lunes, 14 de diciembre de 2015

El sendero de la Furia VI. Seguir adelante



El viaje había sido largo pero había valido la pena. Una vez que Pan´Chok los había sacado de aquella selva donde casi mueren, todo había sido coser y cantar. Talador estaba terriblemente tranquilo. Tras meses de asedio demoníaco a Shattrath, la Horda de Hierro se encontraba dispersa y había sido obligada a replegarse a Tanaan. La región disfrutaba de una paz que no había conocido en mucho tiempo.

Cruzarla había sido fácil, incluso agradable, a pesar de las bromas y chistes siniestros del Riecráneos, que de vez en cuando aún incomodaban a ambos hermanos. La tranquilidad y unos días de reposo habían obrado milagros, y permitido que Shan´Nah recuperase la salud y pudiera viajar a un buen ritmo de nuevo.

La guerrera lucía orgullosa los nuevos pertrechos que su hermano y Pan´Chok le habían conseguido, e incluso había logrado que ganasen suficiente dinero, gracias a las apuestas en combates contra algunos de los más veteranos guerreros que Orgullo de Vol´jin podía ofrecer. Shan´Nah estaba recuperada por completo; lejos quedaba ya el cuerpo roto y maltrecho al final del barranco, de la joven pendenciera que ahora bebía cerveza con curtidos veteranos y presumía de gestas que levantaban orgullosos aplausos entre los más viejos. “Así deberían ser todos los críos de hoy”, había dicho uno, antes de pasar a quejarse de los orcos practicando hechicería. 

Gromil era feliz; no sólo su hermana estaba sana y a salvo, sino que la historia de los muertos vivientes que Pan´Chok había narrado, había sido también un éxito, a pesar de que le habían acusado de exagerar en la última parte.

Un orco gargantuesco, manco, y borracho como una cuba se acercó a Gromil y lo examinó de arriba abajo.

-No pareces tan duro…- El manco miró fijamente a los ojos al chamán, que veía venir la pelea. – Pero les enseñaste a esas cosas a no subestimarte. – Le dio un par de palmadas en exceso efusivas y dolorosas en el hombro. - ¡Bien hecho, chaval, tu Clan estaría orgulloso! Una pena que los Señor del Trueno se los cargasen.- Como si fuera repentinamente consciente del triste hecho, agarró a Gromil con su brazo bueno y lo abrazó, bañándolo en cerveza. Pan´Chok, ante la escena, no pudo más que partirse de risa.


A la mañana siguiente compraron unas monturas con las ganancias que no se habían gastado bebiendo con los veteranos (que para ser justos, habían invitado a decenas de rondas), y partieron con una resaca que les hacía desear haber sido pasto del genosaurio.

La conversación no era muy amena; cansados y sin sentirse muy bien, cabalgaban en silencio, aunque eso al menos le daba tiempo a Gromil para pensar. El orco manco había dicho que los Señor del Trueno habían destruido a su Clan en este mundo. Era algo sorprendente, ya que en el mundo de donde venían ellos, habían sido aliados de su gente. En este nuevo mundo, la aparición de Garrosh lo había echado todo a perder.

Maldijo a Grito infernal, padre e hijo por igual, y elucubró cómo unos reforzados Señor del Trueno debían haberse olvidado de las alianzas forjadas, y tratado de absorber en su seno a los demás clanes. Los Lightningblade, si su abuelo se parecía en algo a Idnaar o a su hermana, se habría negado a ser un vasallo de nadie. Negó con la cabeza; el pobre bastardo no debía ni de saber lo que se le venía encima: la tecnología, la muerte sin honor con las armas de guerra goblins, las tácticas deshonestas, el modus operandi de la Horda de Hierro: victoria a cualquier precio. Todo aquello era simplemente despreciable.

Maldijo su suerte, pues en alguna parte de su interior había creído que tal vez en este mundo hallaría un Clan del que aprender, una familia grande y fuerte, tal y como las historias contaban. Uno que cuando les conociesen, les creyesen dignos, y en el que Idnaar podría por fin escuchar de labios de su padre cómo se enorgullecía de todo lo que había hecho.

Respiró hondo, apesadumbrado, y miró a la lejanía: pronto estarían en Nagrand. Tal vez no conocería a su Clan en persona, pero seguramente la Furia de la tormenta podría darle el conocimiento necesario para recuperar las tradiciones del mismo, y así enorgullecer a su padre y ancestros. Tanto en su mundo, como en este.

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