactarle, cerrando los ojos, listo para el dolor, pero en su lugar simplemente
se sintió bien, en comunión con los elementos; el rayo, el viento, la lluvia y
la montaña bajo sus pies, eran uno.
Abrió los ojos frente a una gran pira funeraria. Notando el
peso de los años a sus espaldas, miró a su alrededor. Unos enormes monumentos
funerarios presidían la ceremonia; pertenecían a sus padres. Observó la pira y vio
el cuerpo de su hermana, marcado por los años y la guerra. A su lado se
encontraba Rosadito, viejo, pero aun así más joven que él, con las enormes
espadas de Idnaar a la espalda, y cogiendo por el hombro a un entristecido adolescente
orco de facciones extrañamente familiares. Un elfo custodiando las espadas de
un clan orco; la imagen no pudo evitar recordarle a cuando los niños del Cruce
se burlaban de él, y sonrió.
Avanzó con confianza ante los cientos de orcos allí reunidos
para despedir a su hermana. A juzgar por la multitud, debía de haber sido una
guerrera excepcional y una gran líder. Ahora él se encargaría de que su
espíritu se reuniera con el de sus padres y otros ancestros, que la recibirían,
complacidos con su legado y el honor y la gloria que había traído al clan en
vida. Ese era su último regalo para su hermana: una despedida digna de los más
grandes héroes de su clan.
La calidez del sol trajo de vuelta al mundo real a Gromil.
La tormenta había pasado, y su hermana le esperaba con el hacha por muleta.
Caminó hacia ella, con la piel crepitante aún por la energía, y los ojos
brillantes.
-Has hecho trampa con tus cosas de chamán. –Shan´Nah torció
el gesto. – No sé si eso es honorable.
El chamán simplemente rió y abrazó a su hermana, cuyas
heridas comenzaron a sanar.
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