martes, 10 de noviembre de 2015

El Sendero De La Furia. IV La Pérdida



Shan´Nah se alegraba de haber salido por fin de la Cresta del Fuego Glacial. Habiéndose criado a caballo entre Durotar y Filospada, el frío era una de las cosas que más le molestaba, aunque su irritación también tenía un componente práctico, pues ella luchaba mejor con armaduras ligeras, que aunque abrigasen menos, le permitiesen una mayor movilidad. Muy a su pesar y aunque fuerte, no podía igualar la prodigiosa fuerza de su padre, que le permitía portar pesadísimas armaduras como si fuesen de papel.

Pero Gorgrond era otro tema: el clima allí era cálido y húmedo, había árboles por doquier y todo tipo de bestias, que de vez en cuando se envalentonaban y proporcionaban algo de ejercicio y un sabroso almuerzo. Lo único malo de ese sitio era lo fácilmente que podías perderte por sus caminos.
-Shani, creo que nos hemos perdido. Juraría que este árbol ya lo hemos pasado tres veces.
Repentinamente, un cadáver con la cara despellejada cayó colgando cabeza abajo desde el susodicho árbol y dijo: – En realidad habéis pasado cuatro veces. 

Gromil emitió un chillido de sobresalto y cayó de culo al suelo, mientras su hermana se lanzaba a golpear con fuerza el cráneo de la cosa que había caído del árbol.

-¡Auch! ¿Pero a ti qué te pasa? – El cadáver, visto con más detenimiento probó no ser tal, sino un joven orco escuálido de su edad, con un cráneo puesto en la cabeza a modo de máscara.

-Si no quieres recibir, no vayas asustando a la gente. – El ceño de Shan´Nah permanecía fruncido. – Ahora quítate de en medio. Tenemos que llegar a Talador y atravesarlo.

-Pues vais mal. – El joven de la calavera asintió, muy seguro de sus palabras.
-Vamos bien. – Gruñó la orca. – Sólo tratas de confundirnos.-
Gromil se rascó la cabeza, ahora más tranquilo. 

-Hombre, el susto ha sido una cabronada, pero es un local. Probablemente sepa más que nosotros. – Sugirió, sin mucha esperanza de que su terca hermana accediese a escuchar al desconocido. Ella se limitó a caminar hacia adelante por el sendero.

El calor de la selva era asfixiante y la humedad les hacía sudar a chorros. El camino resultaba tremendamente familiar y al cabo de un rato volvieron a toparse con el chico del cráneo, sentado cómodamente a la sombra de un árbol comiendo una fruta.

-Os dije que ibais mal. – A pesar de que su rostro quedaba completamente cubierto por el cráneo, ambos supieron que el joven orco marrón estaba sonriendo.

-Un despiste, no volverá a ocurrir.- Bufó la guerrera, y emprendió el camino de nuevo.
-¿Todos en el sitio de donde venís son tan tercos?- Preguntó a Gromil de la que pasaba a su lado.
–No, sólo ella. – El chamán, abatido y con resignación, no tuvo más remedio que seguir a su hermana. 

–¡Os veré en un rato! - Se despidió el Riecráneos.

Pasaron las horas de arduo camino con el cansancio acumulado por haber dado aquella vuelta innecesaria al lugar donde  se habían encontrado al extraño personaje por primera vez. Gromil apenas podía dar un paso más, cuando algo más adelante en el camino oyeron una voz familiar.
 
-Habéis tardado más de lo que creía. – El joven local rió, para irritación de la chica. - ¿Queréis que os guie?

-Sí.- Respondió Gromil, harto de haber caminado tanto para nada, lanzando una mirada que dejaba bien claro que no iba a aceptar otra caminata sólo por la terquedad de su hermana. Ésta bufó.
-¡Genial! Lo pasaremos bien, y ahora que anochece, se hará más cómodo caminar. – El muchacho borró algo que había dibujado a sus pies, con una ramita, y echó a andar.- Por cierto, mi nombre es Pan´Chok.

-Yo soy Gromil, y la que va detrás de nosotros de morros es mi hermana Shan´Nah. – Se lo pensó un poco, y decidió que lo correcto era disculparse por la brusquedad de su hermana con su nuevo amigo.- Siento que haya sido tan borde. No es mala gente, pero no le gusta admitir que no tiene razón.

-Bueno, si te digo la verdad, ella tenía razón. Iba bien, y habríais llegado a Talador de no ser por un poco del viejo mongo-bongo de la jungla.- Gromil alzó una ceja levemente al atar cabos.
-Maldición, debí haberlo visto antes, eres un Riecráneos. Tu gente tiene un retorcido sentido del humor.

Pan´Chok empezó a partirse de risa mientras Shan´Nah, algo más retrasada, cargando su equipaje y el de su hermano, les echaba una mirada asesina debido al desconcierto por la risa.
–Culpable, pero se lo merecía por borde. Traté de disculparme por asustarte y todo.

El joven chamán bufó, pues aunque su hermana sí que se merecía algo así, él no, y le habían hecho caminar en balde. - Es muy protectora, no le gusta que se metan conmigo, pero no le diré nada… - Sonrió al ocurrírsele una idea brillante. – Siempre y cuando nos lleves por un camino que nos haga recuperar el tiempo perdido.

Pan´Chok rió y palmeó la espalda de Gromil. – ¡Claro, eso está hecho! Seguidme.

La caminata en la oscuridad había resultado mucho más llevadera de lo que Gromil podía esperar.El no tener que cargar con su mochila y las temperaturas cálidas, pero menores al día, ayudaban mucho. Además, Pan´Chok resultaba ser un tipo muy animado y charlatán, con todo tipo de anécdotas que le distraían. Tal era así, que poco a poco se fue olvidando de pisar con cuidado. Repentinamente, un ruido le sobresaltó: había chutado a una especie de pequeña planta, que se alejó corriendo hacia el interior de la jungla.

-Qué bicho más majo, espero no haberle hecho mucho daño. – Se lamentó el joven y sensible chamán.

-No son majos. – El tono del Riecráneos se volvió muy serio de repente.- Sacad las armas; en breve saldrán por decenas de la maleza.

Shan´Nah asintió y aferró con fuerza su hacha, esperando la arremetida de los vainetes. Gromil, algo dubitativo, enarboló la maza mientras trataba de tranquilizar su mente para poder pedir ayuda a los elementos, mientras Pan´Chok descolgaba de su cinturón los dos tomahawks que portaba. Pasaron unos tensos instantes en los que sólo hubo silencio; las adorable plantitas corredoras no habían acudido en manada como el bromista había predicho.

-Te has equivocado, Riecráneos. – Espetó enfadada la orca, sólo para ver su afirmación seguida de un terrible estruendo y un temblor de tierra que iba en aumento. La cara de Pan´Chok se volvió tan blanca como el cráneo que portaba. – ¡Corred!- Advirtió, antes de hacer lo propio.

-Los Lightningblade no huyen de unas florecillas. – La orco parecía más segura de esa frase que su hermano, al ver lo rápido que su nuevo amigo había puesto pies en polvorosa.

-Shani, tal vez deberíamos…- Gromil no tuvo tiempo de acabar la frase, porque un montón de vainetes saltaron de la espesura chillando y blandiendo sus lanzas en alto, mientras el terremoto crecía en intensidad. Dos rápidos tajos al montón que corría en estampida frenaron la primera oleada.
-¿Ves? El Riecráneos es un cobarde. – Aseguró la guerrera, satisfecha, antes de alzar la cabeza y ver como una enorme bestia se acercaba a pasos agigantados: una bestia de aspecto vegetal, monstruosa y cuadrúpeda, que recordaba a un híbrido entre centauro y planta, con el tamaño de una montaña y cola de dinosaurio. – Sabes que… creo que este es uno de esos momentos en los que papá dijo que debíamos evitar batallas innecesarias que no podíamos ganar… ¡Corre!

Ambos orcos echaron a correr sin saber muy bien hacia dónde iban, corriendo con todas sus fuerzas mientras el gargantuesco genosaurio ganaba terreno. Apenas podían con el alma por el titánico esfuerzo, pero la adrenalina obraba milagros. Sin embargo se percataron de que no era su día de suerte cuando el camino terminó abruptamente frente a ellos.

Donde antes había habido un puente colgante ahora no había nada en absoluto. Sus opciones eran saltar a un destino incierto o enfrentar una muerte casi segura. La orca dio la espalda al barranco y se preparó para afrontar el fin con sangre y honor. Lamentaba que nunca llegaría a liderar el Clan, y se arrepentía de no haber obedecido a sus padres y salvaguardado el hogar a la espera de su regreso. Su hermano jamás llegaría a alcanzar el destino que las Furias tuviesen para él. Gromil, no podía dejarle morir. Por mucho que se metiera con él, era un chamán. Eso era más importante que su ego de guerrera. Él era un elegido de los espíritus, el alma de su Clan, y no podía permitir que muriese en una selva olvidada por que ella no había querido escuchar a su guía.

La bestia apareció y se encabritó, haciendo gala de su terrible majestuosidad. Se dispuso a lanzar el primer y último ataque de esa lucha, cuando Shan´Nah  lanzó su hacha contra él, y en un rápido movimiento empujó a Gromil al vacío. Él no la habría dejado sola por propia voluntad. 

Los vainetes, envalentonados por la presencia de la bestia, se abalanzaron sobre la orca desprevenida. La joven luchó con sus puños desnudos y logró lanzar a algunos por el barranco, más por casualidad que por intención; sin embargo, eran demasiados. Los dientes de las criaturas se clavaban por todo su cuerpo, las laceraciones aparecían en cada zona de piel al descubierto y la sangre manaba en abundancia. Shan´Nah se sentía desfallecer, pero su rabia le impedía hacerlo. Un ruido seco y un fuerte golpe, como de una onda expansiva, fueron lo último que sintió.

Gromil se sintió volar por unos segundos antes de darse cuenta de lo que había sucedido. Se estiró por completo sin soltar su maza y con los pies en dirección al agua, rezando para que el río fuese lo bastante profundo. La sacudida del impacto y la falta de aire así se lo confirmaron. Luchó por salir a flote, justo a tiempo para ver caer una figura pesada no muy lejos de donde él se encontraba. Nadó en aquella dirección, tomó aire y se sumergió, tratando de encontrar lo que había caído. Era Shan´Nah, estaba inconsciente o muerta. Gromil, esperando que no fuese lo segundo, agarró el pesado cuerpo de la orca forrada en placas y lo arrastró hacia la orilla, con extrema dificultad y casi ahogándose un par de veces en el proceso.

Su hermana no respiraba, y aunque lo hiciese, las múltiples heridas de su cuerpo, doblado en ángulos antinaturales, probablemente la matarían. Él carecía del poder que se requería para sanar a alguien en ese estado. Tal vez ni el propio Drek´thar o Thrall lo tuvieran, pero él lo intentaría. En este mundo las Furias eran fuertes y parecía que de algún modo habían velado por ellos. Rezó para que así fuera y que los espíritus del agua trajesen de vuelta a su hermana, restaurada.

Se concentró y extendió las manos hacia ella, sin aparentemente lograr nada. No podía creerlo, su hermana había muerto por acompañarle en una estúpida aventura, no era justo. Era gruñona, era hosca, era insoportable, bruta y se metía con él, pero también había sido siempre una buena hermana que había cuidado de él, y en más de una ocasión se había llevado los golpes que él debería haber recibido. No era posible que también ella fuese a llevarse la muerte que el debería haber sufrido por patear aquella estúpida cosa. Dio un fuerte puñetazo sobre la coraza metálica y hecha trizas de la orca, con toda su rabia contenida. Shan´Nah, de repente comenzó a toser agua, mientras su cuerpo se restauraba lo suficiente como para permitirle moverse. 

-Mi hacha… – Fueron las primeras palabras que logró balbucear entre toses. Gromil no cabía en sí de gozo: su hermana no estaba muerta, esta vez él la había salvado. Detalle que se abstendría de mencionar, no fuese a caerle un bofetón.

-No tienes hacha. – Se apresuró a responder. – La perdiste en el combate, y casi te pierdes tú misma. Hablando de lo cual, si vuelves a intentar algo así, veremos si todo lo que papá te enseñó sobre pelear con hachas sirve de algo cuando te mate.

Shan´Nah se esforzó por sonreír.

 –Ni en este estado podrías conmigo, pero gracias. Cuando la onda expansiva me golpeó… me pareció morir. Aunque supongo que no fue así, si me has curado.

Gromil asintió; la muerte no podía curarse. Había visto gente ir y venir del borde, pero nunca a nadie que cruzase la línea y volviese, al menos no sin ser un no muerto. La gente no resucitaba más que en los cuentos y las leyendas. ¿O tal vez sí…?

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