martes, 10 de noviembre de 2015

El Sendero De La Furia. II - Más allá del portal oscuro



Shan´Nah terminó de subir las escaleras y se detuvo frente al Portal Oscuro. Los vientos de magia que emanaban del mismo movían con suavidad las pequeñas trenzas que venían desde la base de su cresta. Un olor familiar en el aire hizo que agriase el gesto: Brujería.

Jadeando con fuerza tras ella, su hermano por fin le había dado alcance. Shan´Nah era una orca de acción, se ejercitaba a diario y hacía todo lo posible por ser siempre más fuerte y resistente, tratando en vano de algún día, tal vez, lograr igualar a su padre. Él, por el contrario, tenía una filosofía de vida más contemplativa, y eso se notaba en su panza. Con tan solo 14 años ya era mucho más sabio y culto que la mayoría de los orcos. Siempre había sido el inteligente de la familia: fue el primero de los dos en aprender a leer y escribir; al poco tiempo ya era mejor que sus padres en ello. Había aprendido de su "tito Rosadito" las peculiaridades de la conducta y el lenguaje de los elfos de Sangre, e incluso a pesar de la ausencia de ningún mentor, fue capaz de lograr comunicarse con los espíritus. Gromil era un chamán, o lo sería si se esforzaba lo suficiente y estudiaba. Su responsabilidad era infinita: era el primero de su estirpe bendecido con esos poderes, y si bien todo lo relativo a los espíritus resultaba algo alienígena para sus padres y su hermana, sabía que contaban con él para que el día de mañana se ocupase de los asuntos espirituales del clan.

-Odio la brujería. - Declaró la adolescente ante su hermano mellizo, que se encogió de hombros.
-Es lo que hay. Pero si te sirve de consuelo, sin ella no tendríamos esta oportunidad.- Al escucharle, Shan´Nah gruñó levemente.

- ¿Nos va a doler? - La guerrera trataba de hacerse a la idea de lo que sería su viaje a través del Portal Oscuro.

-No, será como el que atravesamos con papá y mamá. – Respondió él, con más seguridad de la que realmente tenía.

-Pero este no es igual: es rojo y da al pasado. - Shan´Nah sentía una profunda desconfianza por cualquier tipo de magia.

- Será exactamente igual. - Gromil sonrió con malicia. - ¿No tendrás miedo, verdad?
La joven orca no respondió y se limitó a avanzar hacha en mano hacia el brillo rojizo de la imponente construcción. Tenía miedo; no comprendía la magia, y si algo iba mal, no podría salir de los problemas con su hacha, pero el tacto familiar del arma le reconfortaba igualmente, aunque jamás iba a admitirlo frente a su hermano. Ella era la mayor, aunque solo fuese por segundos: ella debía protegerle.

Gromil la siguió, satisfecho de sí mismo. Su hermana resultaba extremadamente fácil de manipular.


En lo que para ellos apenas fueron un par de pasos, recorrieron una distancia imposible de medir, e incluso retrocedieron más de 30 años en el tiempo. Ahora se hallaban de pie frente a una enorme selva, que en la época de donde ellos procedían no era más que un árido páramo destrozado y corrupto por la energía vil.

Ninguno de los dos pudo reprimir una sonrisa al ver su mundo natal aún rebosante de vida. La mayor de los hermanos se giró hacia su mellizo, justo a tiempo para ver como éste se desplomaba.
-¿Es cosa de la magia, verdad? – Preguntó, ayudándole a levantarse.

-No exactamente. Es que los elementos aquí son diferentes, fuertes, chillan. - Gromil se separó de su hermana, haciendo ver que podía valerse por sí mismo. - Estaré bien, debo acostumbrarme y esforzarme por comprenderlos. Pero ya tendré tiempo para eso cuando acampemos. En marcha.
Shan´Nah, aunque no estaba muy conforme con la respuesta, no discutió, y comenzó a bajar las escaleras. Debían adentrarse en la selva dirección al oeste para llegar al embarcadero que les llevaría a zona segura.

Llevaban varias horas de viaje cuando se encontraron con un grupo de orcos diferentes a ellos, pues en lugar de tener la piel verde, la tenían marrón, tal y como la habrían tenido ellos de no haberse contaminado su sangre generaciones atrás con la magia vil de la Legión Ardiente.
-¡Vaya, chica, menudo hacha llevas ahí! - Exclamo uno de los orcos marrones, calvo y con barba trenzada.

-Es un arma fiable y nunca se sabe cuándo hará falta. – Respondió, cortante y en guardia.
- Jaja. - Otro más joven y levemente más atractivo al estilo de los orcos se rió del comentario. - Son buenas palabras, muchacha. ¿Tú y tu novio viajáis solos?

-No somos novios, es mi hermana. - Aclaró Gromil. - Nos dirigimos al Puerto de Hierro.
Shan´Nah reprimió una mueca ante la ingenuidad de su hermano.

- ¿Y quiénes sois vosotros que preguntáis tanto? - Desconfió la orca.

-Perdón, que modales. - Respondió nuevamente el atractivo. - Soy Gaz, y él es Trok.- Señalando al barbudo.- Ellos dos son Thrakka y Dakka. - Añadió en referencia a un orco bajito y obeso, y otro que parecía no comer lo suficiente.

-Eso aún no responde a quienes sois. - Señaló Shan´Nah.

-Somos simples comerciantes que llevamos mercancías a tierras de nuestro Clan, los Lobo Gélido. Si os apetece, podemos compartir el camino; las selvas son peligrosas y nunca vienen mal un par de hachas extra en caso de ataque.

-No lleváis el emblema de los Lobo Gélido. - Puntualizó Shan´Nah, extrañada de que todo fuese tan conveniente.

-¿Cómo que no? - Interrumpió el gordo. - Lo tenemos aquí mismo.- Se señaló a un medallón en el pecho y que traía un logotipo desconocido para ellos.

La joven miró a su hermano en busca de confirmación de la veracidad de las palabras de Thrakka. Gromil se encogió de hombros, incapaz de recordar dónde había visto ese símbolo antes. Lo más probable es que lo hubiese visto de pasada con Gromgard en la sede de los Lobo Gélido de su mundo. Podría ser una versión antigua del emblema; a fin de cuentas estaban muchos años en el pasado, y el colgante de hierro seguía mostrando un lobo.

- Os agradecemos la oferta, generosos comerciantes. Viajaremos con vosotros.- Decretó el muchacho.
El viaje transcurrió sin más sorpresas. Los comerciantes eran charlatanes y animados. A Gromil le caían especialmente bien los hermanos, que se pasaban el día contando chistes subidos de tono y haciendo bromas. Por su parte, Shan´Nah charlaba de vez en cuando con Gaz, el guaperas, que parecía tener cierto interés en ella. Sonrió ante la idea de ver a Shani con un pretendiente: el pobre no sabía lo que le esperaba. Trok, por su parte, se dedicaba a conducir el carro de mercancías, atento al camino.

Acamparon en un claro amplio, un lugar en apariencia seguro desde el cual verían venir cualquier amenaza con tiempo suficiente. Cenaron copiosamente e incluso bebieron algo del licor que los gemelos les ofrecieron. Tenía un sabor extraño, aunque reconfortaba el estómago. Shan´Nah se ofreció para hacer la primera guardia.

Era una noche tranquila, dentro de todo lo tranquilo que puede ser un lugar desbordado por los sonidos de las bestias nocturnas y el crujir continuo de los árboles. La joven orca removía distraídamente las brasas, valiéndose de un palo para evitar que el fuego se apagase, mientras mantenía la vista fija en la espesura para no quedar deslumbrada.

El viejo Trok se acercó y se sentó cerca de ella.

-Tu hermano y tú sois muy valientes al haber hecho este viaje tan largo solos. - Hizo una pausa. - Es admirable, ¿pero qué esperáis encontrar?

-Buscamos a las Furias. Él es un chamán y desea aprender de los espíritus de Draenor. - Bajó la mirada. - En el lugar de donde provenimos el mundo está destrozado y los espíritus son débiles. Explorando este mundo y aprendiendo de la Furias, traeremos gloria y honor al Clan.

Trok sonrió y de repente Shan´Nah sintió unos fuertes brazos que la sujetaban desde su espalda. Era Gaz, flanqueado por los hermanos, quien la había atrapado en una presa férrea de la que muy pocos orcos podrían escapar.

Sin embargo Shan´Nah no era una orca cualquiera: era la digna hija de su padre Idnaar, y heredera de sus increíbles testarudez y fuerza. Juntó su barbilla contra su pecho y descargó un fortísimo golpe hacia atrás con la cabeza. El ruido del hueso al partirse y el alarido de Gaz le hicieron sonreír levemente, pero lejos de detenerse a disfrutar de su triunfo, aprovechó los breves instantes en los que Gaz había aflojado su presa para liberarse y derribar al joven con una fuerte patada.

Rodeada como se encontraba, sus opciones eran escasas. De hecho, se resumían en elegir oponente. Tras valorar sus opciones, cargó contra Thrakka, el que parecía más fornido de los hermanos. Un brutal derechazo dio con el orco inconsciente en el suelo, a tiempo para girarse y ver como Dakka cargaba contra ella.

Recordó sus enseñanzas esquivando jabalíes en el Cruce y esperó hasta el último segundo para apartarse. Dakka tropezó con su hermano y rodó por el suelo, al igual que Shan´Nah al recibir la brutal carga del viejo, que logró inmovilizarla en el suelo.

-Padre, mira lo que me ha hecho esa ramera. - Gaz retiró la mano de su nariz rota, que sangraba profusamente. - ¡Me ha destrozado la cara!

-Tranquilo, cachorro, la venderemos como esclava de placer al peor tugurio que encontremos.- Sonrió malévolamente. - Deseará no haber nacido. Tal vez antes incluso puedas probarla tú mismo.
Shan´Nah forcejeó en vano al escuchar sobre su nuevo destino.  

Gromil dormía plácidamente. Había bebido abundantemente del licor, que le había dado somnolencia sospechosamente rápido. Roncaba sereno, cuando una voz en su cabeza le llamó: "Despierta". Gromil se encontraba tan sumido en el sueño que aún resultaba inalcanzable para la voz. La lluvia comenzó a tocar con suavidad la piel del orco dormido, en cuyos sueños se estaba colando una voz apenas audible: "Despierta". El viento arreció y la hoguera ardió con más fuerza, a la par que el monzón se intensificaba y esta vez escuchó con claridad varias voces al unísono: "¡DESPIERTA!".

Gaz se desabrochó el pantalón de cuero, mientras sus compinches sujetaban a la joven, ahora desprovista de armadura de ninguna clase. El acuerdo al que habían llegado para el castigo a la orca es que él sería el primero, al ser el más perjudicado; a continuación sería el turno de Thrakka, que había sido golpeado por la hembra, y finalmente le tocaría a Dakka, que aunque había salido bien parado, no planeaba quedarse sin su parte de la diversión. Trok, por su parte, se contentaba con la expectativa de dinero. La mercancía demasiado usada valía menos, y aunque no podía evitar que los chicos fuesen chicos, él era un viejo con suficiente autocontrol. Ya se gastaría la recompensa en alcohol y en putas, que aunque menos atractivas, seguro que sobrepasaban a la joven en experiencia.
-Ten cuidado, Gaz, las cachorrillas gélidas muerden. - Dakka se rió.

-Soy una Lightningblade. – Gruñó, forcejeando con renovadas fuerzas, aunque insuficientes. Tras haberle obligado a beber aquel licor mientras la inmovilizaban, permanecer consciente era una batalla que requería de casi todas sus fuerzas. Tal vez sería mejor dejarse ir, no sentir nada, rendirse, pensó. Pero ella era Shan´Nah, hija de Idnaar; ella no se rendía. Podría estar derrotada y humillada, pero eso sólo alimentaría su furia, sus fuerzas. En algún momento iban a descuidarse, y en ese instante se tomaría su venganza.

-Hace años que el Lobo de Hierro exterminó a esos debiluchos.- Thrakka se rió, y una chispa de odio ardió con intensidad en los ojos violetas de Shan´Nah.

-Si tienes suerte, tal vez des a luz a un Thunderlord. Sería un honor para tu lamentable linaje.- Gaz escondía tras su fachada a un ser verdaderamente horrible.

-¿Sabéis cuál es el problema de los Thunderlord? - Preguntó una voz a las espaldas del retorcido guaperas.- ¡Que el trueno arma mucho jaleo, pero el rayo golpea!

Gaz se giró al escucharlo, y un mazazo crepitante de electricidad impactó sobre su pecho, haciéndole volar varios metros hacia atrás en una explosión cegadora. Shan´Nah, viendo su oportunidad, reunió todas sus fuerzas para dar un tirón al brazo que sujetaba Dakka y acercarlo lo suficiente como para alcanzar su cuello de un mordisco y desgarrarlo sin piedad.

-Her... mano… - Alcanzó a decir lastimeramente y entre gorgoteos.

Thrakka, sin perder un solo instante ni soltar a la orca, sacó un puñal y trató de clavárselo a su enemiga. Un rodillazo bien dirigido a la entrepierna terminó con el ataque. Una serie de puñetazos furiosos acabaron con la cara del pobre desgraciado, hasta que su cráneo se convirtió en una masa rojiza e irreconocible. 

Con su obra terminada y la ira levemente apaciguada, por fin el licor sedante se impuso y regresaron los mareos. Trok, atraído por el estruendo apareció en escena y pudo ver a su cachorro con el pecho hundido varios metros más allá del charco de sangre que conformaban los hermanos, y sobre el que se encontraba Shan´Nah de rodillas.

-¡Perra lobo gélido! - El viejo cargó, hacha en mano.

-Soy una Lightningblade y golpeo como el rayo.- Aunque mareada, hizo acopio de todas sus fuerzas y se lanzó hacia adelante contra el orco armado. Trató de esquivar la acometida, pero recibió un hachazo. Le daba igual, eso no la mataría. Cargó contra las rodillas del orco a la carrera, y se valió del impulso de su enemigo para lanzarlo por los aires; frenó en seco y se abalanzó sobre su rival derribado, donde apretó el cuello hasta escuchar el inequívoco sonido de éste al romperse.

Gromil posó la mano sobre el hombro de su hermana, y ésta pudo sentir como los restos del veneno iban desapareciendo, mientras que su herida se cerraba con rapidez.

- ¿Estás bien? – Preguntó, no muy seguro de querer conocer la respuesta. Shan´Nah asintió.
- Ese fue un golpe de mil demonios. Papá se enorgullecería de ti.

Gromil la miró, confuso. La habilidad de Shan´Nah para recomponerse era asombrosa. Si él hubiera estado en la misma situación que ella, con tres orcas, estaba casi seguro de que habría abrazado a su hermana y se habría echado a llorar.

-Vamos, tenemos que recuperar mi hacha y mi armadura.- La orca marchó en dirección al carro, totalmente ajena a lo que acababa de suceder.

El chamán echó un último vistazo al tórax reventado de Gaz. Los espíritus le habían ayudado esa noche, y en Draenor eran mucho más poderosos de lo que él jamás habría soñado. Sin embargo, y a pesar de no haber deseado lo contrario de ninguna de las maneras, no podía evitar la sensación de que esa ayuda iba a tener un precio que no tardaría en descubrir.

El sendero de la Furia. I - leyendas vivientes.



Gromil corría todo lo rápido que podía, que no era mucho, por las calles del bastión aún medio en ruinas. El bastión Lightningblade hacía tan sólo unos meses que se había recuperado de manos de los ogros, gracias a los esfuerzos de la Horda, para cedérselo de nuevo a sus legítimos propietarios.
Había sido algo inusual que la Horda se movilizase para recuperar aquellos territorios con poco más valor que el sentimental. Sin embargo, Idnaar se había ganado muchos aliados durante los años que había combatido con honor en nombre de la Horda. Eso, y una gran cantidad de oro que Eidorian había logrado sacarle a su hermana Tuzah en concepto de limosna, habían sido suficiente para recuperar aquellos terrenos de manos ogras.

Con los ogros expulsados, la Horda no tardó en enviar algunos efectivos para colaborar en la defensa y la reconstrucción. A fin de cuentas, nunca estaba de más asegurar un trocito de Filospada.
Desde entonces algunos orcos habían ido acudiendo al Clan para unirse en busca de fama, fortuna o simplemente una vida mejor, y con ellos, el bastión había ido reconstruyéndose del mal estado en el que décadas de dominación ogra lo habían dejado. Ahora los Lightningblade por fin tenían un verdadero lugar al que llamar hogar con orgullo.

Gromil llegó jadeando y empujó las pesadas y enormes puertas de la que ahora era su casa. Era el edificio más grande de todo el asentamiento, nada que ver con la modesta casita del Cruce en la que se había criado. Su padre, Idnaar, no estaba muy de acuerdo con aquella nueva casa al considerarla excesiva, aunque sus amigos, especialmente Rosadito, habían insistido en que ahora era un líder y debía aparentarlo. Aún después de más de una década como un orco libre, a veces aún le resultaba ajena la sensación de poseer algo, no digamos ya una casa.

El joven orco buscó con la mirada alrededor de la estancia central sin encontrar a nadie más que a Silver, el tigre de su madre. Asomó a los dormitorios y tampoco encontró a nadie. Salió por la cocina en dirección al patio, donde a pocos metros se hallaban las cuadras y unos rudimentarios muñecos de entrenamiento. Allí estaba su hermana Shan´Nah, golpeando con furia al grueso tronco que hacía de torso del muñeco, con un hacha roma que hacía crujir la madera con cada impacto.

Shan´Nah era su melliza: una orca grande y musculosa, en una forma física envidiable y cuyo cuerpo, que ya comenzaba a mostrar evidentes signos de madurez, estaba salteado de algunas cicatrices. Shan´Nah  tenía planes de tatuarse, aunque eso sólo lo sabía Gromil, por temor a que Radna, su madre, pudiera tener una opinión diferente.

-¿Dónde está el tito Rosadito?- Preguntó, extrañado de que el responsable de cuidarlos en ausencia de sus padres no anduviera por allí.

-Se ha ido a la taberna. – Gruñó su hermana, mientras descargaba otro golpe al maltrecho muñeco.- A ver si se encama con alguna de las recién llegadas. – Dio otro golpe. – Para ser tan feo, rosa y enclenque tiene un éxito relativamente alto, claro que aún no se ha topado más que con mercaderes. Cuando encuentre una mujer orca de verdad, se va a liar, porque papá tendrá que ir a ver quién le ha partido la cara, entonces ella le tirará los trastos a papá, y mamá le sacará los ojos a la tipa, con la destrucción que todo eso va a llevar.

Gromil torció el gesto, dubitativo, y ladeó levemente la cabeza mientras imaginaba la escena, y se vio obligado a admitir para sus adentros que ciertamente la escena era bastante plausible. Su tío no era precisamente uno de los elfos más galantes que hubiese conocido, ni tampoco de los más educados, pero sí que era soez y descarado, además de propenso a meterse en líos con su tremenda bocaza.
-En fin, Shani, lo que te venía a contar. – Dijo el joven chamán, como si acabase de recordar por qué había corrido tanto de camino a casa. – ¡Ha venido un viajero y cuenta historias increíbles de Draenor!

-Bien por él. –La joven y belicosa orca asestó un nuevo tajo al muñeco, que comenzaba a balancearse peligrosamente.

-¡No, no lo entiendes! – Gromil parecía emocionado. – ¡Las Furias allí están en perfecto estado, más fuertes de lo que nunca estarán en este mundo! Su tierra no se marchita.

-Genial, ¿pero a mí qué más me da eso? – Un nuevo golpe hizo crujir sonoramente la madera.
-Pues…- Gromil hizo una pausa dramática y sonrió de medio lado como el gato que se va a comer al ratón. – Que el viaje para visitarlas está lleno de peligros y aventuras, oportunidades para que un guerrero demuestre su valía. Hay gronns por todas partes, y tal vez incluso podamos encontrarnos con nuestros antepasados.

Shan´Nah clavó el hacha en el suelo y se giró hacia su hermano. – Vale, te escucho.
-Es la oportunidad de que papá esté orgulloso de mí, ¡imagínate que consigo la bendición de las Furias! – Los ojos de Gromil brillaban con intensidad.- Podría convertirme en un chamán de gran poder, traería honor al Clan e impresionaría a papá.

-Bueno, podemos preguntar cuando vuelvan del Kosh’harg. – La joven se encogió de hombros. – Pero ya te sabes la respuesta.

-No, nada de preguntarles. – Gromil puso expresión seria. – Puede que para ti sea poco importante: eres la fuerte, la matademonios, su favorita, pero es mi oportunidad de ser yo el que destaque por una vez. Además, ¿no estás harta de que nos consideren niños? A nuestra edad ellos ya eran héroes de la arena.

Shan´Nah estalló en carcajadas. – Eres idiota, tú eres con mucho el mimado. Pero sí que tienes razón, estoy algo harta de no poder hacer nada porque somos niños. ¡Hemos pasado por el Om´Riggor!
-¡De eso nada, te dedica a ti todo el tiempo! – Gromil protestó, enfadado por las acusaciones.

-Porque tú le haces sentirse idiota, todo tu rollo de chamán le suena a murlock. – Refutó la muchacha sin amedrentarse.- Demonios, me suena raro a mí y soy mucho más lista que él. Pasa más tiempo conmigo porque a mí me entiende. A fin de cuentas yo hago lo que él: le atizo a las cosas.

-Me da igual. – Gromil se obcecó.- Entenderá lo que significa que las Furias me den su bendición; entenderá que lo reúna con el abuelo, y por una vez yo seré el que haga bien las cosas. Iré contigo, o iré solo.

Shan´Nah gruñó. – Vale, si esto es tan importante para ti, iré contigo, pero deberíamos ponernos en marcha lo antes posible. Si tenemos suerte, el tito Rosadito no se dará cuenta de que no estamos hasta mañana por la mañana. Si mangamos un dracoleón, ni él ni Silver podrán rastrearnos.
Gromil sonrió y entró corriendo a casa a preparar su petate; le esperaba una gran aventura.

martes, 14 de julio de 2015

El heredero Cap. 5

Nota del autor: Iba a escribir otros capítulos más para aclarar ciertos puntos pero suponía explicar las motivaciones y conclusiones de otros personajes  enredando y alargando demasiado la cosa. Así que cedo ya el turno a mi compi de aventuras para que siga la trama. Si alguien está leyendo la historia y le interesa saber algo que se le escape se agradece el comentario.

Cap. 5: Koga.

El pequeño destacamento se preparaba minuciosamente para el asalto. Aunque eran los mejores del torneo Argenta sabían que la misión que tenían por delante era peligrosa y no todos volverían.

Koga se recogió la larga melena rojiza en una coleta alta. Comenzó a vestirse con su pesada armadura mientras rezaba en la soledad de su tienda de campaña. Rezaba a la luz, a los ancestros, a los dioses antiguos y a cualquier ente celestial que quisiera escuchar su ruego.

Todos decían que era un valiente, un héroe, pero la cruda realidad era que le aterraba volver a Corona de hielo y lo que allí le esperaba. El corazón le iba a cien y le templaban las manos. No había vuelta atrás se repetía una y otra vez.

Abandonó la tienda y fue en busca de su sobrina Eray. La joven sacerdotisa deambulaba  visiblemente nerviosa, era la primera vez que iba a ejercer de sanadora en un combate.

-¿Estas lista?- Le preguntó el paladín cuando se reunieron. La cogió por los hombros y la miró directa a los ojos. - Prométeme que harás lo que te dije. Júrame por lo más sagrado que pase lo que pase lo harás.

- No te fallaré. Lo juro- a la joven sacerdotisa le falló la voz.

-o-

Los sonidos de la batalla lejana se extendían por los amplios pasillos de la ciudadela helada. El grupo de Koga se había separado del resto del destacamento con la misión de liberar a los prisioneros de las mazmorras. A pesar de sufrir importantes bajas el maltrecho grupo escoltaba a los liberados a lugar seguro.

Koga hizo una señal a Eray. Se fue quedando rezagado separándose del grupo. Se desvió por un largo pasillo. Miró varias veces hacia atrás. No había indicios de que la sacerdotisa le estuviese siguiendo. Maldijo.

Deambuló por las estancias vacías. Tarde o temprano el demonio saldría a su encuentro, sabía que él estaba allí. Lo que no esperaba es que llevase a la joven sacerdotisa como rehén.

- Suéltala. Esto es entre tú y yo.

Koga sostenía la espada en alto amenazando a su adversario. El demonio se rascó la perilla en un gesto despreocupado.

-No voy a perder el tiempo luchando contigo. La cuestión es mucho más simple paladín y lo sabes. Me sellaste en el cuerpo de tu hermano. Tu alma es la llave para liberarme de este débil cuerpo mortal y recuperar mi poder. Dame lo que quiero o mato a esta preciosa niña.- Le apretó con fuerza el cuello por donde la sujetaba- Puedo ser más persuasivo con tu mujer. Cuando acabe con ella su alma no tendrá un cuerpo al que volver, también mataré tu hermana y sus adorables gemelos.

El paladín cerró los ojos por un instante rogando a la luz sagrada que le diese fuerzas.

- Si me entrego… ¿Qué me garantiza que liberaras el alma de mi hermano y no harás daño a ninguna de ellas?

El demonio ladeó la cabeza y sonrió- Nada.

Koga bajó la espada. Miró a Eray, vio la suplica en sus ojos.

- Hagamos un trato. Júrame que jamás harás daño a mi familia, Un juramento arcano y yo haré un juramento sagrado.

- ¡Está bien paladín testarudo!- Exclamó el demonio exasperado-Primero tú.

Koga hincó una rodilla se apoyó en su espada- Juro por la luz, lo más sagrado y por mi honor que después de que pronuncies el juramento arcano podrás hacer conmigo lo que quieras.

El demonio trazó unos símbolos en el aire. La atmosfera vibró – Que las fuerzas arcanas impidan que dañe a nadie que lleve el nombre de la casa Runaplata. Excepto al paladín aquí presente.-liberó a la muchacha del hechizo de inmovilidad que cayó de rodillas al suelo jadeando.

El paladín apretó la empuñadura de su espada para que no le temblara el pulso. Una vez más suplico en silencio el perdón. Bajo la mirada y tomó aire. Con un giro rápido de muñeca apoyo el filo de su hoja en el cuello y dio un enérgico tirón.

Sintió el agudo dolor y la calidez que brotaba de su cuello, luego las voces los sollozos quedaban muy lejos. Se le nubló la vista. Le fallaron las rodillas y cayó al suelo. La oscuridad le envolvió.

 -¡¡Venga hombre!! ¡¡No fastidies!!- el demonio levantó los brazos desconcertado e irritado. Era algo impensable que un protector de lo más sagrado como era la vida rompiera su juramento y cometiera tal sacrilegio contra la suya propia. Estaba furioso, el maldito paladín se la había jugado.

Koga se encontró mirando al suelo donde yacía su cuerpo en un charco de sangre. A su lado estaba Eray, una luz blanca y pura. Lagrimas de luz se desprendían de ella. Intentaba resucitarle. No podía saber que a las almas de los suicidas no se les permitía volver.

Tras ella había una extraña nebulosa de luz con infinidad de formas y colores. Supo lo que aquel demonio era en realidad. De súbito la nube se abalanzó sobre él. No pudo tocarle, ahora era un alma desterrada. La extraña niebla vibraba y se retorcía rabiosa. No había sonidos en aquel mundo difuso. Los labios de la sacerdotisa se movían entonaban el salmo que él le había enseñado. Encerraría para siempre a aquel ente devorador de almas a lo más profundo del subconsciente de Zerth.

La nube se condensó y su forma se definió en la conocida silueta de su hermano. Los colores se arremolinaron en su interior. Este extendió la mano hacia el cuerpo inerte de Koga y una luz mortecina se desprendió cubriendo su cadáver. El cuerpo se movió, al poco rato se incorporó.

¿Para qué animar aquella cascara vacía carente de alma? Koga no se sorprendió. Ya no sentía temor, ni alegría, ni desesperación ni nada. Solo sentía que había llegado el momento de marcharse.

-o-

martes, 7 de julio de 2015

El heredero Cap.4

Cap. 4

Elección.

Dhante contaba las monedas de oro mientras pasaba por la galería ajardinada. Al otro extremo se encontraba Yuhe sentado en un banco y cabizbajo.

- El titulo de heredero parece que no te ha sentado muy bien muchacho- Dhante se sentó a su lado y encendió su pipa.

El joven paladín se echó hacia atrás y se pasó las manos por el pelo, resopló. No dejaba de darle vueltas a la cabeza.

- Esto es absurdo. No sé en qué piensa el tío. Toda la vida insistiendo en que me labrara una carrera militar y ahora quiere que lo deje para ocuparme de toda la familia. -protestó - Empiezo a cansarme de que haga lo que haga, nunca estoy a la altura.

Dhante soltó una bocanada de humo

- Entiendo. Imagino que no es fácil ser el hijo de un héroe de Rasganorte pero no creo que sea por eso Yu. No olvides que las leyendas son solo eso: leyendas. Y como dijo el poeta: “De lo que ves créete la mitad. Lo que no ves no te creas nada" No te empeñes en ser alguien quien no eres solo para contentar a los demás.-Dio una calada a la pipa - Quizás sea hora de dejar de ser "el hijo de" y empezar a ser egoísta.

- No quisiera verme obligado a dejar la orden de los caballeros de sangre - se cruzó de brazos. Miro al suelo.

- Acabas de decir que estar harto de ser la sombra de tu padre y que yo sepa, nunca fuiste muy entusiasta de actos bélicos.

- No es eso, es que....

Dhante miró a su primo, enarcó una ceja - ¿Es por una mujer? ¿Otra compañera de armas?

- Bueno, también pero no exactamente…- El joven paladín empezó a sonrojarse.

La sonrisa de Dhante se fue ensanchando hasta estallar en una carcajada- ¡Te has vuelto a enamorar!

- Bueno, en verdad no hay nada entre nosotros- Yuhe desvió la mirada - solo es la sanadora de mi grupo.

-¡Ay hermano! - Dhante suspiró divertido - Te tengo dicho que donde tengas la saca no metas la...

- ¡Ya lo sé! - Yuhe levanto la mano para interrumpirle - Ya conozco ese dicho gobling.

- Pues no quiero escuchar llantos cuando te de la patada como las otras... ¿Cuántas? ¿Tres? ¿Cuatro?

- Tres - dijo Yuhe mirando a su primo con antipatía - Gracias.

-¡En fin! Yo me vuelvo a Bahía- apagó su pipa en el banco - Te daré un consejo muchacho: Ten bien abiertos los ojos - le dio una enérgica palmada en la espalda y se levantó- Si alguna vez necesitas a tu "hermanito mayor" solo tienes que preguntar a algún comerciante gobling.

-o-

Yuhe entró sin llamar en el despacho de Zerth. Estaba decidido a desafiar de nuevo la autoridad de su tutor. Esta vez no se iba a dejar pisar.

La estancia estaba en penumbras. Zerth descansaba en un amplio sillón.

-¿podemos hablar sin que me silencies?

Zerth hizo un gesto indicándole que hablara.

- Tu decisión es un error. Ni me pertenece ni soy el más indicado.

- Mañana será oficial. No voy a cambiar mi dictamen.- La voz del patriarca sonaba cansada.

Yuhe tomó aire, se preparó para iniciar una nueva discusión.

– Sinceramente tío Zerth; si hasta hoy he cedido a todos tus designios ha sido por respeto pero eso se ha terminado. Cuando ingresé en la orden de paladines hice un juramento: “servir y proteger” y eso es lo que pienso seguir haciendo.

- No lo entiendes. Cuando yo no esté no podré protegerte.

- Pusiste una espada en mi mano siendo un crio. Te puedo asegurar que he aprendido a defenderme solo.- A Yuhe le irritaba cada vez más que siguiera tratándole como a un niño.

- No, no puedes. Tu padre te condenó. Nos condenó a los dos. Yuhe, tienes que saber la verdad…-Le costaba mucho hablar. No pudo seguir. Cada vez que intentaba contar la verdad aquel maldito demonio se lo impedía. Estaba exhausto de luchar durante tantos años contra aquel ente que invadía su ser anulando su pensamiento y sus palabras. Ya no le quedaban fuerzas y se rindió.

El brujo juntó los dedos frente a su mentón y sonriendo susurró para sí –Un obstáculo menos.-subió el tono de voz para que fuera audible- ¡Muy bien paladín! Si quieres renunciar al título de heredero tendrás que renunciar al nombre de tu casa.

¿¡Renunciar al nombre Runaplata?! Yuhe se mordió la lengua para no soltar una barbaridad. ¿A qué venía semejante estupidez?

Llamaron a la puerta. Yuhe no esperó a que su tutor diera permiso y abrió. No quería seguir conversando porque terminaría perdiendo la calma. El ama de llaves le entregó un comunicado oficial para su tío del consejo arcano y otro para él. Era un llamamiento a la tropa para su reincorporación inmediata. El muchacho se sintió alarmado. Aquello no era buena señal.




lunes, 1 de junio de 2015

El heredero Cap.3

Notas de autor: Aclarar que nunca he tenido muy claro la cronología de acontecimientos según blizzard y estaba convencida de que entre la apertura del portal oscuro (BC) y el Cataclismo habían pasado varias generaciones. El relato lo construí  según mi percepción del paso del tiempo. En base a este; entre el asalto a Corona de hielo y el asedio a Orgrimar ha pasado el suficiente tiempo para que Yuhe (Elfo de sangre de longevidad más extensa que la humana que  tampoco tengo muy claro cuánto más) Nazca y se haga adulto.


Cap. 3

Demonio.
Zerth cerró los ojos y por un instante quedó petrificado. Al abrirlos de nuevo, sus ojos habían cambiado. Eray era incapaz de mirarle directamente, era como si otro ser la observara desde el infinito. La postura señorial de su padre cambió a una más relajada. Se apoyo en la mesa y tamborileó con los dedos.

- ¿Si? Ama- el demonio sonrió divertido.

-  Se que sigues manipulando la voluntad de mi padre y que  mi vinculo contigo no es lo suficiente mente fuerte para mantenerte sometido por completo. ¿Qué tramas Razíd?

- Terminar lo que empecé.- Respondió en tono despreocupado. 

- Ya tienes un nombre*- Los temores de Eray se hacían cada vez más certeros.

 - Débil, incompleto. Aunque sólo es una ínfima parte del todo. Corregible - El demonio avanzó unos pasos con aire distraído - El paladín Koga solo consiguió retrasarme. Tenía que haberse cerciorado de que no dejaba descendencia antes de...-hizo un gesto con el pulgar alrededor de su cuello y sonrió.- Una lástima. ¿No crees?

Eray no se movió. No iba a permitir que notase la punzada de miedo que le invadía. El plan de Koga no había funcionado.

- No puedes dañar a ningún Runaplata, hiciste un juramento arcano. Ninguna criatura ligada a la magia  puede romperlo.

- He superado obstáculos mayores, me las puedo apañar - Razíd ladeó la cabeza y  su sonrisa se hizo más amplia - El universo tiene infinitos caminos paralelos. 

 Las conversaciones con Razíd siempre estaban llenas de metáforas, acertijos y respuestas esquivas. Siempre que le interrogaba sobre sus orígenes e intenciones respondía en su extraña lengua bajo el pretexto de que la verdad solo podía decirse con las verdaderas palabras. Esto sacaba de quicio a Eray pero se mantuvo firme.

-No voy a permitir que utilices a Yuhe ni a nadie.

- El joven paladín no hará nada que no quiera hacer - Se acercó más a la sacerdotisa - Mi querida niña - Estaba delante de ella. Se inclinó para susurrarle al oído - El juego sigue. Tendrás que darte prisa - Acarició el rostro de la mujer - Se te acaba el tiempo.

-Retírate y no vuelvas hasta que seas llamado- Eray se aparto de su contacto asqueada.

- Si, ama- Razíd hizo una leve reverencia y el cuerpo del brujo volvió a quedar congelado un breve instante.

Eray giró en redondo, sin mediar palabra se dirigió hacia una mesita. Cogió papel y garabateó un par de notas. Se miró las manos. La edad empezaba a cubrirlas de manchas resultado de su herencia humana. El maldito demonio tenía razón, su tiempo se  esfumaba.
Ya en el pasillo pidió a un sirviente que entregase las notas a los destinatarios.

-o-

Yrena subió a toda prisa la escalera que conducía a la segunda planta. Miró hacia atrás asegurándose que nadie la veía. Era fácil escabullirse por los pasillos de aquella enorme mansión vestigio de los días de gloria del pueblo Sindorei.

Se introdujo con sigilo por una pequeña puerta en el extremo más alejado de la planta. Eray la esperaba.

- ¡Increíble! Tu padre ha pateado los derechos patrimoniales de su hermana, mi madre, que lleva ocupándose de las bodegas toda la vida- Dijo Yrena cuando estuvo junto a Eray.

- Si, si pero baja la voz y centrémonos en lo que importa.- la chistó- ¿Conseguiste traducir las palabras del demonio?

- No. Según los expertos que he consultado no parece lengua conocida. Solo los eremitas pandaren distinguieron cierto dialecto de la era de los Sha pero nada en concreto, sin embargo...- Yrena le tendió un rollo de pergamino - Encontré un escrito que me llamó la atención. Habla de un ser aparecido durante el reinado del emperador Shaohao llamado Daijitsu, el devora ánimas o Demonio de las mil dimensiones. Se apodera de la forma física de las almas que adsorbe.

Las dos mujeres estudiaban el manuscrito con atención en la pequeña sala. Una voz se elevó tras el hombro de Eray.

-Nunca vi a una sacerdotisa que se interesase tanto por los demonios.

Eray dio tal respingo que tiró la silla en la que estaba sentada.

- Y te aseguro que conozco gente muuuy rara- Dhante sonrió.

- ¡Por todos los dioses Dhante! No vuelvas a acercarte así.

Yrena comenzó a recoger los escritos que se habían desperdigado con el susto. Dhante intentó echarles un ojo, Eray se interpuso.

- ¿Tienes lo que te encargué?

- ¿Lo dudabas?- Dhante sacó de su chaquetilla de cuero un grueso cuaderno bastante manoseado. Leyó en voz alta- "Diarios de campo. Terrallende" escrito por un tal... Zerth Runaplata. Un libro muy interesante. -Dhante enarco una ceja con curiosidad-¿Le vas a regalar al viejo su extraviado diario después de que te ha desheredado? Eso es amor de hija.

- Así es. Dame el libro - Eray extendió la mano impaciente.

- Me temo que su precio a subido- Dhante levantó el brazo poniendo el diario fuera del alcance - He tenido que seducir a una bruja enana para conseguirlo y eso es una dificultad añadida lo que encarece el precio.

- ¡Puag! ¡Hermano, eres capaz de tirarte a una naga!- Yrena hizo una mueca de repugnancia.

- Si me paga.- Dhante se encogió de hombros si darle importancia al comentario- Y hablando de pagar; me he cruzado con un par de tipos con interés en libros exóticos. Me pregunto...

-¡Está bien! ¡Está bien! - Eray comenzó a maldecir para sí- Maldito traficante. No respetas ni a tu sangre.

-o-
* Hace referencia a los viejos tiempos en que los brujos se ganaban a sus demonios en misiones, creo que ya no es así.


miércoles, 20 de mayo de 2015

El heredero. Cap. 2

Cap.2  Reunión.

A la mañana siguiente todos se reunieron en el despacho principal. Al rato entró tío Zerth, dio la bienvenida y agradeció la presencia de los familiares mientras tomaba asiento tras su mesa.

Yuhe le observaba atentamente. Los comentarios de su primo el día anterior le habían intrigado. Su tutor era un hombre bastante alto, caminaba erguido y sus pasos eran enérgicos. Nada que ver con los apolillados eruditos de su misma edad y condición. Siempre llevaba las manos enguantadas y una capucha que dejaba en sombras su rostro debido a una extraña dolencia que le hacía muy sensible a la luz. ¿Sería eso cierto? ¿Y cómo sabía Dhante que aspecto tenía su tío si siempre iba ataviado de igual modo? El paladín miró a su primo. Dhante le miraba, guiñó un ojo con picardía a Yuhe y luego continuó mordisqueando su pipa apagada fingiendo prestar  atención al discurso del cabeza de familia .

Zerth hablaba sobre la designación del nuevo heredero de la casa Runaplata. Yuhe intentaba recordar la última vez que le había visto sin guantes ni capucha. La vez más reciente en que había visto sus manos. Aquella en que su tío se había quitado un guante para abofetearle por haber desobedecido. Su mano era firme y fuerte. La bofetada dolorosa. Pero más que el dolor de su mejilla lo que más recordaba era la humillación.

-…mi hija Eray renunció a su derecho al casarse con un humano-seguía hablando Zerth

- Se llama Verem, padre. Y tampoco me diste otras opciones.

- Tampoco me opuse a tu matrimonio pero no estamos aquí para volver a discutir esa cuestión. – Levantó la mano para acallar la posible protesta de su hija.- Como ya he dicho: quiero comunicaros mi decisión sobre quien será mi sucesor y siguiente regente de nuestra casa. No nombraré a mi hermana menor Vhez por  temor a que su amor de madre delegue en los gemelos Dharem, del cual no se tiene noticias desde hace tiempo y Dhante aquí presente, cuyos negocios de dudosa legalidad en Bahía de botín me hacen cuestionar la integridad del legado familiar. - Zerth enarcó una  ceja al oír la risa de Dhante- ¿Me equivoco querido sobrino?

- Quizás te refieras a mis servicios como buscador extremadamente eficiente…-Dhante hizo una reverencia tan exagerada que el extremo de su coleta tocó el suelo-…querido “tío”

- Considero que no son los más adecuados para manejar el patrimonio de los Runaplata.- Entrelazó las manos sin prestar atención al tono sarcástico de su sobrino.

- Yrena será perfectamente capaz de llevar los asuntos de familia- Vhez estaba visiblemente molesta.

- No nombraré a Yrena- afirmó tajante - nombraré a Yuhe.

Los murmullos y las protestas subieron de tono. El patriarca se había saltado toda la linea sucesoria para nombrar al benjamín de la familia.

- ¡Pero tío!- Yuhe era el más desconcertado de todos - Me educaste para ser militar. Mi deber hacia el ejercito de la horda no me...

-¡Silencio!- Zerth hizo un gesto con la mano, no era una simple palabra. Les había silenciado a todos.-  Tu deber es para esta familia y mientras yo sea el patriarca harás lo que yo  diga. - suavizó el tono- luego podrás hacer lo que te de la gana.

El paladín apretó los dientes incapaz de  hablar. No era la primera vez que usaba ese hechizo con él, lo hacía siempre que intentaba oponerse a los designios de su tutor.

- Esa es mi decisión - Zerth se levantó dando por finalizada la reunión - Quien no esté de acuerdo es libre de abandonar mi casa.

Todos salieron en silencio excepto Eray que se quedó allí plantada.

- Ya te dejé bien claro que no permitiría que mi legado acabase en manos de la Alianza. - dijo Zerth cuando se cerró la puerta y quedaron solos.

- Sabes de sobra que mi marido renunció a ella. Tu racismo me sigue resultando incomprensible teniendo en cuenta que mi madre era humana.- Eray respiró hondo procurando apaciguar su enfado.- Pero no es de eso de lo que quiero hablar padre. -Se dirigió a ambas puertas de la sala y echó los cerrojos- De hecho, no es contigo con quien quiero hablar.

Zerth se quitó la capucha.

La vejez de los elfos no era comparable a la humana pero aun así aquel Sindorei no había envejecido lo más mínimo desde que le tomaran aquella foto a las puertas de la bodega. Eray retrocedió unos pasos, no le gustaba la proximidad del ente al que estaba apunto de invocar. Tomó aire.

- Acude a mi llamada Razíd.

-o-

viernes, 15 de mayo de 2015

El heredero. Cap 1

                             El heredero. Cap 1
La familia.

Era una tarde fría de finales de otoño. El sol bañaba de suave luz dorada la bella y solitaria ciudad de Lunargenta.
El joven paladín respiró hondo. Hacía muchísimo tiempo que Yuhe no pisaba su patria. Su hipogrifo caminaba despacio, no tenía prisa por llegar. Quería disfrutar de los recuerdos de niñez vividos en aquellas calles.
Desmontó al llegar a la mansión familiar. Alguien le esperaba sentado en la escalera de entrada: Su primo Dhante. Llevaba la larga melena roja como el fuego recogida en una cola y con su habitual desparpajo fumaba en pipa; una fea costumbre de los habitantes de bahía del botín.
Dhante le recibió con los brazos abiertos y una amplia sonrisa.

-¡Vaya, vaya! Pero si es el pequeño Yuhe.- Se dieron un fraternal abrazo.- ¡Mírate. Estás hecho todo un señor de la guerra!

Yuhe iba ataviado con una capa de piel y una armadura ligera de viaje. Se llevó la mano al cinto tras separarse del abrazo - y tú sigues siendo el mismo pícaro de siempre. - Extendió la mano - Devuélveme la espada.

Dhante chasqueó la lengua - Estoy perdiendo facultades.

-Me has hecho demasiadas faenas de niño como para fiarme de ti.

La escandalosa risa de Dhante hizo que otros miembros de la familia Runaplata salieran a recibirle. Todos habían sido convocados en la mansión a requerimiento de su tío Zerth el cabeza de familia y tutor de Yuhe.
La primera en echársele al cuello fue Eray, la mayor de todos los primos e hija de Zerth. Una segunda madre para el paladín. Se había ocupado de él tras la muerte de su madre en extrañas circunstancias.
Le abrazó tan fuerte que de no ser por la armadura que llevaba le habría sacado el aire de los pulmones. Yuhe reprimió un gesto de dolor, aún no se había recuperado de las heridas sufridas en el asedio a Orgrimar

-¡Por todos los dioses Yu!-Le cogió las manos y le contempló visiblemente emocionada-¡estás guapísimo! Eres la viva imagen de tu padre.

Yuhe sonrió incomodo sin saber que decir. Luego vino la tía Vhez, madre de Dhante, que también le recordó el parecido paterno y el orgullo que esto suponía. Dentro le esperaba la familia al completo: Otra hija de Vhez, Ynera. Los hijos de Eray, cuatro en total. El esposo de esta; un sensato humano que prefería mantenerse al margen de asuntos familiares sabedor de la escasa simpatía que despertaba en su suegro.
Solo faltaba el gemelo de Dhante. Su hermano era un entusiasta explorador, un espíritu errante; o en palabras de su propio hermano “un culo inquieto incapaz de permanecer más de una temporada en el mismo lugar”

-o-

A la hora de la cena, el patriarca de los Runaplata aún no había hecho acto de presencia. Nadie se extrañó, Zerth no solía participar en los actos familiares y también era un alivio pues era un hombre bastante autoritario y a menudo inquietante.
En el postre todos hablaban animada mente, poniéndose al día de sus vidas. El centro de atención era Yuhe y su participación en los recientes acontecimientos. Al paladín no le gustaba alardear de lo que consideraba su deber pero ante la insistencia de los presentes accedió a relatar el asedio y como le habían dejado fuera de combate.
 Como siempre la tía Vhez derivaba la conversación a las hazañas de su querido y difunto hermano, el padre de Yuhe. Hablaba con devoción del coraje demostrado al escapar de su cautiverio en Corona de Hielo y de su valentía al regresar a liberar a los demás prisioneros entre los que se encontraba su hermano mayor Zerth.
En realidad la tía Vhez y el resto de la familia sabía lo mismo que se contaba en todas partes. Una heroica historia de honor y sacrificio debidamente adornada. Yuhe estaba cansado de oír aquella historia. Cansado de las comparaciones, cansado de tener que estar siempre a la altura de aquel cuento para niños. Cansado de la vida militar que había seguido solo porque era lo que se esperaba de él.  Le dolía el costado y el agotamiento físico por la larga campaña hacía mella en su estado de ánimo. Se separó de la reunión y entro en una sala de lecturas contigua. De niño solía refugiarse allí cuando se sentía así.
La sala estaba en penumbras, solo un pequeño candil arcano flotaba encima del solitario lienzo que adornaba la pared. Yuhe la había contemplado cientos de veces. En la imagen aparecía la fachada de las prestigiosas bodegas Runaplata, el negocio familiar; y delante los tres hermanos: Zerth el mayor, sonreía. La única ocasión en la que le había visto sonreír. Ya por aquel entonces tenía el pelo blanco. A su lado la pequeña y pecosa tía Vhez. Rodeándola con el brazo el hermano mediano: Koga, un joven de expresión risueña con el pelo del color del otoño recogido en una coleta alta de mechones rebeldes y flequillo despeinado. Era cierto que se parecían muchísimo, debían tener la misma edad en aquella foto.
Un leve chasquido y un destello le sacó de sus pensamientos. Se volvió instintivamente echando mano  a la inexistente espada de su cinto.

- Tranquilo soldado. - Dhante había encendido su pipa en un rincón de la sala en sombras. Se incorporó del sillón en el que había estado cómoda mente sentado con sus desgastadas botas encima de la mesita del té.

- A mi también me resulta inquietante esa foto - se puso junto a Yuhe a contemplar el cuadro mientras fumaba.

- ¿A que te refieres?

Dhante señaló la figura de Zerth, Yuhe la miró sin comprender.

- Esa foto fué tomada mucho antes de que nosotros naciéramos. ¿No te resulta extraño que nuestro "amado" tío tenga el mismo aspecto que ahora?

Yuhe se fijó atentamente. Su primo tenía razón, ni el más mínimo signo del paso de los años diferenciaban aquella vieja foto del aspecto actual de su tutor.

- La verdad es que nunca me había fijado.

- ¿Te has criado en esta mansión y nunca te has fijado?

- El tío Zerth siempre se ha limitado a lo referente a mi educación y poco más.

Los dos hombres se quedaron en silencio mirando el lienzo.

- No sé si lo que cuentan las viejas sobre tu padre es verdad o no - Dhante exhaló el humo - Solo te puedo decir lo que yo recuerdo. Era un buen hombre que amaba a su familia. - le dio unas suaves palmadas en la espalda y alzó su pipa hacía el cuadro- Quédate con esta imagen Yuhe, porque esta es la única verdad.

-o-