Notas: Este capítulo no lo he escrito yo, lo ha escrito Alexjandro. En principio iban a ser un relato conjunto pero por circunstancias él no lo puede seguir así que dejo aquí su contribución.
Capítulo 6. La sanadora.
-Mamá, ¡vamos a jugar con la magia! ¡Enséñame ese hechizo de magia sagrada otra vez por favor! - decía la pequeña elfa entusiasmada.
La madre de la pequeña la miró sonriendo, cerró los ojos, extendió los brazos en cruz para un instante después juntar las manos a modo de rezo. Inmediatamente de las mismas salió un resplandor de luz que se extendió poco a poco. La niña miraba cómo su madre conjuraba el hechizo, mientras la luz dorada la rodeaba y su pelo se elevaba y movía, como si una agradable brisa soplara alrededor de ellas. Al instante la pequeña sentía una reconfortante y cálida sensación. No era sólo por aquel hechizo de magia sagrada; era también por el amor con el que su madre lo hacía. Y ese amor deja una marca, la cual no se puede ver.
La mujer, de cabello largo dorado, con una tiara plateada en la cabeza y de una belleza sin precedentes, acarició el rostro de su pequeña hija, mientras la miraba sonriendo.
-Mamá, ¿a que siempre vas a estar conmigo? ¡Y seremos amigas para siempre y siempre estaremos juntas! ¿A que sí mamá? - Agarró la mano de su madre mientras ambas se miraban y sonreían.
Las dos se encontraban en un hermoso paisaje, en el Bosque Canción Eterna, rodeadas de flores y árboles. De repente, todo ese bosque desapareció para dejar paso a la nada, un mundo todo blanco sin vida, sin nada alrededor, nada mas que la nada. La niña asustada miró y se aferró a su madre, la cual sin motivo empezó a retirarse de su hija. Esta no podía evitarlo ni comprenderlo. Era una extraña fuerza que tiraba de su madre. La pequeña sin poder hacer nada perdió las fuerzas y acabó soltando a su madre, la cual se alejaba mirándola, como levitando por el suelo sin que ella pudiera hacer nada. La niña comenzó a llorar mientras veía a su madre irse de su lado, alejándose, cada vez más lejos.
-Mamá... hasta siempre, te echaré de menos. - Entre sollozos comprendió al fin que estaba sola...
-o-
La joven elfa se despertó de golpe. Hacía mucho que no soñaba con su madre, casi desde que era pequeña. Solo había soñado con su madre un par de veces más.
-Imperialdra, ven a desayunar. - Se oyó desde afuera de la alcoba. La joven elfa, se levantó de su cama, se acercó a la ventana y contempló por un instante la bella ciudad de Lunargenta.
-Ya voy. - Respondió. Y la elfa acudió a la llamada.
-¿Qué te pasa querida? Pareces disgustada. - Le preguntó una mujer elfa de avanzada edad.
-Estoy bien tía, nada en especial. - Imperialdra tenía gesto serio y decaído.
-Te pasa algo, venga cuéntaselo a tu tía. - La joven se sentó en una silla para comer junto a su tía.
-He soñado con mi madre. - dijo con rostro alicaído. - La echo de menos.
-Ella estaría orgullosa de ti. - La cogió de la mano y la miró a los ojos. -Sé que te lo he dicho ya unas cuantas veces, pero cómo te pareces a ella. Eres la viva imagen de tu madre...
La madre de Imperialdra murió cuando ella era pequeña. Era sacerdotisa, en una orden que protegía a los más desfavorecidos de las batallas. Se dedicaba a sanar las heridas de los soldados. Era una mujer buena, noble y desinteresada. Imperialdra guarda un grato recuerdo de ella; cuando pasaban tiempo juntas, cuando le enseñaba los hechizos de sanación, jugar con la magia como lo llamaba ella de pequeña, y de su gran belleza. Imperialdra siempre quiso ser como ella. Ya desde muy joven comenzó a tener un gran manejo de los hechizos de magia sagrada que su madre le había mostrado y enseñado desde que era muy pequeña. Ahora es una gran sanadora y miembro conocida y respetada en la Orden de los Caballeros de Sangre, al servicio de la Horda, los cuales salieron victoriosos hace poco en el Asedio de Orgrimmar. Impe, como la conocen en su grupo, siempre quiso aprender a manejar este tipo de magia, la magia Sagrada, desde que su madre le mostró este camino, “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Impe recuerda estas palabras que le dijo su madre prácticamente a diario. También tiene un extraordinario manejo de las armas para el combate, se preparó y entrenó durante años para conseguir la agilidad y destreza que ahora posee. La motivación para entrenarse en el arte de combatir le viene de su padre, un elfo alto, fuerte y valeroso, que cayó en batalla al servicio de la Horda, también cuando era muy pequeña. Al quedarse huérfana, su tía, una hermana de su padre, se hizo cargo de ella.
-Hoy te has levantado tarde. - Le dijo su tía. - Supongo que aún estarás cansada de la última batalla y del viaje de regreso.
-Si, la sanación es una magia que no todo el mundo puede ni sabe manejar. Conlleva mucho gasto de energía y te acaba agotando. Sacas parte del poder que llevas dentro para dárselo a tus compañeros en forma de vida y energía. Eso es la magia sagrada. - Se acordaba de su madre al decirle estas palabras a su tía. - Hubo muchos heridos en batalla, entre ellos mis compañeros, pero son duros de pelar.
Hacía tiempo ya que Impe había vuelto a su casa de Lunargenta. Decidió ingresar en la orden de los Caballeros de Sangre, por sus padres, un valeroso guerrero y formidable espadachín y una bondadosa y noble sacerdotisa sanadora. Tenía que honrar la memoria de ambos, por todo lo que ellos le transmitieron desde que nació, lealtad y un gran sentido de la justicia, y que de alguna manera ellos estuvieran orgullosos de ella. En lo que Imperialdra se parecía a su padre era en que como él, tenía una mirada llena de sentido de la justicia. Acabaron de comer.
-Ahora que recuerdo, esta mañana creo haber visto a uno de tus compañeros de armas. Parecía un poco nervioso. Llevaba una espada y un escudo, de pelo oscuro con una coleta.
-Así es, es uno de mis compañeros. - Los labios de Impe se movieron ligeramente, esbozando una leve sonrisa. - Yuhe, uno de nuestros protectores, estamos en el mismo grupo, le he sanado unas cuantas veces. -La tía se río ligeramente. - Es un valeroso paladín, aunque de pocas palabras...
-Y guapo por lo que veo. - Dijo su tía sin pensarlo con un cierto tono de indirecta, mientras escuchaba y observaba a su sobrina.
-¿Pero qué cosas dices tía? - Al instante Impe se puso roja. - Sólo es un compañero de armas, nada más.
-Yo diría por la leve sonrisilla que se te escapó antes, que la vi, y por lo roja que te has puesto cuando he dicho que era guapo, te gusta un poco, ¿no crees?
-Yo me centro en las batallas y en sanar a mi grupo tía, no puedo desconcentrarme ni pensar en otra cosa, nuestra vidas dependen de ello, ¿sabes? - Impe quiso zanjar rápido el tema para que su tía no le preguntara más. De repente se acordó de lo que hace un momento le había dicho su tía. -Ahora que lo pienso, dijiste que le viste un tanto nervioso, ¿no? - La elfa asintió con la cabeza. - En un rato vengo.
Imperialdra se preparó y salió de la casa, pensativa. No sabía si era por una nueva amenaza de guerra, o por algo que le pasara a su compañero por la cabeza, o quien sabe si por ella… Impe para despejar la duda, se dirigió a ver a su compañero para preguntarle.
-o-
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