El viaje había sido largo pero había valido la pena. Una vez
que Pan´Chok los había sacado de aquella selva donde casi mueren, todo había
sido coser y cantar. Talador estaba terriblemente tranquilo. Tras meses de
asedio demoníaco a Shattrath, la Horda de Hierro se encontraba dispersa y había
sido obligada a replegarse a Tanaan. La región disfrutaba de una paz que no
había conocido en mucho tiempo.
Cruzarla había sido fácil, incluso agradable, a pesar de las
bromas y chistes siniestros del Riecráneos, que de vez en cuando aún
incomodaban a ambos hermanos. La tranquilidad y unos días de reposo habían
obrado milagros, y permitido que Shan´Nah recuperase la salud y pudiera viajar
a un buen ritmo de nuevo.
La guerrera lucía orgullosa los nuevos pertrechos que su
hermano y Pan´Chok le habían conseguido, e incluso había logrado que ganasen
suficiente dinero, gracias a las apuestas en combates contra algunos de los más
veteranos guerreros que Orgullo de Vol´jin podía ofrecer. Shan´Nah estaba
recuperada por completo; lejos quedaba ya el cuerpo roto y maltrecho al final
del barranco, de la joven pendenciera que ahora bebía cerveza con curtidos
veteranos y presumía de gestas que levantaban orgullosos aplausos entre los más
viejos. “Así deberían ser todos los críos de hoy”, había dicho uno, antes de
pasar a quejarse de los orcos practicando hechicería.
Gromil era feliz; no sólo su hermana estaba sana y a salvo,
sino que la historia de los muertos vivientes que Pan´Chok había narrado, había
sido también un éxito, a pesar de que le habían acusado de exagerar en la
última parte.
Un orco gargantuesco, manco, y borracho como una cuba se acercó
a Gromil y lo examinó de arriba abajo.
-No pareces tan duro…- El manco miró fijamente a los ojos al
chamán, que veía venir la pelea. – Pero les enseñaste a esas cosas a no
subestimarte. – Le dio un par de palmadas en exceso efusivas y dolorosas en el
hombro. - ¡Bien hecho, chaval, tu Clan estaría orgulloso! Una pena que los
Señor del Trueno se los cargasen.- Como si fuera repentinamente consciente del
triste hecho, agarró a Gromil con su brazo bueno y lo abrazó, bañándolo en
cerveza. Pan´Chok, ante la escena, no pudo más que partirse de risa.
A la mañana siguiente compraron unas monturas con las
ganancias que no se habían gastado bebiendo con los veteranos (que para ser
justos, habían invitado a decenas de rondas), y partieron con una resaca que
les hacía desear haber sido pasto del genosaurio.
La conversación no era muy amena; cansados y sin sentirse
muy bien, cabalgaban en silencio, aunque eso al menos le daba tiempo a Gromil
para pensar. El orco manco había dicho que los Señor del Trueno habían
destruido a su Clan en este mundo. Era algo sorprendente, ya que en el mundo de
donde venían ellos, habían sido aliados de su gente. En este nuevo mundo, la
aparición de Garrosh lo había echado todo a perder.
Maldijo a Grito infernal, padre e hijo por igual, y elucubró
cómo unos reforzados Señor del Trueno debían haberse olvidado de las alianzas
forjadas, y tratado de absorber en su seno a los demás clanes. Los
Lightningblade, si su abuelo se parecía en algo a Idnaar o a su hermana, se
habría negado a ser un vasallo de nadie. Negó con la cabeza; el pobre bastardo
no debía ni de saber lo que se le venía encima: la tecnología, la muerte sin
honor con las armas de guerra goblins, las tácticas deshonestas, el modus
operandi de la Horda de Hierro: victoria a cualquier precio. Todo aquello era
simplemente despreciable.
Maldijo su suerte, pues en alguna parte de su interior había
creído que tal vez en este mundo hallaría un Clan del que aprender, una familia
grande y fuerte, tal y como las historias contaban. Uno que cuando les
conociesen, les creyesen dignos, y en el que Idnaar podría por fin escuchar de
labios de su padre cómo se enorgullecía de todo lo que había hecho.
Respiró hondo, apesadumbrado, y miró a la lejanía: pronto
estarían en Nagrand. Tal vez no conocería a su Clan en persona, pero
seguramente la Furia de la tormenta podría darle el conocimiento necesario para
recuperar las tradiciones del mismo, y así enorgullecer a su padre y ancestros.
Tanto en su mundo, como en este.
No hay comentarios:
Publicar un comentario